El atentado químico contra Navalni pone en riesgo el gasoducto Nord Stream2

Aumenta la presión contra Merkel para que suspenda el megaproyecto energético con Rusia y lo utilice como palanca para que Putin colabore

Con más de 1.200 kilómetros de longitud, el gasoducto del Báltico o Nord Stream 2 unirá Vyborg en Rusia con la localidad de Greifswald, en el norte de Alemania para transportar, y sin pasar por terceros países, hasta 55.000 millones de metros cúbicos de gas por año.

Una nueva aorta energética en Europa que desde sus inicios ha marcado las relaciones entre Berlín y el Kremlin. Ahora, y tras confirmarse que el opositor ruso Alexéi Navalni fue envenenado con un agente nervioso, Angela Merkel se enfrenta a numerosas presiones para que reconsidere este proyecto y actúe como palanca para que Moscú proporcione respuestas sobre el envenenamiento.

Terminado en el 90%

El proyecto del Nord Stream 2 está diseñado para duplicar la capacidad del gasoducto Nord Stream 1 existente para transportar gas directamente desde Rusia a Alemania. Liderado por la empresa rusa Gazprom con socios occidentales, el proyecto está terminado en más del 90% y debe comenzar a operar a principios del próximo año. Esto puede complicar los esfuerzos para detenerlo. Incluso sin Nord Stream 2, Rusia seguirá siendo la mayor fuente de gas de Europa aunque de entrar en funcionamiento, el nuevo gasoducto doblará los millones de metros cúbicos de gas ruso que llegan cada año por el Nord Stream, el primer gasoducto entre los dos países inaugurado en 2011.

El proyecto es contrario a los intereses de Estados Unidos, que busca vender su gas y directamente afecta a Polonia, quien a su vez prefiere comprar gas estadounidense.

Al imponer sanciones a las empresas involucradas, Trump intentó torpedear este proyecto con todos los medios a su alcance.

Asimismo, el gasoducto ha dividido a la Unión Europea, y algunos países advierten que socavará Ucrania, el Estado por el que tradicionalmente transita de gas, y aumentará la dependencia de Rusia del bloque para el suministro de energía.

La canciller alemana ha sido inquebrantable en su compromiso con el proyecto que incluye las empresas Uniper Wintershall DEA, Royal Dutch Shell, Engie y OMV. Hace unos días dijo que el caso de Navalny no debería estar vinculado al oleoducto y muchos diputados de su partido, partidarios de estimular la economía, todavía quieren que se termine.

Además, el ex canciller socialdemócrata (SPD) Gerhard Schroeder, amigo de Putin y cabildero de las empresas energéticas rusas, ha estado involucrado en el oleoducto y muchos en el SPD, que comparte el poder con los conservadores de Merkel, también están comprometidos con él.