Trump sigue vivo

A pesar de que la mayoría de las encuestas siguen dando números de ventaja a favor de Biden, la reelección del presidente Donald Trump no puede ser descartada

Apenas cinco semanas nos separan de las elecciones presidenciales de EE UU. Durante estas horas resulta verdaderamente incierto el panorama. A pesar de que la mayoría de las encuestas siguen dando números de ventaja a favor del candidato demócrata, Joe Biden, lo cierto es que la reelección del presidente Donald Trump no puede ser descartada. Todavía el magnate presidente tiene opciones reales de ganar. Todavía, el primer mandatario registra buenos números en estados que son clave y que ganó en 2016.

Son siete los estados que decidirán las elecciones. Hablamos de Arizona, Michigan, Wisconsin, Florida, Ohio, Carolina del Norte y Pensilvania. Todos fueron conquistados por el republicano cuatro años atrás. Actualmente y considerando esos primeros tres estados, el candidato demócrata lleva ventajas considerables; todas con un promedio de 10 puntos por encima de Trump. Si vamos a los casos de Florida y Ohio, la contienda se encuentra muy justa, básicamente empatada. En Carolina del Norte, Trump parece sacar una leve ventaja, lo mismo Biden en Pensilvania. Según los cálculos, si Biden obtiene Arizona, Michigan y Wisconsin, mientras que Trump obtiene los otros cuatros estados (escenarios perfectamente posibles) cada uno de ellos obtendría 269 electores. En consecuencia y con la elección empatada, le toca decidir al Congreso. Siendo el poder legislativo un cuerpo de mayoría republicana, el próximo presidente seguiría siendo el actual.

Esta elección pasará a la historia por dos razones. La primera y más importante, por haber sido una campaña inmersa en la pandemia, en la zozobra, en el confinamiento y en la incertidumbre. La segunda razón tiene que ver con un nivel de debate pobre, escueto, de una altura mínima. En lo que respecta al candidato demócrata siguen siendo reiteradas las equivocaciones en público, los desaires a su propio equipo de trabajo en vivo y en directo, los errores en la pronunciación e identificación de personas. De seguir así, Trump disfrutará los debates y se regocijará ante los errores del ex vicepresidente, de eso no hay duda. Por su parte, el presidente parece decidido cada vez más a banalizar la discusión. Entra en detalles personales de su rival, se mofa de él y etiqueta a su adversario de tal manera que convierte la discusión pública en entretenimiento. Lejano se encuentra cualquier aspiración en convertirse en un estadista.

En este marco y todavía con mucho en juego, los norteamericanos tendrán que decidir entre dos candidatos ciertamente mediocres; entre dos opciones con debilidades y espacios vacíos que terminan por ser mucho más evidentes que las virtudes de cada uno. En este contexto y con una pandemia que no terminará antes del día de la elección, queda claro que un relevo en la política norteamericana y por parte de ambas fuerzas políticas, resulta una cuenta pendiente para los norteamericanos. Para que lleguemos allí, mínimo tendremos que esperar cuatro años más.