Osama Ben Laden, al desnudo

Un reportaje de National Geographic desvela los secretos del ordenador del terrorista, en el que hallaron desde material pornográfico a películas como “Ice Age” y memes virales

Peter Bergen fue el primer periodista occidental en entrevistar a Osama Ben Laden para la televisión. Ocurrió en 1997, un año antes del brutal debut del terrorista de Al Qaida en los atentados contra las embajadas de EE UU en Kenia y Tanzania. Se colgó aquella medalla para la CNN y ahora cierra el círculo con un documental en National Geographic, “Los archivos secretos de Ben Laden”, en el que repasa todo el material digital incautado por los Navy Seals en 2011 en la guarida de Abbottabad (Pakistán) donde pasó sus últimos días. En total, 250 gigas de datos en los que se encuentra información más o menos relevante y alguna solo jugosa. La primera y principal es que en el disco duro encontraron abundante material pornográfico.

¿Era el yihadista un adicto a las películas eróticas? Por más que sea un titular casi irresistible, lo cierto es que hay varios datos que disuaden de tan escandaloso axioma. En el escondite vivían más de 20 personas y lo más probable es que los cinco ordenadores fueran de segunda mano. Tampoco había Internet en la casa para evitar el rastreo y todo apunta a que las imágenes subidas de tono habrían sido utilizadas en algún momento para enviar mensajes encriptados, una práctica común entre comandos yihadistas. Además, los vídeos caseros que aparecen en el citado reportaje muestran a un recatado Ben Laden tapando la imagen de la televisión con la opción de menú del mando cuando aparece una mujer contando las noticias. Otro detalle curioso es que esta práctica la repetía cuando era Barack Obama quien asomaba en la pantalla. aciones en Irak. Peter Bergen se refiere en el documental al espíritu vanidoso y narcisista del terrorista, que guardaba en la casa tinte de pelo para oscurecer la barba y tener una apariencia más joven. Parecía añorar los momentos en los que mantuvo al mundo entero en vilo tras el 11-S, una época que recordaba a través de reportajes sobre sí mismo que veía repetidamente.

Ben Laden vivió recluido hasta su muerte junto a doce hijos y nietos y dos de sus cuatro esposas. De las cartas y del su diario escrito se desprende que al menos una de sus mujeres le ayudaba a escribir sus discursos y arengas. La paranoia le acompañó también en sus últimos días. Pensaba que los dos guardaespaldas que lo custodiaban se habían vuelto contra él y que a una de sus esposas que había estado en el dentista en Irán le habían incrustado un chip de rastreo en un diente para dar con él. También se han desclasificado vídeos caseros en los que aparece junto a sus nietos viendo Barrio Sésamo en árabe o entregándoles premios en improvisados concursos de poesía con los que se entretenían los pequeños, que también aparecen haciendo prácticas de tiro.

Contra lo que se pudiera imaginar por su radical ideología, atesoraba películas occidentales como “Ice Age” y memes y vídeos virales de contenido humorístico. Nadie podía entrar ni salir de la casa, donde cultivaban sus propias verduras, tenían gallinas y quemaban la basura cada día. Asimismo, hay una gran profusión de escenas violentas de decapitaciones en Irak, alguna a manos de un menor. En esta suerte de epitafio que le dibuja el antiguo reportero de la CNN, Bergen concluye que Ben Laden fue, posiblemente, una de las escasas personas que cambió el curso de la historia. En su caso, para peor.