Cuando los candidatos a vicepresidentes toman relevancia

Máxima expectación ante el debate entre Mike Pence y Kamala Harris. Tras la enfermedad del presidente Trump y la avanzada edad de Biden, la batalla entre ambos es material de primera urgencia

Faltan horas para un debate renacido por mor del coronavirus. Generalmente los combates entre los aspirantes a vicepresidente son el café descafeinado frente al alto octanaje de los debates presidenciales. Pero con Donald Trump enfermo de covid-19, y con un Joe Biden que de ganar las elecciones sería el presidente de EE UU más viejo de la historia, la batalla entre Mike Pence y la aspirante Kamala Harris es material de primera urgencia.

Su encuentro tendrá lugar el miércoles (madrugada del jueves en España), desde la Universidad de Utah en Salt Lake City. Moderado por Susan Page, periodista del «USA Today», a los dos contendientes los separará una barrera de plástico transparente. En opinión de Newt Gingrich, que firma una columna feroz en la Fox, «el próximo debate vicepresidencial será dramáticamente diferente al primer debate presidencial. Aquel fue un choque vertiginoso de personalidades, con mucho desorden y confusión».

En cambio el debate entre Pence y Harris debería ser un «encuentro verdaderamente histórico» por las diferencias ideológicas entre ambos. Desde la trinchera de Harris insisten en que la candidata espera insistir en las contradicciones provocadas por la gestión de la pandemia, que en ningún momento se planteó pedir que el debate fuera suspendido y que saldrá con todo.

A fin de cuentas el contraste entre las personalidades de Trump y Biden es también evidente en el caso de sus subalternos. Pence es un hombre metódico, tranquilo y elegante, al que sus detractores acusan de frío. Harris, todo lo contrario, acaso peca de visceral. Pero también tiene a favor su contrastada experiencia como fiscal en California, en un cargo y con un desempeño que nunca fue bien visto por la parroquia más a la izquierda de los demócratas.

La covid-19 será el centro primordial del debate y el objetivo de Harris es hablar y tratar por extenso todo lo que teóricamente ha hecho mal la Casa Blanca. Pence, por su lado, aspira a hacer entender que resulta imposible no cometer errores desde el Gobierno pero que el Gobierno de EE UU ha respondido con eficacia, y que la economía, eterno caballo de batalla, da muestras bastante optimistas. Y es así, en el terreno económico, donde Pence podría triunfar.

Todo sin olvidar la emocionalidad inevitable en tiempos de «Black Lives Matter» y el hecho de que Harris, descendiente de migrantes, da el tipo como cartel electoral de unos demócratas muy centrados en la cuestión racial, los discursos identitarios y las reformas sociales.