Nord Stream 2, ¿el gasoducto que acerca Rusia a Europa o que la convierte en rehén de Putin?

Tras el envenenamiento de Navalni, crecen las voces dentro de Alemania que piden cancelar este ambicioso proyecto energético, casi terminado, para traer gas ruso más barato por el Báltico

Dentro de Alemania ha aumentado en los últimos días la presión contra el Gobierno ruso a cuenta del envenenamiento del opositor Alexei Navalni, quien según un laboratorio militar germano fue intoxicado con un derivado de Novichok, un agente nervioso desarrollado en la antigua Unión Soviética. La canciller Angela Merkel ha anunciado que junto con la UE y la OTAN tomará medidas.

Pero varios diputados alemanes quieren ir más allá y han pedido al Gobierno alemán que paralice la construcción del gasoducto Nord Stream 2 con Moscú en represalia por la apatía que las autoridades rusas han mostrado ante la exigencia de responsabilidades del Ejecutivo alemán por el envenenamiento de Navalni.

El gasoducto Nord Stream 2 es una megaobra de ingeniería ruso-germana que servirá para transportar bajo las aguas del Báltico más gas ruso hacia el centro de Europa sin tener que pasar por suelo ucraniano u cualquier otro país del este. De esta manera, Berlín espera abaratar la factura energética.

Nord Stream II representa la segunda conexión de este tipo entre Moscú y Berlín, ya que la primera (Nord Stream) fue inaugurada en 2011. La obra está al 90% de su ejecución y una vez que se encuentre operativa podrá suministrar hasta 110.000 millones de metros cúbicos de gas anuales a Alemania y otros países europeos.

La paralización del gasoducto tendría consecuencias enormes porque detrás de este proyecto hay un consorcio en el que participan varias empresas europeas, que han desembolsado más de 4.000 millones de euros. Pero la principal compañía del consorcio es la gasística rusa Gazprom, que ha aportado hasta 4.500 millones de euros.

La obra en sí consta de 1.230 kilómetros de conexión bajo el agua que comunican la bahía de Narva, Leningrado, y Lubmin, en la costa alemana del Báltico. Actualmente solo quedan unos cien kilómetros para su finalización y una vez esté en marcha duplicará la capacidad de envío de gas.

Nord Stream 2 es visto con gran recelo en países como Polonia y Ucrania. Sin ir más lejos, Kiev perderá más de 1.800 millones de euros por los derechos de tránsito del gas que actualmente llega a Europa por su territorio. Otro elemento controvertido es la persona que preside el consorcio, el ex canciller alemán socialdemócrata Gerhard Schröder, gran amito de Putin, que está también presente en el consejo de la petrolera rusa Rosneft.

Hay expertos que consideran que esta obra no era necesaria y que contribuye a dar un elemento de coerción a Rusia en el tablero geopolítico. En este sentido, Timm Kehler, presidente de Zukunft Erdgas (Futuro Gas Natural), una asociación industrial, afirmó al periódico Handelsblatt que es muy posible que esta pieza pueda ser utilizada en un futuro como herramienta de presión. “El gas natural ruso representa alrededor del 40 por ciento del consumo de gas natural en la UE”, dijo al citado diario alemán. “Estas cantidades no pueden ser reemplazadas rápidamente”. En Alemania, el gas ruso representa incluso la mitad del consumo total.

Otro experto, Christoph Weber, profesor de Economía Energética en la Universidad de Duisburg-Essena, dijo a la cadena alemana DW que “Nord Stream 2 no es indispensable para la seguridad del suministro en Alemania y Europa. Hay acceso al gas natural de varias fuentes, ya sea de Noruega, EE UU o del norte de África”.

Desde Alemania, muchos ven este proyecto como una manera de mantener a Rusia en la órbita europea en lugar colocar a Moscú como un rival al que se debe aislar, por más que el Gobierno alemán haya alentado las sanciones económicas contra Rusia desde la anexión de Crimea. Desde el punto de vista energético se considera que Nord Stream II será útil para que Alemania complete su mix energético tras sus planes para deshacerse del carbón y la energía nuclear.

Estados Unidos está en contra de la obra y argumenta que pone en riesgo la seguridad de Europa, si bien el efecto inmediato para Washington será una merma del negocio del gas licuado estadounidense. En diciembre de 2019 Donald Trump firmó un ley que impone sanciones a las empresas que colaboren en su construcción.