El primer ministro de Líbano tira la toalla un mes después de su designación

Mustafa Adib pide disculpas a los libanes por no encontrar el consenso entre los partidos para llevar a cabo las reformas reclamadas por Macron

Líbano ha perdido su ultima oportunidad y en caída libre se lanza al abismo. La política del “palo y zanahoria” del presidente francés, Emmanuel Macron, que visitó dos veces el país en menos de un mes tras la catástrofe del puerto de Beirut, no ha dado los frutos esperados por la comunidad internacional. Una vez más, los intereses personales y rivalidades sectarias han prevalecido al interés común, lo que ha frenado la formación de un Gobierno independiente.

Después de semanas de negociaciones infructuosas, el flamante primer ministro libanés, Mustafa Adib, con menos de un mes en el cago, presentó ayer su dimisión ante la falta de voluntad política y consenso para formar un Ejecutivo que saque al país de la peor crisis económica y política que ha vivido en décadas.

“Pido disculpas por no poder afrontar la tarea de formar el Gobierno”, dijo vehemente Adib en un discurso televisado, después de haber fracasado en su sexta consulta con el presidente Michel Aoun. “Pido disculpas al pueblo libanés”, continuó el primer ministro dimisionario antes de insistir en que: “esta iniciativa debe continuar porque expresa la intención sincera del amistoso Estado francés y personalmente del presidente Macron de apoyar a Líbano”, señaló.

El presidente Aun aceptó la renuncia de Adib y dijo que tomará “las medidas apropiadas de acuerdo con los requisitos de la Constitución”.

La explosión del puerto de Beirut a principios de agosto terminó de hundir al país, acabó con la vida de cerca de 200 personas, dejó a 300.000 personas sin un hogar y una perdida de miles de millones de dólares. La política internacional de Macron fue usar la debilidad económica para presionar a las autoridades libanesas a que se pusieran las pilas para llevar acabo reformas políticas y económicas prometidas para poder recibir las ayudas internacionales y buscaran la manera de frenar el poder de Hizbulá. Así se lo prometió hace menos de un mes el presidente libanés a su homologo galo, pero nuevamente la formación del Ejecutivo ha fracasado.

En bancarrota y destrozado por la tremenda explosión del puerto de Beirut, Líbano no podrá soportar más inestabilidad política. El principal problema que llevó al bloqueo de las negociaciones fue el reparto de la cartera de Finanzas, que históricamente ha pertenecido a Hizbulá y se intentó buscar a un candidato chií independiente.

La iniciativa hecha por el ex primer ministro Saad Hariri fue para muchos la última ventana de esperanza, pero la milicia proiraní y sus socios de Gobierno -el grupo chií Amal- bloquearon la propuesta, lo que llevó a Adib a presentar ayer su renuncia. “Le decimos a quienes aplauden hoy a favor del fracaso de la iniciativa del presidente francés que os arrepentiréis mordiéndoos los dedos”, señaló Hariri.

La comunidad internacional ha perdido la confianza en las autoridades libanesas a las que acusa de haber hundido la economía por la corrupción. Por ese motivo tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como las potencias occidentales que apoyan a Líbano han exigido cambios y reformas para poder entregar las ayudas económicas.

A pesar de que el país del cedro necesita urgentemente de estas ayudas para poder salir de la mayor crisis económica que atraviesa desde 1990, Macron y los países donantes han condicionado las ayudas a las reformas.

La dimisión de Adib llevó a cientos de libaneses a salir a las calles del país a protestar. “Adib demostró que no tiene poder y que su preocupación no es satisfacer las necesidades de la gente”, se quejó a LA RAZÓN, un manifestante que acudió a la plaza de los Mártires después del anuncio de la dimisión.

En la ciudad de Trípoli, los manifestantes cortaron el acceso a la plaza al Nour, epicentro de las revueltas en esta urbe portuaria, para protestar contra el boicot a los esfuerzos de Adib para formar Gobierno. La multitud coreó consignas contra la corrupción y la subida de la libra libanesa frente al dólar, que ayer llegar a cotizar un mínimo histórico de hasta 8.500 por un dólar en el mercado negro, mientras que el cambio oficial es 1.500 libras por un dólar. En la ciudad sureña de Sidón, los manifestantes cortaron la carretera con neumáticos en llamas y el Ejército intervino para reabrir el camino.