Los bielorrusos redoblan su pulso contra el último dictador de Europa

Un mes después de las elecciones consideradas fraudulentas, Lukashenko se encastilla en el Palacio Presidencial pese a las manifestaciones masivas

Ha pasado un mes desde que se celebraran las elecciones presidenciales en Bielorrusia y las protestas, lejos de aplacarse, continúan poniendo en jaque al presidente, Alexander Lukashenko, que sigue viendo las manifestaciones desde su residencia oficial, fusil de asalto en mano, y con pocas ganas de iniciar un diálogo que acabe con la inestabilidad del país.

La movilización de este domingo en las principales ciudades de todo el país fue la demostración más palpable de que las fuerzas de la oposición no han bajado la intensidad, tras cuatro multitudinarias manifestaciones que han sacado a la calle a una media de cien mil personas sólo en la capital del país, Minsk.

Aparte de las medidas represivas llevadas a cabo por el Gobierno, sorprende que el presidente Lukashenko no haya propuesto ningún cambio significativo que pueda facilitar una comunicación, hasta ahora inexistente, con las fuerzas de la oposición. La semana pasada, el presidente insinuó la posibilidad de llevar a cabo una consulta popular, a modo de referéndum, para una reforma de la Constitución del país como solución a la crisis que sufre Bielorrusia.

Con ese propósito, se reunió con el presidente del Tribunal Supremo, Valentín Sukalo, y a la salida del encuentro anunció su idea a los medios de comunicación. La idea de Lukashenko sería la de renovar la Carta Magna del país, como hizo recientemente su vecina Rusia. Lo cierto es que, al igual que hizo Putin, el presidente bielorruso también expresó su idea de que las enmiendas a la ley sean redactadas por un grupo de expertos, incluido un nutrido grupo de jueces del Tribunal Constitucional, que ya trabaja en ello para después «ser expuesto ante la población para que lo discuta y exprese su opinión» a modo de votación.

Mientras, la líder de la oposición, Svetlana Tijanovskaya, sigue exiliada en Lituania y desde allí alienta a sus seguidores a que no bajen la intensidad de las protestas pidiendo que se desarrollen siempre de manera pacífica. El sábado volvió a dirigirse a sus compatriotas llamándolos a acudir en masa a una «marcha por la unidad» bajo el lema «Uno para todos y todos para uno», recordando la fuerza de la unidad.

La jornada de ayer empezó como las anteriores, con cortes de internet y fallos en la red de telefonía móvil que impidiesen una coordinación entre los manifestantes. Desde la noche anterior, se habían cortado los accesos al centro de la ciudad, y en especial, a la plaza de la Independencia, centro neurálgico de las movilizaciones.

Incidentes violentos

De poco sirvió. Decenas de miles de manifestantes volvieron a reunirse para pedir la renuncia del presidente Lukashenko, entre fuertes medidas de seguridad y pocos incidentes violentos. El día de antes, había tenido lugar la marcha de las mujeres, que viene organizándose semanalmente cada sábado y que congregó esta vez a más de 10.000 personas, con un resultado de 91 detenciones, según informó el ministerio del Interior bielorruso, que se suman a las decenas de detenidos que tuvieron lugar la semana pasada, cuando con motivo del inicio del curso escolar miles de estudiantes empezaron una huelga indefinida en todo el país.

Además de los estudiantes, los periodistas han sido otro de los colectivos que están sufriendo las arbitrarias detenciones del régimen de Lukashenko. A decenas de corresponsales extranjeros se les ha retirado la acreditación para cubrir las jornadas de protesta y se les ha invitado a abandonar el país y numerosos periodistas bielorrusos han sido detenidos por pertenecer a medios críticos con el poder.

Desde que tuvieran lugar en Bielorrusia las elecciones presidenciales el pasado nueve de agosto, la comunidad internacional ha rechazado los resultados de las mismas, siendo la Unión Europea una de las voces más críticas con esta ex república soviética, anunciando sanciones al régimen de Alexander Lukashenko.

Polonia y Lituania han jugado un papel muy activo en esta crisis y muchos han sido los opositores bielorrusos que han recibido asilo en estos dos países. Los estados bálticos anunciaron recientemente que declaraban persona «non grata» al presidente bielorruso y a su Gobierno.

Alexander Lukashenko, que dirige el país con mano de hierro desde 1994, volvió a revalidar su presidencia durante las pasadas elecciones obteniendo más de un 80 por ciento de los sufragios totales, lo que provocó la denuncia de la candidata Svetlana Tijanovskaya, esposa del candidato encarcelado Serguey Tijanovski, y de toda la oposición, que pide la repetición de los comicios y la participación de observadores internacionales.

Desde entonces, las manifestaciones no han cesado en todo el país, que han transcurrido siempre entre numerosas detenciones y un férreo control por parte de las fuerzas del orden.