El secreto de Kane Tanaka

La persona más vieja del mundo celebra con una coca-cola y juegos de mesa sus 117 años y 261 días

El día que Kane Tanaka cumplió 117 años y 261 días lo celebró delante de las cámaras. Brindó con una coca-cola, su bebida favorita, y compartió juegos de mesa con sus compañeros de residencia, en la ciudad japonesa de Fukuoka. Porque ese día se convirtió en la mujer más longeva de Japón y una de sus bisnietas le regaló una camiseta con su foto y una felicitación. Porque ese día rió y mostró, orgullosa, su regalo. Y todo eso bien merece un brindis.

No era su primer récord: el día de su cumpleaños entró en el Libro Guinness como la persona viva más vieja del mundo y ahora ha superado en longevidad a otra mujer japonesa, Nabi Tajima, que murió en abril de 2018 con 117 años y 260 días. Y es la tercera persona que ha llegado a su edad en el mundo.

Hace un año, cuando le preguntaron por el mejor momento de su vida, no lo dudó ni un instante: “Ahora”. Quizá ese sea el secreto de su vitalidad porque su nieto asegura que esta anciana disfruta cada momento. Incluso los difíciles últimos tiempos de pandemia, que han mantenido alejados a sus familiares por los dichosos protocolos de seguridad, pero que no le han quitado las ganas de vivir y de llegar a los 120, como es su deseo.

Tanaka mantiene sus rutinas en la residencia en la que vive cuando las fuerzas se lo permiten, alimenta su pasión por las matemáticas dedicándoles un tiempo por las mañanas, y reserva las tardes a su afición por la caligrafía. Y sueña con viajar a Estados Unidos.

Nació el 2 de enero de 1903, el mismo año en que los hermanos Wright realizaron su primer vuelo a motor, el año del primer Tour de Francia, el año en el que murió el papa León XIII a los 93 años, en el que Henry Ford fundó una fábrica de automóviles, en el que Pierre y Marie Curie ganaron el Nobel de Física... Era la séptima de nueve hermanos y, ya saben, el siete siempre ha sido un número asociado a la suerte. Fue prematura, dicen que alimentada por una nodriza. Se casó en 1922 con un hombre al que no había visto antes, tuvo cuatro hijos y adoptó a un quinto. Trabajó toda su vida en el negocio familiar, dedicado a la producción de arroz, superó varios problemas de salud, entre ellos un cáncer de colón. Claro, 117 años y 261 días dan para mucho, para ver a cinco emperadores, para ver a tu marido y a tu hijo partir a la guerra y volver, para nacimientos y muertes, incluidas las de dos de sus hijas cuando eran niñas y la de su hija adoptiva a los 23 años. 117 años y 262 días dan para, en definitiva, multitud de vivencias que su hijo recogió en un libro que publicó con ocasión de su 107 cumpleaños: «En los buenos y los malos tiempos, 107 años».

Ahora y desde hace unos años, esta anciana huye de los alimentos procesados y se alimenta de arroz, de pescado y de sopa. Y bebe mucha agua, mucha. Aunque reconoce que no le dice “no” a un dulce de vez en cuando.

La mujer más vieja del mundo sigue levantándose a las seis de la mañana y no deja de sonreír. Sí, quizá ahí esté la fórmula mágica, beber mucha agua, disfrutar de todo y apreciar cada día. Y si no sirve para alcanzar la edad de Kane Tanaka, al menos nos ayudará a ser felices.