La secreta y silenciosa toma de posesión de Lukashenko

La oposición bielorrusa ha convocado protestas indefinidas tras la polémica ceremonia de investidura

Alexander Lukashenko habría querido una toma de posesión más fastuosa y festiva, y seguramente ya la tendría planeada al detalle el día que ganó las elecciones, pero desde el nueve de agosto han pasado tantas cosas en Bielorrusia que el eterno presidente puede considerarse afortunado por el hecho de haber llegado a esa anhelada investidura que por fin se celebró ayer.

Con el más absoluto secretismo, “Lukashenko prestó juramento en lengua bielorrusa, después firmó el acta y la presidenta de la Comisión Electoral (…) le entregó el certificado de presidente de la república de Bielorrusia”, según la información publicada por la agencia estatal bielorrusa Belta, único medio que ha dado la noticia.

Y con el silencio como consigna, Minsk se cerró al tráfico durante la mañana de ayer sin previo aviso para evitar que la oposición convocara otra protesta. Ante la asistencia de los parlamentarios afines y las autoridades del país que permanecen a su lado, Lukashenko protagonizó la ceremonia en el Palacio de la Independencia de Minsk, mirando de reojo hacia las entradas y salidas al auditorio, por si los manifestantes llegaban a asaltar el lugar como en 1917 tomaron el Palacio de Invierno de San Petersburgo sus idolatrados bolcheviques.

Finalmente, no hubo sorpresas y Lukashenko pudo jurar “solemnemente servir al pueblo de la república de Bielorrusia, respetar y proteger los derechos y las libertadas de las personas y los ciudadanos”, sin crucifijo ni Biblia, pero con la Constitución del país apoyando su mano derecha. Ya con su certificado de presidente bajo el brazo y con el aplauso entregado de los allí presentes, Lukashenko afirmó que “el día de la toma de posesión como presidente es el día de nuestra victoria, convincente y crucial. No solo hemos elegido al presidente del país, sino que hemos defendido nuestros valores, nuestra vida pacífica, nuestra soberanía e independencia”, rubricando así el comienzo de su sexto mandato como presidente de esta república ex soviética, desde que llegara al poder en 1994.

Las elecciones presidenciales del pasado nueve de agosto, volvieron a darle la victoria a Lukashenko con el 80,1% de los votos, lo que provocó la denuncia de la candidata Svetlana Tijanovskaya, esposa del candidato encarcelado Serguey Tijanovski, y de toda la oposición, que desde entonces pide la repetición de los comicios y la participación de observadores internacionales. Las manifestaciones no han cesado en todo el país y han transcurrido siempre de manera pacífica entre numerosas detenciones y un férreo control por parte de las fuerzas del orden. La comunidad internacional ha rechazado los resultados de las mismas, siendo la Unión Europea una de las voces más críticas con esta ex república soviética, anunciando unas sanciones al régimen de bielorruso que todavía no se han concretado.

Mientras, Alemania informó ayer de manera oficial que no reconoce a Alexander Lukashenko como presidente de Bielorrusia y ha instado a sus socios europeos a llegar a un acuerdo que permita sancionar a ese régimen y a los responsables del fraude electoral y la posterior represión por parte del estado a los manifestantes y miembros de la oposición. Según declaraciones vertidas ayer por el portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, la investidura de Lukashenko no supone “una legitimación” de su victoria electoral.

Protestas indefinidas

Mientras, la oposición bielorrusa ha reaccionado a la toma de posesión de ayer convocando protestas indefinidas en todo el país. Pavel Latushko, uno de los líderes de la maltratada oposición y antiguo ministro de Cultura, se pronunció a través de su cuenta en Telegram publicando que “nunca aceptaremos el fraude y exigimos nuevas elecciones” llamando a sus compatriotas a “una acción de desobediencia indefinida”. Por su parte, la líder de la oposición, Svetlana Tijanovskaya, que el pasado 11 de agosto huyó a Lituania, ha afirmado desde allí que todo lo visto hoy en su país es una “farsa”.

Este lunes la líder opositora se reunió en Bruselas con el Alto Representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, y los ministros de Exteriores de los países miembros a quienes expuso la situación en Bielorrusia, denunciando la represión del régimen de Lukashenko y expresando su deseo de que este país pueda repetir los comicios presidenciales del pasado mes de agosto con garantías de transparencia y la participación de observadores internacionales independientes.