Alemania y Francia proponen elevar las sanciones a Putin tras el «caso Navalni»

A iniciativa de Berlín y París, los Veintisiete estudian hoy nuevas sanciones contra Rusia por el envenenamiento del líder opositor en Siberia

Los Veintisiete debaten hoy el endurecimiento en sus relaciones con Rusia. Los ministros de Exteriores de los Veintisiete discutirán durante el Consejo de Exteriores la propuesta del eje franco-alemán de imponer sanciones suplementarias a Moscú por el envenenamiento del opositor ruso Alexei Nalvani. París y Berlín anunciaron la semana pasada esta iniciativa un día después de que la investigación llevada a cabo por la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) avalase que el disidente ruso fue envenenado.

De esta forma, el Kremlin habría repetido el mismo «modus operandi» que en el ataque sufrido en Salisbury (Reino Unido) en 2018 contra el ex expía ruso Sergei Skripal. En este caso también se utilizó el agente nervioso Novichok, desarrollado en la URSS en las décadas de 1970 y 1980.

La UE siempre había abogado por esperar a los resultados de una investigación independiente antes de tomar una decisión. Tras este veredicto inapelable de OPAQ, la impresión generalizada es que la Unión no puede mirar para otro lado. Fuentes diplomáticas esperan que hoy los Veintisiete den luz verde a un acuerdo político para imponer castigos a las personalidades y entidades relacionadas con este suceso, pero aclaran que aún será necesario seguir trabajando hasta acotar la lista de sancionados.

El sello del Kremlin en este atentado parece imposible de negar. «Consideramos en este contexto que no existe otra explicación posible al envenenamiento que una responsabilidad y una implicación rusa», aseguraron la semana pasada en un comunicado conjunto los titulares de Exteriores francés y alemán, Jean-Yves Le Drian y Heiko Maas.

«No veo otra explicación», corroboró el propio Nalvani sobre su envenenamiento en una entrevista con la publicación alemana «Der Spiegel». El opositor ruso se encuentra actualmente en Alemania y fue visitado personalmente en el hospital por la propia canciller Angela Merkel. Una de las dudas reside en si esta nueva batería de sanciones europeas será un gesto meramente cosmético o si entrañará una nueva etapa de mano dura contra Rusia.

La canciller siempre ha sido conocida por su «realpolitik» con Moscú y en los últimos meses el presidente francés, Emmanuel Macron, se había embarcado en una estrategia de apaciguamiento y compresión con el Kremlin con el objetivo de acercar a Rusia a la Unión Europea. Hasta el momento, no con demasiado éxito.

Disputa por el gasoducto “Nod Stream 2”

Además, Merkel debe soportar una presión extra. Todas las miradas están puestas en uno de los proyectos más polémicos de su mandato: la construcción del «North Stream 2», un gasoducto que conecta a Rusia y Alemania por el mar Báltico, sorteando a Ucrania y asegurando el suministro de gas a la UE.

Una infraestructura que nunca ha gustado a Bruselas ya que aumenta la dependencia del gas ruso en vez de reducirla, tal y como siempre ha defendido el Ejecutivo comunitario después de que Vladimir Putin haya en varias ocasiones chantajeado al club europeo con esta cuestión y que también ha causado mucho recelo en países como Polonia.

De hecho, Varsovia ha impuesto una multa de unos 6.450 millones de euros a la multinacional rusa Gazprom, que financia la mitad del proyecto. En 2018, el entonces primer ministro Mateusz Morawiecki, definió la infraestructura como «una nueva arma de guerra híbrida dirigida contra la UE, los Estados miembros y la OTAN». Además, se espera que en 2022 expire el acuerdo de importación de gas ruso con Gazprom, lo que exigirá que Polonia aumente sus compras de gas licuado a EE UU. Washington tampoco está de acuerdo con la iniciativa y ha impuesto sanciones a las empresas afectadas.

Por otra parte, este proyecto empobrece a Ucrania, ya que pierde los derechos por el tránsito del gas (unos 1800 millones de euros), cuándo es la principal víctima del expansionismo ruso después de la anexión ilegal de la península de Crimea en 2014, que los Veintisiete siempre han condenado con contundencia.

A pesar de que la construcción de «North Stream 2» está terminada casi al 90% y participa un potente consorcio de empresas europeas, en los últimos meses han aumentado las voces que piden a Merkel un giro de timón.

Como si fuera una maniobra premeditada, Berlín se ha convertido en refugio de disidentes postsoviéticos en las últimas semanas. Al mencionado Nalvani, debe unirse la reciente visita de la opositora bielorrusa Svetlana Tijanovskaya (asilada en Berlín) y la de la premio Nobel del mismo país, la escritora Svetlana Alexievi, que busca en el país el necesario sosiego para seguir su actividad creadora.

Pero un posible cambio de rumbo puede desatar nuevos tensiones en el seno del club comunitario, donde subsisten diferentes enfoques a la hora de lidiar con Vladimir Putin. Mientras existen países que piden no caer en las redes de Moscú como Polonia y las siempre combativas tres repúblicas bálticas, otros Estados como Italia siempre han abogado por no tensar la cuerda demasiado y medir con cautela cualquier medida.

Además, se espera que los Veintisiete aborden otros asuntos de la actualidad internacional como el posible aumento de las sanciones contra Bielorrusia con la amenaza de incluir al presidente Alexander Lukashenko, el diálogo entre Serbia y Kosovo o la misión europea enviada a finales de septiembre para intentar que el régimen de Nicolás Maduro retrase las elecciones previstas para el 6 de diciembre.

Se espera que el máximo representante de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, informe sobre este asunto después de la polvareda levantada en el Parlamento Europeo. Populares, Ciudadanos y Vox han acusado a Borrell de «blanquear» a Maduro.