Suga o la sombra alargada de Shinzo Abe en Japón

Los liberales eligieron como sucesor a la mano derecha del «premier». El nuevo mandatario es un hombre hecho a sí mismo y con orígenes muy distintos a los de su antecesor

En un país que no acostumbra a dar grandes sorpresas, Yoshihide Suga encaja a la perfección. El hasta ahora mano derecha del primer ministro Shinzo Abe logró hacerse ayer con la batuta de Partido Democrático Liberal (PLD), lo que le catapulta a ser elegido primer ministro de Japón mañana en el Parlamento. Será en esa sesióan extraordinaria –también sin sorpresas gracias a la amplia mayoría del PLD–, cuando Suga asumirá el mando de un país en el que, como ya ha advertido, seguirá implementado las políticas de su predecesor.

«Estoy orgulloso de haber podido luchar con todos vosotros durante siete años y ocho meses», dijo Abe antes de ceder la palabra a Suga al anunciarse su victoria. «Nuestra lucha continúa», agregó el todavía primer ministro de Japón, quien también afirmó que Suga «es la persona adecuada» para sucederle en el cargo.

La victoria de Suga se daba por hecho, puesto que además de ser visto como el «protegido» de Abe contaba con el apoyo declarado de las principales facciones dentro del PLD y se veía favorecido por el formato reducido en que se celebró la votación. «Necesitamos heredar y facilitar las políticas promovidas por el primer ministro Abe para que podamos superar esta crisis y para que todos y cada uno de los individuos tengan una vida segura y estable», afirmó Suga. «Reconozco que tengo esa misión», agregó tras la votación que le dio la victoria en un hotel de la capital nipona.

Concretamente, el tecnócrata sumó 377 de los 535 votos en juego, obteniendo el respaldo mayoritario de los miembros de su partido. Por detrás quedaron sus rivales, el ex ministro de Defensa, Shigeru Ishiba, y el ex ministro de Exteriores, Fumio Kishida, que obtuvieron 68 y 89 apoyos, respectivamente.

Gran conocedor de los entresijos de la política japonesa, Suga relevará en el timón a Shinzo Abe después de que este anunciara hace dos semanas su retirada de la arena política por graves problemas de salud. Si bien hasta ahora este trabajador infatigable era capaz de impulsar complicadas reformas y arrancar pactos con eficacia desde las bambalinas del poder, de ahora en adelante ocupará el hueco dejado por su predecesor.

Un nombramiento que supone el culmen de una carrera política en la que ha sido el fiel escudero de Abe, a quien ayudó a recuperar el poder en el año 2012. Con él fue ministro de Asuntos Internos y Comunicaciones en su primer Gobierno (2006-2007), y secretario jefe de su gabinete durante ocho años en sus posteriores mandatos. Por eso, se espera que este aficionado al karate continúe con una de las políticas estrella de su mentor, la política económica conocida como «Abenomics» y que combina un enorme gasto gubernamental, una política monetaria flexible y reformas estructurales de gran calado.

Todo un reto en un momento en el que Japón atraviesa una recesión económica cada vez más profunda y la mayor contracción (28,1%) desde la Segunda Guerra Mundial. Eso, sin olvidar el envejecimiento de la población y la mala situación del mercado laboral. En el pasado mes de julio, casi dos millones de personas perdieron sus puestos de trabajo.

En esa línea de continuidad, parece que respaldará la reforma de la Constitución pacifista de posguerra que hasta ahora no permite que Japón tenga un Ejército al uso y apostará por el regreso de los ciudadanos japoneses secuestrados por Corea del Norte en los años 70 y 80.

No obstante, la misma herencia política le trae desafíos inmediatos. Entre las primeras tareas a realizar cuando estrene su puesto estará la de manejar la criticada gestión de la epidemia en el país y atajar los nuevos brotes de coronavirus que ahora mismo hay activos en la isla. Le seguirán los esperados Juegos Olímpicos pospuestos para el verano de 2021 por la misma razón y para los que a su pesar deberá asumir un papel mucho más internacional, algo que según él mismo dice no tiene.

Será esa falta de experiencia diplomática la que tendrá que curtir para ganarse el favor del vencedor de las próximas elecciones de noviembre en Estados Unidos. Allí, cualquiera de las dos opciones será complicada. Si es el presidente Donald Trump quien continúa en la Casa Blanca, deberá hilar muy fino para tratar de igualar la estrecha relación que Abe mantenía con él. Si es su contrincante, el ex vicepresidente demócrata Joe Biden, Suga deberá invertir tiempo para reforzar los lazos, unir fuerzas y hacer frente a una desafiante Corea del Norte y a la cada vez más en auge China.

Alejado de las masas y con un estilo más distante, Suga fue ganando popularidad con sus dos ruedas de prensa diarias. Sin embargo, fue el año pasado en el momento que le tocó anunciar la nueva era real «Reiwa» cuando se coló en todos los hogares convirtiéndose en la cara visible del Gobierno. Desde entonces ha demostrado ser, como muchos lo definen, un trabajador discreto, leal e infatigable.

El que fuera portavoz principal del Gobierno también deberá lidiar con todos aquellos que le pidan una convocatoria de elecciones generales para que sea el pueblo –y no el partido mayoritario– quien elija al sucesor de Shinzo Abe. Una idea que, según numerosos analistas, Suga podría aprovechar para extender su mandato más allá de septiembre de 2021, cuando Abe hubiera cerrado la actual legislatura.

No obstante, será su gestión de la pandemia de coronavirus, de los Juegos Olímpicos y de la economía nipona lo que realmente demuestre si este político sin pedigrí ha venido para quedarse.

Suga, un tecnócrata de origen rural

Nacido el 6 de diciembre de 1948 en un pueblo de la costa noroccidental de Japón, los orígenes de Yoshihide Suga son humildes. Al contrario que otros políticos «de raza», su padre cultivaba fresas y su madre era maestra. Pero Suga lo tenía claro y cuando llegó el momento de continuar el negocio familiar, se marchó a Tokio.

Allí, trabajó en una empresa de cartón y en un mercado de pescado antes de matricularse en la Universidad de Hosei. Casado y con tres hijos, entró en política como secretario en la Dieta y más tarde en el Ayuntamiento de Yokohama. Pero no fue hasta 1996 cuando dio el salto a la política nacional ganando un escaño en la cámara baja del Parlamento.

Posteriormente, fue ministro de Asuntos Internos y Telecomunicaciones durante el primer mandato de Abe, y en los posteriores jefe de gabinete, un puesto que combina las funciones de portavoz, asesor y ministro de Presidencia.