China saca músculo militar en Asia para defender su expansión marítima

Pekín defiende frente a sus vecinos y EE UU unas aguas que reclama bajo su soberanía por su riqueza en gas y petróleo

Hace apenas una semana, el destructor estadounidense «USS Mustin» navegaba por las disputadas aguas de las islas Paracel (o Xisha en mandarín). Lo que en otro lugar del mapa hubiera significado un simple entrenamiento, allí en el Pacífico suponía toda una provocación para China.

Por eso y sin dudarlo, Pekín tiró del Ejército Popular de Liberación Popular (EPL) y envió «fuerzas navales y aéreas para rastrear, identificar y advertir al buque de guerra estadounidense de que se fuera» de unas aguas que el país asiático considera están bajo su soberanía.

Tras el incidente, por otro lado algo habitual en estos parajes, llegaron las diferentes versiones. China aseguró que había expulsado al buque, mientras que la Armada estadounidense publicó unas imágenes en su cuenta de la red social Twitter sin hacer mención alguna al altercado.

Sin embargo, aquel nuevo encontronazo volvía a poner de manifiesto la tensión entre ambas potencias. Mientras Washington se opone a que Pekín se adjudique dichas islas, China no permite que Estados Unidos se entrometa en sus asuntos.

«EE UU ignora las reglas del Derecho Internacional y sigue provocando en el mar de la China Meridional, donde ejerce su hegemonía en nombre de la libertad de navegación», se quejó entonces el coronel Li Huamin, portavoz del Comando del Teatro de Operaciones del Sur.

En esa disputada región, China se atribuye la soberanía del 90% de unas islas y aguas que, sin embargo, Filipinas, Vietnam, Malasia, Taiwán y Brunéi también reclaman. Y no es de extrañar teniendo en cuenta que por este estratégico mar circula más del 50% del tráfico global, alberga el 12% de los caladeros mundiales y se cree que es rica en yacimientos de petróleo y gas.

Por eso, Pekín no ve con buenos ojos que Washington se pasee con sus buques por dicha área ni le tiembla la mano a la hora de frenar esa supuesta intromisión. Tanto es así que, un día antes del incidente con el «USS Mustin», China lanzó allí mismo dos misiles «antiportaaviones» en lo que algunos medios como el «South China Morning Post» calificaron de advertencia a EE UU.

Al parecer, los americanos enviaron un avión de reconocimiento a una zona de exclusión aérea que el EPL utiliza para sus maniobras, por lo que creyeron que era una aeronave espía. Aquel gesto fue una muestra más de que la relación entre ambos países no pasa por su mejor momento y de que se enfrentan a una situación «extremadamente grave» en la que China apuesta por «medidas enérgicas» para «salvaguardar con firmeza su soberanía», afirmaron desde el Ministerio de Defensa de China.

Lo cierto es que Pekín mantiene muchos frentes abiertos en la región y en muchos de ellos siempre Washington se pone del lado de su contraparte. Por ejemplo, eso es lo que sucede con Taiwán. Curiosamente, el mismo día del incidente con los americanos, su presidenta, Tsai Ing Wen, asistió a la inauguración de una instalación de mantenimiento para los aviones de combate F-16 de la fuerza aérea de fabricación estadounidense desde donde insistió en que quería que «el mundo viera nuestra firme voluntad de proteger al país».

Sus palabras fueron una advertencia más o menos velada para una China que considera que Taiwán es parte inalienable de su territorio. Pero por otro lado, le servían a Pekín para justificar las cada vez más frecuentes maniobras de sus militares en el estrecho de Formosa.

En los últimos tiempos, Pekín ha organizado numerosos ejercicios navales en los extremos norte y sur de la isla que han causado gran alarma en las autoridades de Taipéi. Más aún en medio de la tensa relación entre China y Estados Unidos a raíz de la mejora de las relaciones entre Washington y Taipéi bajo la presidencia de Donald Trump y la sospecha de Pekín de que Estados Unidos está alentando a Tsai a declarar su independencia.

Por ello, con esos ejercicios disuasorios, China lanzaba un claro mensaje: el de que se reserva el derecho a «reunificar» Taiwán por la fuerza si se frustran los medios pacíficos. Todo un aviso a navegantes para que los ejércitos de ambos bandos estén preparados para la guerra por muy remota que esa posibilidad parezca.

Algo que el diario estatal «Global Times» también dejaba entrever con un editorial que afirmaba que «la posibilidad de una reunificación pacífica está disminuyendo drásticamente». Aunque descartaba una guerra inminente, las incursiones chinas muestran el enfoque cada vez más asertivo de Pekín en la zona independientemente de lo que dicten los tribunales internacionales.

Precisamente, el mes pasado el gigante asiático aprovechaba para presumir de su mejorada capacidad militar cuando varios de sus sus aviones de combate cruzaron la línea media en el estrecho, la frontera no oficial.

Al fin y al cabo, China está decidida a reclamar lo que considera que es suyo. En las islas del mar de China Meridional y en Taiwán con sus maniobras disuasorias; en Hong Kong, con la Ley de Seguridad Nacional que ha puesto fin a la autonomía prometida bajo el acuerdo de «un país, dos sistemas» prometido hasta 2047; y en las disputadas islas Senkaku (conocidas en China como Diaoyu), con una campaña por tomar el control de este minúsculo archipiélago administrado por Japón.