Las milicias armadas negras que atemorizan a EE UU

Las nuevas «Black Panther» El grupo NFAC, equipado con rifles y artillería militar, lucha contra el abuso policial, los supremacistas y las estatuas

La muerte del afroamericano George Floyd en Mineápolis reabrió viejas heridas en la memoria de los estadounidenses que, como reacción a las imágenes de su estrangulamiento, decidieron salir a las calles, en masa, para protestar por el abuso policial y la injusticia racial de costa a costa del país. Unas protestas raciales multitudinarias y sin precedentes desde la muerte de Martin Luther King en 1968.

Semanas después de esos hechos, otras imágenes de sucesos similares en diversas ciudades y pequeñas poblaciones del país mantuvieron las llamas de la indignación encendidas y originaron como consecuencia una ola de protestas pacíficas que en ocasiones se convirtieron en disturbios y graves enfrentamientos entre manifestantes y cuerpos de seguridad.

Al anochecer, con la imposiciones de toques de queda vigentes, diversos grupos de encapuchados recorrían, armados, los puntos principales donde habían decidido concentrarse horas antes. Por lo general, alrededor de monumentos y estatuas representativas de un pasado estadounidense racista que todavía hoy ofende a una buena parte de la población.

Las milicias armadas tienen tanto recorrido en EE UU como la propia Constitución, avalando su uso de las armas con la Segunda Enmienda. Los grupos antigubernamentales existen desde que se recuerda y son legales siempre y cuando sean considerados defensores del gobierno y de los gobernadores, sentencia declarada por el mismo Tribunal Supremo en diversas ocasiones.

Pero diversos acontecimientos recientes han añadido más leña al fuego de la violencia armada, enfrentado a supremacistas blancos con manifestantes en su contra. El punto de inflexión se produjo a raíz del atropello mortal en 2017 en Charlottesville. Contramarchas organizadas por colectivos contra el racismo se enfrentaron con violencia a supremacistas blancos que marchaban en el pequeño municipio de Virginia.

Desde entonces, los enfrentamientos y la violencia han ido en aumento y se han potenciado recientemente con la muerte de Floyd. En Atlanta, el emblemático Parque Estatal Stone Mountain abarcó toda la atención nacional cuando un millar de miembros de la Milicia Negra pidieron la eliminación de una talla de roca confederada gigante el día de la Independencia de EE UU.

Equipados con rifles y artillería militar, cientos de hombres y mujeres de color vestidos de negro e identificados como miembros de la NFAC (Coalición Not Fucking Around, “No estamos jodiendo”, en español) marcharon por el parque pidiendo la eliminación de la escultura del fallecido presidente confederado Jefferson Davis y los generales del sur Robert E. Lee y Stonewall Jackson, por considerarlos asesinos de la Guerra de Secesión.

Y es que, con el paso del tiempo, el parque Stone Mountain se ha convertido en un lugar de reunión para grupos radicales de violencia como los supremacistas blancos o los miembros del Ku Klux Klan. Ya en 1915, el KKK se reunió en sus instalaciones para quemar cruces.

El “Gran Maestro Jay”, el fundador de NFAC es rapero y ex candidato independiente a la presidencia de EE UU en 2016. John Jay Fitzgerald Johnson, asegura que su grupo no está afiliado a la organización Black Lives Matter, sino que son una Milicia Negra.

Otro grupo de estas características, creado en 2008, es la milicia armada de Three Percenter, que apoya la idea de que un pequeño número de “patriotas” protejan a los estadounidenses de la tiranía del gobierno, al igual que los patriotas de la Revolución Americana protegieron a los primeros estadounidenses de la tiranía británica.

En algunos casos, especialmente en aquellos lugares gobernados por demócratas, los emblemas del pasado confederado de EE UU han sido retirados por el gobierno o eliminados por la fuerza.

Pero los rumores de una invasión inminente por parte de grupos violentos, encapuchados y vestidos de negro procedentes de otros estados han inundado también las calles del todo el país y amenazan con garantizar el miedo de los que creen que podrían estar organizados para poner en peligro la estabilidad política y social.

En Idaho, por ejemplo, el bulo de una posible intervención de este movimiento militar a través de un mensaje publicado en redes sociales, desmentido por la Policía, concentró hace unas semanas a un gran número de integrantes de grupos de ultraderecha. Pero los antifa nunca aparecieron, tan sólo unos cuantos manifestantes pacíficos.

Lo cierto es que los rumores han sonado con más fuerza que los altercados en sí. Lo que empieza a conocerse como “fantasías ANTIFA” son en realidad lo que expertos definen como un movimiento que difunde falsos rumores sobre la necesidad de imponer orden y fuerza al caos y la violencia originados por estos supuestos grupos radicales.

Es cada vez más habitual la participación de grupos de extrema derecha en manifestaciones contra el racismo y el abuso policial organizados por el movimiento Black Lives Matter (“Las vidas negras importan”). A menudo armados y previamente convocados por las propias autoridades locales, que ven en su presencia un apoyo contra la indignación de los manifestantes en caso de pasar de las palabras a la acción. Un ambiente cuya tensión ha superado los límites recientemente.

Tres meses consecutivos de protestas multitudinarias en Portland, en el estado de Oregón, se saldaron con la muerte de un fanático de Trump, integrante de un grupo de extrema derecha, a manos de un anarquista, integrante de un grupo de extrema izquierda, que fue posteriormente abatido por la Policía.

Días antes de ese acontecimiento, la crispación se había originado en Kenosha, tras el tiroteo de laPpolicía por la espalda al afroamericano Jacob Blake. Las imágenes de su desproporcionada detención despertaron la ira de miles de manifestantes aclamando justicia y denunciado una vez más el abuso policial. El estado de Wisconsin, clave en las próximas elecciones por considerarse un estado bisagra, se convirtió en el epicentro de la nueva ola de protestas raciales extendidas por todo el país.

Y los integrantes de NFAC aseguran que seguirán marchando como ya lo hicieron el 12 de mayo tras el asesinado de Ahmaud Arbery en Brunswick, Georgia o el 25 de julio tras la muerte de Breonna Taylor a manos de la policía en su propia casa. Desfilaron en Louisville con gran poder de convocatoria y la coalición informó en julio de que había movilizado a cerca de 3.500 militantes. En EEUU se les asocia con las Panteras Negras, organización nacida en 1966 en Oakland, California, por iniciativa de estudiantes universitarios.

Incertidumbre por el día después de las elecciones

La capital de Estados Unidos tampoco ha sido una excepción desde que dieran comienzo las protestas a finales de mayo. Los alrededores de la Casa Blanca se encuentran totalmente acordonados desde entonces, a la mayor distancia de seguridad que se recuerda y protegida por despliegues policiales de diferentes cuerpos de seguridad. Continuas protestas inundan las calles de los alrededores cualquier día de la semana y se prolongan a menudo hasta altas horas de la madrugada a juzgar por el sonido de las sirenas policiales y los helicópteros.

Los ánimos están caldeados en EE UU y el ambiente preelectoral muy exaltado, a falta de menos de ocho semanas para la histórica cita en las urnas. Independientemente del resultado de las presidenciales del próximo 3 de noviembre, cada vez es mayor el miedo y la incertidumbre ante lo que pueda suceder el día después, al contemplar con alta probabilidad cómo resurge la crispación entre los grupos radicales y sus consecuentes violentas acciones.