Keir Starmer, el nuevo rostro europeísta del laborismo británico

Con su discurso moderado, el líder de la oposición se ha convertido en una alternativa creíble frente a un Johnson desgastado por la gestión de la pandemia y la recesión

La pandemia se ha convertido en el reto más importante desde periodo de entreguerras para los mandatarios de ambos lados del Atlántico. Pero en el caso del primer ministro británico, Boris Johnson, el desafío viene además con un importante valor añadido. Y es que, por primera vez en mucho tiempo, el Ejecutivo conservador tiene ante sí una verdadera oposición. Y el brillo del contrincante viene a coincidir con las horas más bajas del inquilino de Downing Street.

Tan solo lleva cinco meses al frente del Partido Laborista, pero Keir Starmer (Londres, 58 años), se ha convertido en el líder de la oposición más popular desde los tiempos de Tony Blair en los años noventa.

Su elección en abril tuvo lugar en pleno confinamiento y no pudo haber acto de celebración. Y esta semana la pandemia ha vuelto a truncar sus planes. La formación celebraba su congreso anual. Pero, ante las circunstancias excepcionales de la covid, Starmer se tuvo que dirigir a los miles de afiliados por videoconferencia. Eso sí, en lugar de hacerlo desde su despacho, decidió ofrecer el discurso desde Doncaster. Sin duda alguna, un acto de lo más simbólico.

Se trata de uno de los distritos localizados en el “muro rojo”, cuyos votantes, por primera vez desde la II Guerra Mundial, abandonaron a los laboristas para apoyar a los “tories” en las elecciones de diciembre del año pasado. La “conversión” de muchas de estas circunscripciones del norte de Inglaterra fue clave para que Johnson lograra una aplastante mayoría absoluta.

El candidato laborista para esos comicios, Jeremy Corbyn, nunca fue visto con una alternativa creíble. Enemigo de la austeridad, defensor de Hugo Chávez, simpatizante de la causa palestina, valedor de nacionalización de los ferrocarriles, el gas y la electricidad, jamás contó con el gran beneplácito de sus propias filas. Su gran giro a la izquierda radical y su ambigüedad ante el Brexit tampoco conquistó al electorado. En diciembre del año pasado, el laborismo (que lleva en la oposición desde 2010) cosechó sus peores resultados desde 1935.

Sin embargo, Starmer ha inaugurado ahora una nueva era. Pese a que no mencionó en ningún momento a su antecesor, su discurso del pasado martes supuso una enmienda a la totalidad de los años previos de oposición. “Nunca más se presentará el laborismo a unas elecciones sin que los votantes confíen en nuestra capacidad para gestionar la seguridad nacional, o para proteger su comunidad, sus empleos y su dinero”, matizó.

Hijo de una enfermera y un empleado de fábrica, el nuevo líder laborista fue el único de cinco hermanos en dejar la modesta casa adosada en Oxted, Surrey, para ir a la universidad para estudiar Derecho. Tras un postgrado en Oxford, se mudó a Londres, donde acabó como abogado defensor de los derechos humanos y posteriormente como fiscal general del Estado.

Con una apuesta centrada en patriotismo y valores familiares, igualdad y justicia social, y eficacia frente a unos conservadores ineficaces, Starmer no solo ha logrado llevar a la formación de nuevo al centro izquierda, sino que ha demostrado que con una oposición sin gritos también se puede avanzar en las encuestas de opinión. Algunas le sitúan ya incluso como más popular que Johnson.

Cada semana, durante la sesión de control al Gobierno, Starmer lleva a cabo un elegante interrogatorio cuasi forense, utilizando las propias cifras de la pandemia que publica Downing Street, dejando completamente descolocado al primer ministro, para quien los detalles siempre han sido su talón de Aquiles. La gestión del Gobierno ante la covid-19 está siendo sumamente criticada, incluso por la prensa conservadora. Johnson ha dejado de ser el superhéroe, el Brexit ya no es la prioridad para los británicos y con un país en recesión, los votantes del “muro rojo” vuelven a apostar ahora por el laborismo.

“Una crisis revela la personalidad de todos como ninguna otra cosa”, señala el líder de la oposición. “Y todos hemos aprendido mucho de este primer ministro. Lo saben los diputados conservadores. Lo saben sus ministros. Todos lo sabemos. No es serio. No está a la altura de su puesto”, añade.

Comparar a los políticos por su peinado no es exactamente el método más ortodoxo. Pero la melena desenfadada del “tory” (que alborota aún más intencionadamente antes de sus intervenciones) y la cabellera absolutamente engominada con raya al lado del laborista ofrecen interesantes detalles de la personalidad de cada uno.

Dos personalidades antagónicas

Mientras que Johnson es carismático, excéntrico, con una relación dudosa con la verdad y con un dominio de la palabra para discursos siempre carentes de especificaciones técnicas, Starmer ofrece ahora una imagen seria y pausada, pero que, según los sondeos, desprende tremenda honestidad, confianza y dominio de la materia de la que habla en cada momento.

Los analistas consultados aseguran que aún es demasiado pronto para realizar predicciones de cara a las próximas generales previstas para 2024. Aunque el Partido Conservador lleva ya una década en el poder, no hay que olvidar que la era Johnson arrancó con fuerza el año pasado, cuando el excéntrico político logró un triunfo para los suyos que no se vivía desde los tiempos de Margaret Thatcher en 1987. Pero es un hecho que Starmer está consiguiendo transformar la percepción de la formación laborista convirtiéndola de nuevo en una alternativa creíble de Gobierno. Por primera vez en mucho tiempo, los “tories” vuelven a tener una oposición real.