La batalla por el bastión de la izquierda italiana

Una victoria en Toscana marca la diferencia en las elecciones regionales

En Cascina, un pueblo de 44.000 habitantes cercano a Pisa, nunca habían visto un alcalde que no fuera de izquierdas. Comunistas y socialistas arrasaron durante décadas, hasta que en 2016 se produjo el primer gran cisma. Pasada la época de las grandes ideologías, el candidato del centroizquierda fue víctima de la división en el Partido Democrático (PD), donde los seguidores del ex primer ministro Matteo Renzi y sus detractores se enfrentaron en una agria disputa.

Los renzianos les retiraron su apoyo a sus compañeros de partido y Susanna Ceccardi, entonces una joven de 29 años que pasaba por allí, ganó las elecciones a la alcaldía. Hoy, cuatro años después, aspira a lograr la misma hazaña en el conjunto de la región, en Toscana.

Aupada después al Parlamento Europeo, la aspirante de la derecha es una política muy ligada a Matteo Salvini. Fue él quien la eligió porque encarna todo lo que valora el líder de la Liga: es joven, rápida, tiene un discurso directo, ha sido comentarista política en televisión y maneja con soltura las redes sociales. Todo lo contrario que su rival, Eugenio Giani, de 61 años y una amplia experiencia en el PD. «No tengo carisma, pero conozco a todos y me conocen todos», reconoce. Un hombre de la vieja aescuela de los que patea el territorio, contra una aspirante a política-influencer.

Lo curioso es que el patrón de Giani vuelve a ser Matteo Renzi, ahora escindido del PD. Por eso la historia, la vieja historia cainita de la izquierda, puede volver a repetirse. El centroizquierda tampoco cuenta con el apoyo del Movimiento 5 Estrellas (M5E), con el que gobierna en Roma, mientras que la derecha se presenta unida bajo la figura de la mujer ungida por Salvini. Los sondeos pronostican un empate técnico. La derecha está ante la ocasión de dirigir por primera vez la región.

En esta tierra, en Livorno, se fundó el Partido Comunista Italiano, que tuvo un amplio dominio del territorio. La próspera y educada Toscana se convirtió en una inagotable cantera de dirigentes, como el propio Renzi, que pasó de ser alcalde de Florencia –su ciudad– a convertirse en el primer ministro más joven de la historia. Pero la parábola descendente para la izquierda toscana corre en paralelo a la de Renzi. De las diez capitales de provincia, seis ya están gobernadas por la derecha, y sólo el peso demográfico de Florencia la decantan levemente del lado progresista.

De poco importa que la pandemia no se descontrolara en esta zona o que los servicios públicos mantengan unos estándares relativamente altos. La inmigración ni siquiera es un fantasma que agite la derecha, pero seis décadas de gobiernos de izquierdas han convertido a los socialdemócratas en una especie de red clientelar. La quiebra del Monte dei Paschi de Siena, el banco más antiguo del mundo y auténtico emblema de la ciudad, fue una de las claves para que en 2018 Siena también cayera por primera vez en manos de la derecha.

El domingo y lunes se vota en siete regiones, pero las miradas estarán concentradas aquí. Los otros territorios gobernados por el centroizquierda que podrían cambiar de signo son Las Marcas y Puglia, pero ninguna tienen la importancia de la Toscana. «El Gobierno se mantendrá en pie pase lo que pase, porque no se dan las condiciones para ir a elecciones anticipadas, pero una derrota en Toscana lo dejaría debilitado y, sobre todo, se abriría una crisis de liderazgo en el PD», asevera el politólogo Roberto D’Alimonte.

Su opinión es que «la izquierda se ha confiado pensando que era una zona segura, pero en la práctica ya no es una región roja». En caso de que el centroizquierda consiga salvar los muebles, como esperan en el PD, la decepción sería para Salvini. Los otros candidatos de la coalición conservadora que aspiran a triunfar en «zona enemiga» son de Hermanos de Italia, de su socia y rival Giorgia Meloni, por lo que sería ella quien se vería reforzada.