La renuncia de Shinzo Abe sacude a Japón

La dimisión del primer ministro, el más longevo del país, por motivos de salud provoca la caída de la bolsa. Su sucesor hereda un panorama sombrío con una pandemia y una China más asertiva

Con el récord de mayor número de días al frente de la nación. Así es como el primer ministro japonés, Shinzo Abe, se va de la escena política nipona. Aunque en sus planes entraba finalizar su mandato en septiembre de 2021, su salud no se lo ha permitido. Ayer, el mandatario anunció su dimisión como líder del país a causa de una colitis ulcerosa, una enfermedad crónica intestinal que padece desde joven y que ya le obligó a retirarse durante su primer mandato en 2007.

Abe fue muy claro. «Mi salud no es la adecuada, y una mala salud puede conducir a tomar decisiones políticas equivocadas», afirmó tras agradecer a sus ciudadanos su confianza y pedirles disculpas por los objetivos prometidos no logrados durante su gobierno.

La noticia se veía venir. Sus apariciones públicas se habían reducido al mínimo mientras el país registraba una serie de brotes de coronavirus.

En los últimos meses su salud había empeorado, lo que le empujó a comenzar un nuevo tratamiento. Y en la última semana, su afección le obligó a pasar dos veces por el hospital, lo que disparó todo tipo de rumores sobre una inminente salida.

Precisamente, el mismo día en el que cumplió 2.799 días consecutivos en el cargo, con los que superaba el récord establecido por su tío abuelo Eisaku Sato hace medio siglo, Abe dejaba las celebraciones a un lado y en su lugar visitaba el hospital universitario de Keio en Tokio. Tres días después, el canal público NHK adelantaba la primicia y, al poco, Abe comunicaba una decisión que le impedirá estar al frente del país cuando se celebren el próximo verano los Juegos Olímpicos pospuestos por la pandemia.

Su marcha, además de arrastrar a la Bolsa del país, que ayer se desplomó un 2,1%, ha desatado las quinielas sobre quién se convertirá en el futuro líder del gobernante Partido Liberal (PLD). El cargo, que en dos o tres semanas será elegido formalmente por el Parlamento nipón, supone todo un reto en un momento en el que el país trata de lidiar con el impacto de la covid-19, una profunda recesión económica y sendas disputas con sus vecinos en China y en Corea del Sur.

Entre los candidatos a sucederle, se encuentran el jefe del gabinete y principal portavoz del Gobierno, Yoshihide Suga, de 71 años; el actual ministro de Finanzas, Taro Aso, de 79 años; o el de Defensa, Taro Kono, de 57 años. Aunque según los expertos, el ex ministro de Defensa, Shigeru Ishiba, de 63 años y quien perdió la carrera por el liderazgo ante Shinzo Abe en 2012; y el ex ministro de Exteriores también de 63 años Fumio Kishida, son los candidatos más fuertes. Sea quien sea el que coja el relevo no lo tendrá nada fácil, pues el legado de Abe es extenso.

El político conservador accedió a su segundo mandato en 2012, el cual logró revalidar en otras dos ocasiones (2014 y 2017), todo un logro en una nación acostumbrada a que sus responsables no duren demasiado en el cargo. Pero más allá de estas victorias, que muchos atribuyen a su capacidad estratégica al haber sabido aprovechar la falta de opciones en el otro bando, Abe destacó por su interés en recuperar la fortaleza de la economía nipona, dañada desde la crisis de los noventa y el desastre de Fukushima en 2011. Para ello, puso en marcha un programa conocido como «Abenomics», que incluye estímulos monetarios masivos, aumento del gasto público y reformas económicas significativas.

Sin embargo, los resultados de esta iniciativa han quedado ensombrecidos con la recesión que atraviesa ahora el país, la peor de su historia, acentuada por la guerra comercial entre China y Estados Unidos y la pandemia del nuevo coronavirus. Por eso, la mayoría de los expertos apuntan a que lo más seguro es que su sucesor no llevará a cabo un cambio inmediato en las políticas económicas estimulantes de Abe, sino que más bien tratará de reforzar su posición con un estímulo económico adicional. Otro terreno farragoso con el que lidiar será el de la polémica generada en torno al aumento del presupuesto militar y su intención de reformar la Constitución pacifista que Estados Unidos impuso en el archipiélago tras la Segunda Guerra Mundial y que impide al país contar con un Ejército al uso. Unas reformas en las que sus vecinos China y Corea del Sur, países que fueron víctimas del imperialismo japonés, tienen la mirada puesta con recelo.

«Quienquiera que obtenga el puesto de primer ministro, lo hará en un momento difícil», aseguró el analista político Atsuo Ito. Razón no le falta.

China ha intensificado recientemente sus incursiones alrededor de las disputadas islas Senkaku o Diaoyu, y Washington vira entre la desconexión y la presión para que los aliados adopten una línea dura contra Pekín.

Por eso, el sucesor de Abe tendrá que ganarse el favor del presidente norteamericano, Donald Trump, con quien Shinzo Abe logró forjar una estrecha relación a base de partidas de golf y quien si sale reelegido es probable que continúe con su impredecible forma de actuar y su política proteccionista que tanto daño ha hecho a las exportaciones japonesas, al tiempo que continúa mejorando su relación con Pekín.

No será tarea fácil. Como el propio Abe reconoció ayer, él no ha sido capaz de solucionar otros asuntos como el de los japoneses secuestrados por Corea del Norte tiempo atrás o las disputas territoriales que mantiene con Rusia. Sin embargo, se marcha tranquilo. «La política no es solo sobre cuántos días está uno en el cargo, sino sobre lo que ha conseguido. Cada día me he dedicado completamente a cumplir las promesas que había hecho a la gente», señaló el lunes pasado cuando salió del hospital. Una frase que encierra una filosofía política y avanzaba un final que estaba más cerca de lo que se creía. Líderes mundiales desde Trump a Putin pasando por Merkel lamentaron su despedida política.

El primer ministro Shinzo Abe, el primer ministro con más años en el cargo en Japón, ha anunciado este viernes su dimisión por el empeoramiento de su salud. Pone fin a una etapa frente de la tercera economía más grande del mundo durante el cual buscaba reactivar el crecimiento y reforzar la seguridad y defensa.

“No puedo ser primer ministro si no puedo tomar las mejores decisiones para la gente. He decidido dejar mi cargo”, dijo Abe, de 65 años, en una conferencia de prensa. Abe ha luchado contra la enfermedad de la colitis ulcerosa durante años y dos visitas recientes al hospital en una semana habían avivado las dudas sobre si podría permanecer en el puesto hasta el final de su mandato como líder del partido gobernante y, por lo tanto, primer ministro, en septiembre de 2021.

A medida que se difundió la noticia de la renuncia, el promedio Nikkei de referencia de Japón cayó un 2,12% a 22.717,02, mientras que el Topix más amplio arrojar 1.00% a 1,599.70. La venta eliminó 4.700 millones de dólares del valor bursátil de 5.7 billones de dólares de Tokio, que se había más que duplicado durante el mandato de Abe.

La renuncia desencadenará una carrera por el liderazgo en el gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), probablemente en dos o tres semanas se conocerá al ganador que deberá ser elegido formalmente en el Parlamento nipón.

El nuevo líder del partido ocupará el cargo durante el resto del mandato de Abe. Quien gane las primarias del partido probablemente mantendrá las políticas reflacionarias de su predecesor mientras Japón lucha con el impacto del nuevo coronavirus.

“El panorama general permanece intacto. En términos de política económica y fiscal, la atención sigue estando en gran medida en la reflación”, dijo Jesper Koll, asesor senior del administrador de activos WisdomTree Investments.

“La longevidad será una lucha”. El lunes, Abe superó el récord de mandato más largo consecutivo como primer ministro establecido por su tío abuelo Eisaku Sato hace medio siglo. “Como jefe del partido gobernante, trabajó duro en Abenomics durante ocho años”, dijo el empleado de corretaje Naohito Kojima, de 55 años. “Ha habido varios problemas, pero si hubiera habido otro líder, es difícil que se pudiera haber mantenido la estabilidad. Ha logrado varios triunfos diplomáticos y creo que los pros superaron a los contras”.

Segundo mandato

El conservador Abe regresó como primer ministro en un inusual segundo mandato en diciembre de 2012, prometiendo reactivar el crecimiento económico con su programa bautizado como “Abenomics” de política monetaria hiperfácil, gasto fiscal y reformas.

También se comprometió a reforzar la seguridad y defensa de Japón, para ello prometió revisar la constitución pacifista que rige desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Renuncia en un momento delicado por su gestión del nuevo coronavirus y los escándalos entre los miembros del partido, que han provocado una caída en su apoyo popular hasta llegar a uno de los niveles más bajos de sus casi ocho años en el cargo.

Japón no ha sufrido el aumento explosivo de casos de virus visto en otros lugares, pero Abe tardó en reaccionar y lo que los críticos lo explotaron como una falta de liderazgo.

En el segundo trimestre, Japón se vio afectado por su mayor recesión económica registrada cuando la pandemia vació los centros comerciales y aplastó la demanda de automóviles y otras exportaciones. Unas circunstancias adversas que refuerzan los argumentos a favor de una acción política más audaz para evitar una recesión más profunda.

Abe cumplió sus promesas de fortalecer las defensas, impulsar el gasto en el Ejército después de años de declives y expandir su capacidad para proyectar poder en el exterior.

En un cambio histórico en 2014, su Gobierno reinterpretó la constitución para permitir a las tropas japonesas luchar en el extranjero por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Un año después, Japón adoptó una serie de leyes que eliminaron la prohibición de ejercer el derecho a la autodefensa colectiva o defender a un país amigo bajo ataque.

Pero Abe demostró ser incapaz de revisar el pacifista artículo 9 de la Constitución de posguerra redactado por Estados Unidos, una misión personal que también eludió a su abuelo, Nobusuke Kishi, quien renunció como primer ministro en 1960 debido al alboroto por un pacto de seguridad entre Estados Unidos y Japón.

Abe renunció a su primer mandato como primer ministro en 2007, alegando problemas de salud después de un año plagado de escándalos en su gabinete y una gran derrota electoral para su partido gobernante. Desde entonces, había mantenido su enfermedad bajo control con un tratamiento que antes no estaba disponible. Hasta hoy