¿Por qué ha fracasado el Swixit?

Pese a no formar parte de la UE, la economía de la Confederación Helvética depende de los Veintisiete, a donde se dirige más de la mitad de sus exportaciones

En el país de la democracia participativa, Suiza, donde se somete a referéndum incluso la compra de nuevos cazas por el Ejército, sus ciudadanos dieron el domingo una lección de pragmatismo. Dos de cada tres suizos, en concreto el 62%, apoyó mantener la actual libre circulación de persona con la UE frente a un 38% que respaldó la propuesta de la derecha populista de la Unión Democrática de Centro (UDC), que hablaba abiertamente de abandonar el espacio Schengen.

Tras la mala experiencia del Brexit, la UE ha preferido guardar silencio hasta conocer la voluntad de los 5,4 millones de suizos con derecho a voto. Ante la sequía de buenas noticias, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no pudo el lunes ocultar su entusiasmo: “El voto sostiene uno de los pilares fundamentales de nuestra relación: la libertad mutua de circular, vivir y trabajar en Suiza y la Unión Europea. Acojo con satisfacción este resultado. Lo veo como una señal positiva para continuar consolidando y profundizando nuestra relación”.

Pese a hallarse en el corazón de Europa y rodeada por tres miembros de la UE (Alemania, Italia y Francia), las relaciones de Suiza con los Veintisiete son muy particulares. Su camino a la adhesión del club comunitario se vio interrumpido abruptamente en 1992, cuando sus ciudadanos rechazaron en un referéndum unirse al Espacio Económico Europeo (EEE), del que también forman parte Noruega, Islandia y Liechtenstein.

Sin embargo, su clase política y empresarial no renunció a construir una relación estrecha con la UE a través de decenas de acuerdos bilaterales que permiten a la Confederación Helvética acceder al mercado único europeo sin participar en sus instituciones y, en consecuencia, estando ausente de la toma de decisiones.

En concreto, la libre circulación de personase que la ultraderecha quería restringir aludiendo a una supuesta invasión de trabajadores extranjeros obedece a un acuerdo bilateral entre Bruselas y Berna firmado en 1999 y que entró en vigor tres años después, en 2002. En caso de haber triunfado el “sí” en el referéndum, el resultado habría tenido enormes consecuencias para Suiza, pues se habría aplicado automáticamente lo que se conoce como la “cláusula guillotina”. Es decir, que otros acuerdos de cooperación en agricultura, transporte o contratos públicos se habrían cancelado automáticamente.

Un precio demasiado caro para un país que tiene a la UE como su principal socio comercial. A los Veintisiete se dirige más del 50% de las exportaciones suizas. Una interdependencia superior a la que existe entre Reino Unido y el otro lado del Canal de la Mancha. Un 1,4 millones de ciudadanos comunitarios reside en Suiza, que cuenta con una población de 8,5 millones de habitantes. Mientras, alrededor de 450.000 suizos se han establecido en los Veintisiete. Con todo, la relación más estrecha es que sus tres vecinos: 320.000 franceses, italiano y alemanes acuden cada día a trabajar a la Confederación Helvética.

Bruselas no quiso desaprovechar la felicitación por el resultado del referéndum para animar al Consejo Federal (Gobierno suizo) a completar la ratificación del Acuerdo Marco Institucional negociado en 2018, atascada en medio de una interminable discusión política. El acuerdo marco abarca cinco temas clave: la libre circulación de personas, el reconocimiento mutuo de las normas industriales, los productos agrícolas, el transporte aéreo y el transporte terrestre.