Trump lleva a Kenosha su efectista discurso de «ley orden»

El presidente de EE UU visita Wisconsin, epicentro de las protestas raciales, para apoyar a la Policía en medio de la tensión por el tiroteo por la espalda a Jacob Blake, al que no visitó en el hospital, ni tampoco a su familia

A menos de dos meses para que se celebren las elecciones presidenciales y en un momento crucial para el futuro de Estados Unidos, el presidente y candidato a la reelección Donald Trump visita Kenosha, en el Estado de Wisconsin. La ciudad se ha convertido en el nuevo epicentro de las crecientes tensiones raciales que mantienen más dividido que nunca al país y que auguran estar todavía lejos de su fin. Y es que otro episodio de abuso policial contra un ciudadano afroamericano hacía aumentar la crispación la semana pasada y encendía las llamas de nuevos focos de violencia extendidos desde las principales ciudades hacia esta zona del medio este del país.

Unas imágenes grabadas en vídeo ponían de manifiesto cómo un total de tres agentes participaban en el altercado en que el finalmente uno de ellos disparaba por la espalda, hasta en siete ocasiones, a Jacob Blake, mientras éste intentaba acceder al interior de un vehículo en presencia de sus hijos.

«Me dirijo hacia Kenosha para agradecer a las fuerzas del orden y a la Guardia Nacional el buen trabajo que están realizando. La violencia se detuvo hace seis días, justo cuando la Guardia Nacional intervino. ¡Gracias!», publicó Trump en Twitter de camino a su visita en Wisconsin.

En la agenda del presidente destacaba un encuentro con «familias, trabajadores y fuerzas de la ley que están ayudando a restablecer la seguridad pública» tras el tiroteo de Kenosha y los crecientes focos de protestas extendidas por todo el Estado. Pero su visita oficial no estuvo exenta de polémica, al no hacer alusión alguna a la víctima del tiroteo policial que recibió esos siete disparos por la espalda, Jacob Blake ni tampoco visitar a sus familiares.

El posicionamiento de Trump con las autoridades en pleno debate nacional por el abuso policial y también su complicidad hacia los grupos radicales de violencia que encabezan algunos de sus mítines electorales parecen darle los votos que desde su base electoral necesita para ganar la reelección a la que aspira en noviembre. Y es que, en plena recta final de la campaña electoral, Trump sabe que tiene mucho en juego.

Las encuestas, antes de que tuvieran lugar las convenciones de respectivos partidos, posicionaban con más de ocho puntos de ventaja al candidato demócrata, Joe Biden, como favorito. Pero, tras la Convención Nacional Republicana de la semana pasada y los mensajes directos de Trump y su círculo de confianza basados en tres temas centrales (inmigración, mujeres y violencia) los sondeos volvieron a posicionar a ambos candidatos a la par. Lo que apunta a que puedan favorecer al republicano con mucha facilidad en cualquier contratiempo inesperado.

Por tanto, lo que suceda estos días en Kenosha y, como consecuencia, en otras ciudades del país, podría ser decisivo para el rumbo de los próximos cuatro años de mandato en la casa Blanca. Wisconsin es un Estado clave, conocido como «estado bisagra», que también podría marcar la diferencia en el conteo de votos, otorgando una ajustada victoria a cualquiera de los dos candidatos a la presidencia de EE UU.

Estados Unidos no sólo parece estar más dividido que nunca, sino que también las dos voces tan diferenciadas, demócrata y republicana, han reforzado sus discursos y tienen a radicalizarse. «Mucha gente está viendo lo que está pasando en estas ciudades controladas por los demócratas. Es repugnante. Ven lo que está pasando y no se creen que esté cansado en nuestro país. Y yo tampoco puedo creerlo», dijo Trump a su llegada a Wisconsin, atacando a su rival Joe Biden.

El presidente estadounidense culpa a sus adversarios de la creciente violencia alimentada por su gestión y reforzada por la mano dura que está intentado llevar a cabo como estrategia electoral.

Y, en un intento de justificar la actuación policial en Kenosha, Trump defendió que en ocasiones los funcionarios del orden «se atascan» como lo hacen «los jugadores de golf», en una desafortunada comparación que le llovió un puñado de críticas.

Defensa del supremacista de 17 años

Pero lo que quizás indignó más fue su defensa de Kyle Rittenhouse, el joven de 17 años, acusado de matar a dos manifestantes antirracistas en Kenosha. El presidente alegó que el supremacista había actuado en defensa propia. «Probablemente le hubieran matado».

Un discurso que aumentó la crispación y volvió a movilizar a activistas, organizaciones y ciudadanos anónimos, que han tomado de nuevo las calles con multitudinarias protestas, provocando focalizados disturbios entre adversarios y partidarios de Trump.

El presidente, por su parte, ordenó el despliegue de soldados de la Guardia Nacional y aseguró que no va a permitir que se produzca ningún tipo de violencia en las calles del país. Tanto sus intervenciones diarias desde la Casa Blanca, como sus visitas oficiales esta semana están marcadas por reforzar ese discurso del miedo y mostrar su apoyo a la Policía, lejos de mostrar algún tipo de acercamiento hacia las víctimas de los últimos sucesos como consecuencia de la desproporcionada acción policial.

Sin olvidar que, en medio de esta nueva ola de violencia en las calles, la pandemia de covid-19 sigue muy presente en el país más afectado del mundo.

Como si se aferrara a un clavo ardiendo, Trump impone la fuerza para demostrar que es capaz de cualquier cosa con tal de frenar un caos que, según él, otros han creado. También experto en darle la vuelta a las cosas, el presidente intenta demostrar que la mala gestión de los demócratas es la causa de que aumente la violencia en aquellos Estados en los que gobiernan. Y que el crimen y las conductas violentas de persona de raza negra justifican cualquier tipo de actuación policial, sin importar las graves consecuencias.