Los republicanos tratan de capitalizar los disturbios en Wisconsin

Promesa de «ley y orden». Identificado el policía que disparó contra Jacob Blake

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Parecía que los republicanos iban a centrar lo mejor de sus discursos en la economía. Marchaba resplandeciente, con pleno empleo, más y mejores negocios y números dorados en Wall Street. Hasta que llegó el covid-19. La llegada de la pandemia, y el derrumbe asociado de numerosos indicadores macroeconómicos, han propiciado que el discurso durante la convención derivase hacia otros territorios. También la opinión pública estadounidense. Que no deja de mirar con asombro creciente a cuanto sucede en sus calles. Horrorizada durante estos meses de neumáticos quemados, comercios vandalizados y tiroteos.

La muerte de George Floyd a manos de la policía, las acusaciones de racismo sistémico, generaron una ola de solidaridad sin parangón desde finales de los sesenta. Pero al caer la noche la ola de solidaridad acabó secuestrada por grupúsculos de alborotadores y anarquistas. Sembraron el caos. Derribaron estatuas. Humillaron a los mismos agentes a los que culpan de sostener un régimen que de creerles parece sacado del profundo Sur de las leyes Jim Crow. Como si nunca hubieran existido Martin Luther King o Lyndon Johnson.

Como si George Wallace no fuera más que un recuerdo de los años sesenta. Sólo faltaba que numerosas personalidades próximas al Partido Demócrata, empezando por actores de Hollywood, secundasen los llamamientos para boicotear a la policía. El cóctel perfecto que puso en bandeja a Trump reeditar sus viejos discursos en favor de la ley y el orden. Normal, entonces, que muchas de las parrafadas hayan pivotado sobre los disturbios. Mientras en la noche del miércoles el vicepresidente Mike Pence daba su discurso de aceptación la pequeña ciudad de Kenosha sufría su tercera noche de peleas entre manifestantes y agentes.

Muchos vecinos habían salido a la calle para denunciar que un policía había disparado y paralizado a un hombre negro que cometió el delito de entrar en su propio coche, donde aguardaban sus propios hijos. Ayer identificaron al policía autor de los disparos. Rusten Sheskey de 31 años y siete dentro en el cuerpo. Como antes en Mineapolis lo que comenzó como unas protestas pacíficas derivó en imágenes de caos. Para terminar de calentar el volcán un joven de 17 años, Kyle Rittenhouse, fue arrestado después de abrir fuego y, presuntamente, matar a dos personas.

Trump ya ha prometido que desplegará agentes federales y hasta la Guardia Nacional. Por si fuera poco los jugadores de la NBA, siguiendo el ejemplo de los Milwaukee Bucks, provocaron que los playoffs hayan sido suspendidos. «Qué se jodan», escribió Lebron James en Twitter, «Necesitamos un cambio». Pero las encuestas avisan. Cuanto más tontean los demócratas con los demagogos contra la policía más posibilidades tiene Trump de reeditar su victoria de 2016.

«No estaréis seguros con Biden de presidente», dijo Pence, «No vamos a cortar los fondos de la policía», añadió. «Ni ahora ni nunca». Kenosha, por cierto, está en Wisconsin, un Estado clave para decantar la victoria en noviembre.