México no sabe qué hacer con los cadáveres del narco: 38.891 cuerpos no identificados pasaron por las morgues

Una investigación periodística revela que desde 2006 miles de anónimos han ingresado en los servicios médicos forenses para terminar en cámaras frigoríficas, fosas comunes o escuelas de medicina

El portal periodístico Quinto Elemento ha destapado una noticia que deja muy mal parada a las autoridades políticas y sanitarias de México. Según los periodistas Efraín Tzuc y Marcela Turati, entre 2006 y 2019, miles de cadáveres fueron introducidos ingresados en los Servicios Médicos Forenses de todo el país. Algunos están en fosas comunes, otros en escuelas de medicina y muchos otros en cámaras frigoríficas. Todos sin identificar. A finales del año pasado había al menos 38.891 cuerpos sin nombre.

En 2006, el entonces presidente de México, el priísta Felipe Calderón, decidió iniciar un combate contra las bandas dedicadas al narcotráfico. Ese año fue el inicio del drama destapado por esta investigación. Ese año fueron solo 178 los cuerpos sin identificar. “Al siguiente año se duplicaron a 433. El fenómeno se hizo cada vez más masivo: 2018 cerró con 4.408 y para 2019, el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, otros 4.905 se acumularon. La herencia de Calderón a esta trama fue de 9.349 cadáveres anónimos. La de Peña Nieto, de 17.590”, escriben los reporteros mexicanos.

“Esos casi 39.000 cuerpos forman parte del saldo de 14 años de la política de militarización estrenada desde el sexenio de Felipe Calderón, la guerra contra el narco, que desató un baño de sangre y echó gasolina a las disputas territoriales de los grupos criminales. En ese lapso, 289.000 personas han sido asesinadas y más de 70.000, desaparecidas”, dicen los autores del informe.

También se llama la atención sobre le hecho de que a diario familias de todo el país se organizan en colectivos para salir a buscar a sus parientes desaparecidos, “muchas veces con picos y palas, excavando con sus propias manos. Cada año madres de migrantes recorren México buscando pistas sobre sus hijos e hijas que nunca volvieron”. “El Estado los tiene”, añaden los periodistas, “pero no siempre tiene la voluntad de regresarlos a casa y que tengan un entierro digno”.

Sin normas nacionales homogéneas para el procesamiento, identificación y resguardo de los cuerpos, “a los Semefo (Institutos de Ciencias Forenses) llegaron miles de cuerpos que muchas veces fueron indebidamente resguardados, poniendo en riesgo su futura identificación y trazabilidad, es decir, el registro de dónde terminó cada uno”.

¿Cómo han gestionado las morgues esa avalancha de cadáveres? La investigación señala que para evitar que esos cuerpos de desconocidos se estacionen en sus planchas metálicas, y dar cabida a otros recién llegados, los gobiernos locales buscaron diferentes soluciones. Así, en el estado de Morelos el gobierno local cavó sus propias fosas clandestinas en Tetelcingo, entre 2010 y 2013, para ocultar 117 cadáveres y enterró otros 84 sin placa alguna en el panteón de Jojutla que fueron descubiertos por familias de personas desaparecidas.

En septiembre de 2018 un tráiler abandonado con cientos de cuerpos fue descubierto en Jalisco. Lo que parecía una trama de narcos fue obra de las autoridades que apilaron 322 cuerpos a bordo de dos tráileres rentados, “uno de los cuales estuvo errante y sin refrigeración por calles de Guadalajara”.

El otro destino más común para los cuerpos sin identificar son las cajas en las morgues. Así, se informa que un 14 por ciento de cuerpos sin nombre que no yacen en fosas comunes esperan a ser identificados dentro de cuartos con cajas para cadáveres esqueletizados, cámaras frigoríficas o planchas dentro de los anfiteatros. Además, las autoridades también revelaron que desde diciembre de 2006 hasta la fecha se habían encontrado 3.978 fosas clandestinas en las que se pudieron recuperar 6.625 cuerpos.

Cinco estados concentran más de la mitad de esos cuerpos: Ciudad de México, Baja California, Jalisco, Estado de México, Chihuahua y Nuevo León.