Ataque en París: tensión sin precedentes en Francia y un discurso de odio contra “Charlie Hebdo”

El personal de la revista satírica ha recibido todo tipo de amenazas, incluidas las que pedían “terminar el trabajo de los hermanos Kouachi”, advierte el experto en seguridad internacional Mattia Caniglia

Tras el apuñalamiento múltiple, que dejó dos heridos graves frente a la antigua sede de la revista “Charlie Hebdo”, preguntamos a Mattia Caniglia, director de World Terror Watch en el ESISC, por los motivos del ataque y la creciente amenaza yihadista en Francia. El experto en seguridad internacional, recuerda que desde el inicio del macrojuicio por el ataque en 2015 y con la republicación de las caricaturas de Mahoma, “el personal de ‘Charlie Hebdo’ ha recibido todo tipo de amenazas, incluidas las que pedían “terminar el trabajo que empezaron los hermanos Kouachi””.

El director de World Terror Watch recuerda que ha aumentado la presencia online de propaganda yihadista y la exposición a tales contenidos puede resultar en el inicio de un proceso de radicalización e inspirar las acciones de los denominados “lobos solitarios”.

Con todo, Caniglia advierte de que no se puede caer en la trampa de los grupos terroristas que quieren que “seamos más extremistas en nuestras ideas y posiciones sociopolíticas”

¿Por qué otra vez Francia y la revista satírica están en el objetivo terrorista?

Es difícil en este momento valorar por qué ha tenido lugar el ataque. Aun así, podemos adelantar que son tres las principales razones que han llevado a las autoridades a abrir una investigación por «intento de asesinato en relación con un acto terrorista» y por «asociación terrorista criminal»: en primer lugar, por la ubicación del ataque, la misma que eligieron los hermanos Kouachi en 2015 contra la sede de «Charlie Hebdo». Los terroristas tenían vínculos con Al Qaeda, que luego reivindicó el ataque en un vídeo oficial. En segundo lugar, este ataque llega en un momento delicado. De hecho, el 2 de septiembre, comenzó el juicio contra los 14 supuestos cómplices del ataque en 2015. Un factor que contribuyó a aumentar las amenazas de un acto violento contra la revista o sus empleados. En tercer lugar, de acuerdo con las primeras indicaciones, no habría ningún vínculo directo entre el atacante y las víctimas, un elemento que excluye los motivos personales y sugiere una intención terrorista. Asimismo, están las tensiones que surgieron en varios países musulmanes por la decisión de «Charlie Hebdo» de republicar la criticada caricatura del profeta Mahoma con motivo del inicio del juicio. Estos dibujos generaron una ola de protestas en varios países musulmanes. Centenares de manifestantes protestaron el 3 de septiembre, quemando la bandera francesa en ciudades de Pakistán, incluida Muzaffarabad, la capital de la Cachemira controlada por Pakistán (un área donde el fenómeno del islamismo extremista se ha exacerbado por el largo conflicto en la frontera con India). También hubo manifestaciones frente a la embajada de Francia en Bagdad el 17 de septiembre, así como en Irán el 10 de septiembre en nueve ciudades diferentes. Hubo también manifestaciones en Estambul y en Turquía, la publicación de las caricaturas fue condenada por el ministro de Exteriores, quien señaló que era una falta de respeto a su religión y a su profeta.

Estas tensiones y la ira que han podido generar en algunos musulmanes han podido «inspirar» a un individuo a perpetrar un acto violento contra la revista satírica francesa.

¿Tuvo algo que ver el llamamiento por parte de Al Qaeda?

Aun así, la inspiración también pudo venir por el llamamiento oficial de Al Qaeda a los «buenos musulmanes» a atacar a «Charlie Hebdo». El 10 de septiembre difundieron un comunicado a través de su agencia de noticias Thabat (en inglés, árabe y francés). Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) llamó a atacar a los empleados de «Charlie Hebdo» y a aquellos europeos que cometieran blasfemia contra el islam. En el comunicado, Al Qaeda claramente establecía que los ataques en enero de 2015 «no fueron un incidente aislado». El comunicado se publicó para conmemorar los ataques del 11-S, llevado a cabo por el grupo terrorista.

En el texto, AQAP también dijo que tenía el “mismo mensaje” para el presidente francés Emmanuel Macron que para su predecesor Francois Hollande, entonces presidente durante los ataques de 2015. Según el comunicado, Macron sería culpable de “dar luz verde” a la republicación de las caricaturas. La declaración también recuerda a Francia el número de muertes infligidas por el terrorismo desde el 7 de enero de 2015, mencionando entre otros al terrorista Coulibaly, y pide a los acusados en el juicio de “Charlie Hebdo” que tengan paciencia.

Desde AQAP se puso a los dibujantes europeos como objetivo, y este es un elemento importante a tener en cuenta. Con todo, este llamamiento no es el primero desde el 7 de enero de 2015, y establecer un vínculo directo entre la declaración y el ataque es en esta etapa, prematuro.

Por ejemplo, se hizo un llamamiento similar después de la portada de “Charlie Hebdo” tras el ataque. Por el momento, ni Al Qaeda ni el Estado Islámico han emitido una declaración oficial en la que se atribuya la responsabilidad del ataque. Pero los medios de comunicación vinculados a Al Qaeda, como Thabat, están haciendo circular la noticia del ataque en lo que parece ser un intento de, al menos, capitalizar el incidente.

La semana pasada, la jefa de Recursos humanos de la revista, Marika Bret, tuvo que abandonar su hogar por las amenazas precisas y detalladas. Las autoridades sólo confirmaron que las amenazas eran islamistas. ¿Está la libertad de expresión bajo amenaza en Francia?

La directora de recursos humanos de “Charlie Hebdo” tuvo que abandonar su casa debido a amenazas consideradas serias por las autoridades, en medio del juicio en curso por los ataques de enero de 2015. La decisión de reforzar las medidas de protección ya vigentes (activas desde hace 5 años para todo el personal) provino muy probablemente de la combinación de la amenaza hecha en la declaración mencionada anteriormente, pero también en relación con lo que las autoridades han definido como “amenazas precisas y detalladas” recibidas por la jefa de recursos humanos.

La medida adoptada refleja claramente el nivel de tensión sin precedentes al que nos enfrentamos actualmente en Francia y un mayor nivel de odio contra “Charlie Hebdo”.

Desde el inicio del juicio y con la reedición de las caricaturas, el personal de “Charlie Hebdo” ha recibido todo tipo de amenazas, incluidas las que pedían “terminar el trabajo que empezaron los hermanos Kouachi”.

“Charlie Hebdo” se publica ahora en condiciones de máximo secreto; su nueva sede se encuentra en un lugar no revelado y todo su personal está escoltado. Es evidente que este ataque se produce en un contexto muy delicado donde las discusiones sobre la libertad de expresión se basan en otras cuestiones culturales que actualmente agitan a Francia y contribuyen a exacerbar las tensiones sociales, polarizar el discurso político y, en conclusión, crear inestabilidad política.

Estos, sin embargo, son todos objetivos de una organización terrorista como Al Qaeda que apunta a polarizar sociedades, especialmente en Europa, también reforzando una narrativa de “nosotros” contra “ellos”. Entonces, probablemente el riesgo aquí no sea poner en peligro la libertad de expresión, sino caer en una trampa hecha por las mismas organizaciones terroristas de las que estamos tratando de defender nuestras sociedades y valores. Una trampa que quiere que seamos más extremistas en nuestras ideas y posiciones sociopolíticas.

Lo que vemos es que existe una interdependencia entre el extremismo islamista y la extrema derecha que aumenta la polarización. Los ataques de extrema derecha potencian la narrativa del terrorismo islámico y viceversa, en un círculo vicioso que inflama los conflictos sociales. Pero este fenómeno no solo está presente en un entorno ya extremista, sino que ahora está plagando nuestras sociedades. De hecho, es un fenómeno que no solo es visible en todo el mundo, sino especialmente en las sociedades occidentales, donde las diferencias en religión, etnia, cultura y condición social se están volviendo más divisivas.

En esta división creciente, los espacios para los procesos de radicalización se hacen más grandes hasta el punto de que la radicalización podría convertirse en la corriente principal, poniendo en crisis los sistemas democráticos occidentales y, por lo tanto, conduciendo al objetivo último de una organización terrorista como Al Qaeda: la disolución de las sociedades occidentales.

¿Podría ser el atacante (o atacantes) miembro de Al Qaeda?

Es sin duda una posibilidad. Aun así es difícil que se encuentren los vínculos directos entre los atacantes y los miemrbos de Al Qaeda. Lo que es más probable es que el atacante se haya “inspirado” en la propaganda de Al Qaeda.

Lo que hemos presenciado en los últimos meses -y desde el inicio de la pandemia- son mayores esfuerzos propagandísticos por parte de organizaciones terroristas. El chat y los canales oficiales y no oficiales en aplicaciones de mensajería, los grupos secretos en las redes sociales y la presencia general del contexto extremista islámico “online” han ido en aumento, lo que facilita que las personas propensas a la radicalización los encuentren.

La exposición a tales contenidos puede resultar en el inicio de un proceso de radicalización e inspirar las acciones de los denominados “lobos solitarios”. De hecho, este podría ser el caso, especialmente si se tiene en cuenta que el grupo sigue siendo atractivo para muchos, ha estado particularmente activo “online” y no ha desaparecido como muchos podrían creer.

De hecho, si bien la atención de la opinión pública y los medios internacionales parece centrarse en el Estado Islámico, Al Qaeda sigue representando una amenaza relevante.

La organización ha sufrido reveses en Siria y Yemen, pero todavía está presente en ambos escenarios. Al Qaeda sigue siendo un actor relevante en Afganistán, donde puede contar con un entorno cada vez más permisivo, y a través de sus filiales locales en Somalia y Mali, sigue siendo una fuerza poderosa en el contexto africano.

Desde 2017, mientras la atención internacional se centró en el Estado Islámico, Al Qaeda ha trabajado asiduamente para revertir ciertas tendencias a la baja. Ha mejorado las relaciones con los agentes de poder locales desde el Levante hasta el subcontinente indio, fusionando objetivos locales y transnacionales en un esfuerzo por fortalecer la cohesión y ampliar su base de apoyo. Ahora, esta estrategia muestra signos de dar sus frutos: Al Qaeda ha reconstituido su red en el sur de Asia, por ejemplo, y parece más unificada que antes. También se ha vuelto más hábil para equilibrar los objetivos transnacionales y las prioridades regionales, trabajando a nivel local en Somalia, Siria, Yemen y el Sahel, al tiempo que conserva su enfoque de confrontar a Occidente.

Cabe señalar que el grupo ya no tiene la misma capacidad para tramar y ejecutar el tipo de ataques terroristas transnacionales espectaculares que llevó a cabo en los años previos al 11-S, pero Al Qaeda ha demostrado en diferentes ocasiones una tenaz resistencia. El grupo incluso ha logrado atacar a Estados Unidos en su territorio: en diciembre de 2019, un piloto de la fuerza aérea saudí vinculado a Al Qaeda en Estados Unidos para entrenamiento militar llevó a cabo un ataque contra Estados Unidos, en la base naval en Pensacola, Florida, subrayando el compromiso de su papel a largo plazo mientras trabaja para inspirar, facilitar y dirigir ataques terroristas en suelo occidental.

¿Qué puede hacer Francia para reducir la amenaza yihadista?

Francia está particularmente expuesta a la amenaza del terrorismo yihadista.

Por un lado, representa un objetivo ideal para la organización terrorista islamista y sus simpatizantes debido a su postura de seguridad y política exterior y su papel en la lucha global contra el terrorismo.

De hecho, Francia está directamente involucrada en el Sahel, luchando contra la insurgencia yihadista local (liderada por JNIM, la filial local de Al Qaeda e ISGS, una filial oficial del Estado Islámico). El país ha estado presente militarmente en el Sahel durante años, primero con la misión Serval y ahora con la “Operación Barkhane”, en un esfuerzo que ha demostrado ser sumamente desafiante y que no está dando los resultados esperados.

Francia también participó en la coalición internacional que lucha contra el terrorismo en Siria e Irak y sigue profundamente involucrada en la dinámica política turbulenta de Oriente Medio. Además, recientemente Macron decidió fortalecer la presencia francesa en Líbano, donde uno de sus objetivos es limitar la capacidad de Hizbulá para influir en la dinámica política. Al mismo tiempo, en el contexto de las crecientes tensiones en el Mediterráneo oriental, Francia se ha puesto fuertemente del lado de Grecia llegando a un punto muerto con Turquía.

Huelga decir que todos los elementos antes mencionados han contribuido a exponer a Francia a las duras críticas y al odio de muchos actores (legítimos y no legítimos) del mundo musulmán. Por otro lado, Francia tiene un grave problema de seguridad interior. El ministro del Interior advirtió a finales de agosto que el país tiene una lista de vigilancia de terrorismo de 8.132 personas potencialmente violentas. Esta fue la última confirmación de que la amenaza de ataques terroristas sigue siendo extremadamente alta en el país.

Según datos difundidos por las autoridades, “el riesgo de terror de origen suní es la principal amenaza que enfrenta nuestro país”. Un elemento confirmado por el hecho de que 32 ataques terroristas planificados se han visto frustrados desde 2017. Una estadística que no encuentra comparación en otros países continentales europeos.

Al mismo tiempo, las autoridades confirman que también hay señales preocupantes de actividad de extrema derecha en el país. Esto es particularmente preocupante si pensamos en la interdependencia antes mencionada entre el extremismo violento islamista y de extrema derecha. Como decíamos antes, esta interdependencia, especialmente en el contexto francés, corre el riesgo de llegar a representar una grave amenaza.

A raíz del ataque del viernes, gracias a nuestras actividades de vigilancia, observamos que muchos grupos extremistas de ultra derecha activos en aplicaciones de mensajería, redes sociales y otras plataformas en línea fueron particularmente activos compartiendo mensajes de odio hacia la comunidad musulmana e incluso pidiendo “acciones de venganza”.

Este es un fenómeno que observamos antes, por ejemplo, cuando tuvo lugar el ataque de Christchurch. El ataque contra las mezquitas provocó una reacción en los medios oficiales y no oficiales del Estado Islámico y Al Qaeda, con miles de comunicaciones pidiendo ataques de venganza contra los “cruzados”.

Esta dinámica en bucle tiene el potencial no solo de aumentar el número de individuos radicalizados dispuestos a actuar en nombre de un bando u otro, lo que hace que la situación sea aún más difícil para las Fuerzas de Seguridad. Asimismo, contribuye a la creación de un círculo vicioso que pueda inflamar conflictos sociales ya tensos y, a su vez, dividir aún más a un país, que necesita -quizá ahora más que nunca- poder afrontar sus desafíos con cohesión.