¿Y si Suecia tenía razón en su estrategia contra la pandemia?

El país nórdico renunció al confinamiento y apostó por la responsabilidad individual para aprender a vivir con el coronavirus. Hasta ahora, se mantiene a salvo de la segunda ola con menos casos que sus vecinos europeos

Criticada y envidiada a partes iguales por seguir su propia estrategia contra la pandemia, Suecia parece haberse convertido en el modelo a seguir para vivir en la nueva normalidad impuesta por el coronavirus. Al menos hasta que se disponga de una vacuna que inmunice a la población.

Frente al confinamiento y las duras restricciones de sus vecinos europeos, las autoridades suecas apostaron por confiar en la responsabilidad de la población, conscientes de que las recomendaciones son más fáciles de mantener en el tiempo que las prohibiciones. No cerraron fronteras ni colegios y bares, restaurantes y centros comerciales permanecieron abiertos.

La tradicional confianza ciudadana en sus instituciones ha hecho el resto para conseguir el objetivo. Se calcula que en Estocolmo, la capital, alrededor de la mitad de la población teletrabaja y los usuarios del transporte público han descendido un 50%. En una sociedad nórdica orgullosa de sus libertades individuales, el Estado trata a sus ciudadanos como adultos responsables.

Según Dorit Nitzan, directora regional de emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa, el enfoque de Suecia en la sostenibilidad a lo largo, la participación ciudadana y el cumplimiento voluntario era interesante porque «éste es el momento que todos tenemos para aprender a vivir con este virus». La OMS subraya cómo el país nórdico «ha adaptado su respuesta al comportamiento y antecedentes de su gente, y lo aprovechó para hacerlo efectivo».

Actualmente, la Agencia de Salud Pública recomienda teletrabajar, quedarse en casa en caso de síntomas, lavarse las manos cuidadosamente, evitar las grandes reuniones sociales, mantener la distancia social, y evitar el transporte público. Consejos más estrictos se aplican a las personas en grupos de riesgo o mayores de 70 años, a quienes se les sigue aconsejando que eviten las tiendas, los restaurantes y el transporte público, y que obtengan ayuda para recibir alimentos o medicamentos.

El Parlamento sueco aprobó en abril una ley temporal de urgencia que permite al Ejecutivo rojiverde cerrar puertos, aeropuertos, estaciones de tren, centros comerciales y restaurantes, además de redistribuir material y medicinas sin pasar por la Cámara, pero esta normativa, vigente hasta el 30 de junio, no fue puesta en práctica. El Gobierno prefirió acatar las recomendaciones de la independiente Agencia de Salud Pública (FI).

Con todo, el Gobierno admite su fracaso a la hora de proteger a los ancianos en las residencias, donde se contabilizan más de la mitad de los 5.899 muertos por coronavirus. “Me parece obvio que en muchos aspectos no hemos hecho lo suficiente”, asegura el primer ministro, el socialdemócrata Stefan Löfven. “Debemos admitir que la parte que se ocupa del cuidado de ancianos, en términos de propagación de la infección, no ha funcionado. Es obvio. Tenemos demasiadas personas mayores que han fallecido”, reconoce Löfven.

Con una densidad de población de 25 habitantes por kilómetro cuadrado (234 en Alemania), una obesidad del 13% (40% en Estados Unidos) y un 6,5% de la población con diabetes (9,4% en España), Suecia partía con unas condiciones sanitarias envidiables para combatir la covid-19. Sin embargo, el país nórdico no ha escapado al drama vivido en las residencias de ancianos de toda Europa.

Según cifras oficiales, el 70% de los fallecidos a causa del virus vivía en geriátricos y tenían 82 años. El hecho de no prohibir las visitas de familiares hasta 1 de abril pudo contribuir también al rápido aumento de los contagios. Desde 1 de octubre se han vuelto a permitir las visitas para evitar que la soledad agrave la salud de los ancianos.

Suecia se salvó durante mucho tiempo de una gran segunda ola a fines del verano, como se vio en países como Francia y España, pero los casos han aumentado constantemente en el país escandinavo desde las últimas semanas. La mayoría de positivos son personas de entre 20 y 50 años, y aún no se ha observado un aumento correspondiente en nuevas muertes o ingresos en cuidados intensivos, con 29 pacientes ingresados actualmente.

Por eso, el Gobierno permitirá a las autoridades locales y regionales aprobar restricciones propias para frenar los contagios. Entre las medidas previstas, estarían evitar el transporte público, los viajes innecesarios, visitar a personas de un grupo de riesgo, ir a centros comerciales, gimnasios, piscinas u otros lugares interiores concurridos o el contacto físico con personas que no pertenezcan a su hogar.

República Checa es hoy el país de la UE con más casos de covid-19, con 521,5 por 100.000 habitantes en los últimos 14 días, seguida de Bélgica, Países Bajos (387), España (299,8) y Francia (299,7), según el último boletín del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, por sus siglas en inglés).

Entre los países nórdicos, sorprende Islandia, con 257,4 casos por 100.000 habitantes, después de haber sido ejemplo de la gestión de la primera ola de la pandemia con sus test masivos. Le siguen Dinamarca (98,8), Suecia (72,5), Finlandia (44.9), y Noruega (34,3). Es decir, Suecia ha dejado de ser ese país mirado con recelo por sus vecinos, que adoptaron medidas más duras contras la covid 19, y excluyeron a Estocolmo de su apertura de fronteras aduciendo su situación epidemiológica.

Anders Tagnell, el epidemiólogo jefe sueco que se ha hecho popular en todo el mundo, insiste en que el combate de la pandemia «es una maratón, no un sprint». «Suecia ha pasado de ser uno de los países de Europa con la mayor propagación a uno de los que tienen el menor número de casos», señaló en una entrevista reciente Tagnell, acusado insistentemente de buscar una «inmunidad de rebaño».

"Existen señales de que los suecos han alcanzado cierta inmunidad a la enfermedad, lo cual, junto con todo lo demás que están haciendo para evitar que la infección se propague, es suficiente para que el padecimiento se mantenga en niveles bajos”, sostiene Kim Sneppen, profesor de Biocomplejidad en el Instituto Niels Bohr de Copenhague. Aunque los suecos están lejos de haber logrado la inmunidad colectiva, asegura, “podemos concluir que sus reglas de distanciamiento social han demostrado ser esenciales”.

«Hemos dicho a la gente que asuma su responsabilidad y haga lo que les parezca mejor para no contagiar a otras personas», decía Tegnell, que recuerda que «históricamente nos ha funcionado bien». La Agencia de Salud Pública (FI), que goza de la confianza de más del 70% de la población, es independiente de los políticos, lo que contribuye a su prestigio.

Antoine Flahault, profesor de salud pública y director del Instituto de Salud Global de la Universidad de Ginebra, recuerda que el enfoque sueco frente a la cvid-19 había sido caricaturizado en otros países. «Mucha gente piensa que debido a que Suecia no cerró, el Gobierno no hizo nada», asegura.

«De hecho, tomó varias medidas clave. Pero principalmente, logró que la ciudadanía entendiera y participara en la lucha contra el virus, sin coacciones, leyes o reglamentos obligatorios», explica. «Los suecos se confinaron solos», elogia. «Confiaron en su pueblo para que aplicara por sí mismo las medidas de distanciamiento social sin tener que castigarlo».