De la gripe española al coronavirus en 102 años

Raimundo Leonardo confesó que tenía ganas de comer queso y beber zumo de uva

Cuando en marzo comencé a escribir en la contraportada de LA RAZÓN dediqué el primer artículo a la señora Hwang. A sus 97 años lograba superar el coronavirus en Corea del Sur en un momento en el que en España solo se hablaba de muerte y se destapaban los horrores y errores en las residencias de ancianos. Aquel día, en nuestro país, fallecieron 746 personas, la inmensa mayoría superaba los 65 años. Una cifra que subió para luego descender, hasta que, por fin, en junio, las muertes llegaban a cero.

Sin embargo, casi seis meses después del duro confinamiento, la covid-19 sigue en nuestro territorio y temas de conversación. Nos ronda y afecta más de lo que nos podíamos imaginar. Eso sí, las historias de supervivientes ya no se destacan, casi ni las de los muertos por esta enfermedad. Esa es la nueva normalidad. Los óbitos a causa del virus se quedan en un número más. Y dependiendo del resto de fallecidos del día, llama más o menos la atención.

Si hay un país que está peor que España en esta cuestión, ese es Brasil. Con más de 4 millones de contagios y 132.000 decesos por coronavirus, el gigante iberoamericano ha vivido una auténtica pesadilla sanitaria. En parte, obviamente, por tener un presidente negacionista de la pandemia. Pero no gastaré tinta en Jair Bolsonaro, sino en homenajear a Raimundo Leonardo de Oliveira. Este agricultor jubilado acaba de superar la covid-19 y el Hospital César Leite de Manhuaçu, en el que estuvo ingresado desde el 17 de agosto, y su familia, lo han celebrado por todo lo alto.

Según ha contado su nieta a Globo.com, primero se contagió su esposa, Nivercina Maria de Oliveira –ella también estuvo hospitalizada– y después él se infectó y terminó en la UCI del hospital. Por suerte, no hubo necesidad de que fuera intubado. «Cuando nos enteramos de que habían dado positivo, pensamos que no volverían a casa», ha recordado Tatiana Cristina de Amorim al portal de noticias brasileño. Ya tranquila después de la enorme preocupación, la nieta asegura que el alta hospitalaria se vivió como una fiesta: médicos y enfermeros celebraron con globos y le hicieron un emocionante «paseíllo» hasta la puerta.

Lo primero que Raimundo le dijo a su nieta al salir fue que la echaba de menos. Tatiana vive con sus abuelos y se encarga de cuidarles. Asimismo, Raimundo confesó que tenía ganas de comer queso y beber zumo de uva. Lo excepcional es que es la segunda pandemia que supera. Con tan solo nueve meses, padeció la (mal llamada) gripe española.

Y es que el brasileño tiene 102 años. Lleva 75 casado con Nivercina (de 92) con la que tuvo 14 hijos. Nueve de ellos aún viven, así como sus 22 nietos, 25 bisnietos y dos tataranietos.

La conclusión, seis meses después, es la misma que aquel día: celebremos la vida y cuidemos de nuestros mayores.