Trump, el presidente que no ha declarado una guerra en su primer mandato

A menos de dos meses para las elecciones, pasará a la historia como el único mandatario de EE UU en no comenzar un conflicto armado desde 1980. Esta semana ha vuelto a anunciar un repliegue en Afganistán

Cuatro años de mandato del presidente Donald Trump, a punto de concluir. Hora de hacer balance. Si por algo se ha caracterizado Trump, además de por su insaciable uso de Twitter y por sus continuos cambios de opinión, es por sus políticas proteccionistas. Trump ha llevado, en su gestión diaria, el emblema «America First» hasta el extremo, tanto dentro como especialmente fuera de las fronteras del país. Un mandatario populista e impredecible en un mundo incierto, donde el brote de pandemia y la consecuente crisis económica global están marcando la agenda política de este 2020 electoral.

Varios de sus intentos por desviar la atención del coronavirus parecen haberle funcionado, y así lo ratifican las encuestas más recientes. Su popularidad aumentó tras meses de distancia por debajo de su contrincante, Joe Biden, tras las Convenciones Nacionales de ambos partidos y la nueva ola de protestas raciales en varios estados clave para las elecciones, como Minnesota o Wisconsin.

Para rentabilizar los disturbios raciales a su favor en esta campaña, Trump ha querido imponer estratégicamente su repetido lema «Ley y orden», rescatado de un Nixon que ya lo utilizó con éxito en 1968 tras las históricas protestas por la muerte de Martin Luther King extendidas por todo el país.

Si nada cambia en esa dirección, de aquí a las próximas ocho semanas, antes de la cita nacional en las urnas para votar a favor o en contra de su reelección, Trump pasará a la historia como el único presidente de EE UU que no ha iniciado ninguna guerra desde 1980. Aunque muchos consideran que el mundo es un lugar más peligroso con el populismo de Trump, lo cierto es que es el único presidente de EE UU desde entonces que no ha empujado al país a un conflicto bélico durante sus primeros cuatro años.

El primer mandatario desde Jimmy Carter que no ha ido a la guerra con ningún país. Todos sus predecesores, republicanos y demócratas, lo han hecho al menos en una ocasión e incluso, en el caso de Bush padre e hijo, dos. Pero la sombra de una guerra sí le ha acompañado desde su primer día en la Casa Blanca. Corea del Norte, China o Irán han destacado entre sus principales enemigos y han llegado a estar, varias veces, a punto de pasar de las palabras a la acción.

Sin embargo, Trump le ha sabido dar la vuelta a los conflictos apareciendo al final como un héroe salvador.

Imágenes como la de su histórico encuentro con el líder norcoreano Kim Jong Un en la Zona Desmilitarizada, el 30 de junio de 2019, hicieron que Trump se convirtiera en el primer presidente estadounidense en poner un pie en Corea del Norte. Aunque, como dijo John Bolton en entrevista para LA RAZÓN, dos meses, en términos políticos estadounidenses, son una eternidad y la conocida como «sorpresa de octubre» todavía podría hacerse realidad antes de los comicios. Anunciar su salida de la OTAN, retirar todas las tropas estadounidenses en Afganistán, declarar el final de los programas nucleares o la paz en la península coreana podrían ser algunas de esas sorpresas de última hora para reforzar su imagen, según su ex asesor de Seguridad Nacional.

Y es que sus alianzas internacionales se han debilitado por los temores que Trump desata a través de su narrativa y sus frecuentes amenazas en Twitter. Intimidaciones que pocas veces llega a materializar, pero que confunden y generan desconfianza tanto a aliados como a adversarios, sin que ninguno de ellos pueda adelantar cuál será su estrategia.

Uno de los mayores logros de Trump en política exterior ha sido reducir la amenaza del autodenominado Estado Islámico, prácticamente derrotado en Irak y Siria. El califato fue eliminado y sus miembros restantes se dieron a la fuga gracias a su intervención, aunque no todo el mérito fue suyo, sino que concluyó lo que su predecesor Barack Obama ya había empezado.

Otras amenazas muy presentes durante su mandato han sido la posibilidad de una guerra nuclear con Irán o Corea del Norte, la de una guerra comercial con China o la intervención militar en Venezuela contra el régimen de Maduro. Todas ellas se han materializado con duras sanciones impuestas por parte de EE UU. Sus políticas proteccionistas han salpicado a las relaciones comerciales con otros países vecinos, como México y Canadá, pero también a otras regiones del mundo, como la Unión Europea. La imposición de aranceles ha sido otras de las medidas sin precedentes.

La relación con Rusia, otra de las grandes potencias, ha sido buena desde el punto de vista personal: Vladimir Putin y Trump han mostrado una cierta admiración mutua desde el principio. El estadounidense se muestra siempre dispuesto a hablar con su homólogo ruso, pero lo cierto es que la vuelta a la conocida Guerra Fría con Rusia es cada vez más real. Ambos países se enfrentan con hostilidad a los peligros geopolíticos del pasado y ambos mantienen interés en reconstruir sus arsenales nucleares.

Trump ha resultado ser un presidente pacifista pero, a la vez, extremadamente contradictorio, pasando de ser juzgado y exonerado en un «impeachment» a ser nominado al Nobel de la Paz. El diputado noruego Christian Tybring-Gjedde lo postuló esta semana al galardón por el reciente acuerdo de paz entre Israel y Emiratos Árabes Unidos. Algo parece mantener intacto Trump de cara a su reelección es el apoyo de su base electoral, que considera que ha cumplido sus promesas electorales.

Si los siete padres fundadores de EE UU levantaran la cabeza, verían en este presidente, con toda probabilidad, a uno de los suyos. Los mismos emblemáticos personajes que firmaron la Declaración de Independencia y redactaron la Constitución de EE UU, sentaron las bases de una política estadounidense que todavía hoy persiste, casi intacta, y que el presidente Donald Trump ha querido rescatar durante su Administración, haciendo su «America Great Again» (grandiosa de nuevo, en español).