Johnson advierte: “Es hora de prepararse para un Brexit sin acuerdo”

El “premier" británico responde al ultimátum de la UE con la opción más temida, la ruptura abrupta con el bloque, si bien se mantiene en la mesa de negociación

El Brexit cada día se parece más al cuento de Pedro y el lobo. Tras salvar “in extremis” el año pasado un acuerdo de divorcio, lo que representa ahora al feroz animal es la ausencia de un pacto comercial antes de que finalice el período de transición el 31 de diciembre, cuando los británicos saldrán ya a efectos prácticos del bloque.

Tanto Londres como Bruselas llevan tiempo diciendo que viene el lobo. Y lo cierto es que nadie descarta que aparezca en el último momento. Pero, dejando a un lado rumores y amenazas, lo que importa a día de hoy es que oficialmente nadie se ha levantado aún de la mesa de negociaciones.

Claro que en política, la puesta en escena es crucial. Y Boris Johnson tienen que seguir jugando sus cartas. En este sentido, el “premier” repitió este viernes que Reino Unido debe comenzar a prepararse para un Brexit (económico) duro el próximo 1 de enero, si no hay un “cambio fundamental” por parte de Bruselas. “Si no aceptan nuestra propuesta para establecer una relación comercial al estilo canadiense [con la desaparición de algunas cuotas y aranceles] tendremos que prepararnos para tener una relación más a la australiana”, matizó, lo que significa que las relaciones se regirían únicamente por las normas generales de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La esperada intervención televisada del líder “tory” coincidió con la clausura de la última cumbre europea que ha tenido lugar en Bruselas este jueves y viernes. El pasado 7 de septiembre, Johnson señaló que la cita sería crucial. Advirtió de que si no había pacto para el 15 de octubre se levantaría de la mesa. El jueves, sin embargo, decidió esperar para ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.

Pero, lejos que acercar posturas, las capitales endurecieron el lenguaje, eliminando la idea de negociar “intensivamente”, algo que no gustó nada al equipo negociador británico. Por lo que Johnson contestó hoy elevando aún más el tono. “Quieren seguir controlando nuestra libertad para legislar y nuestras reservas de pesca de un modo completamente inaceptable para un país independiente”, recalcó. “A no ser que veamos un cambio fundamental de planteamiento [por parte de la UE], vamos a elegir la solución australiana”, añadió. Eso sí, en ningún momento dio portazo a las negociaciones.

El próximo lunes, estaba previsto que el negociador jefe de la UE, Michel Barnier, viajara a Londres. “Lo que les estamos diciendo es, 'venid hacia aquí, aproximaos hacia nuestra postura, pero solo si realmente tenéis un cambio de planteamiento”, señaló inicialmente el primer ministro.

Sin embargo, a última hora de la tarde, el Ejecutivo británico decidió cancelar la reunión. Eso sí, al cierre de esta edición, se recalcó que ambas partes seguirían hablando por teléfono la próxima semana.

Pese al optimismo que se respiraba en los últimos días, siguen existiendo tres importantes puntos de fricción. El primero de ellos, la supervisión del futuro acuerdo, donde Londres se niega categóricamente a que el árbitro sea luego el Tribunal de Justicia Europeo. El segundo, el llamado “level playing field”, lo que viene a ser la competencia justa. Bruselas no quiere que Reino Unido se convierta ahora en un nuevo Singapur a orillas del Támesis.

La pesca, la espina que bloquea el acuerdo

En tercer lugar, está la cuestión de la pesca. Se trata de un sector que representa solo el 0,12% del PIB de Reino Unido, que es casi 60 veces menos que el de los servicios financieros. Si bien el Gobierno británico ha aceptado que el acceso a los mercados de la UE será limitado para las empresas financieras británicas de la City después del Brexit, la pesca siegue siendo un campo de batalla. La gran espina, al fin y al cabo, que podría acabar atragantándose en las negociaciones echando todo a perder.

¿Cómo se entiende? Puede que el sector pesquero tenga poca relevancia a nivel económico, pero políticamente es totémico. Para los euroescépticos, la promesa de recuperar el control de las aguas británicas fue crucial y abandonar eso ahora sería visto como una gran traición: 100 de las 120 circunscripciones parlamentarias con actividad pesquera votaron en 2016 a favor de abandonar la UE.

Aparte tiene un gran significado electoral para Johnson. La gran mayoría de los distritos costeros de Inglaterra están ahora en manos de los conservadores. Algunos de estos escaños tradicionalmente laboristas como Great Grimsby apostaron por los “tories” en las elecciones de 2019 precisamente por las promesas sobre pesca. Ceder, por tanto, en esta cuestión podría poner en juego la mayoría absoluta.

Y luego está Escocia. La pesca escocesa representa casi la mitad del sector de todo Reino Unido. No lograr un acuerdo en la materia fortalecería, por tanto, el argumento independentista del SNP, que lidera todas las encuestas con la promesa de un nuevo plebiscito para las elecciones al Parlamento de Edimburgo del próximo mes de mayo.

El problema es que esta cuestión es también de suma importancia política para otros Estados miembros, en especial para el francés Emmanuel Macron, una de la voces con más peso en el bloque. El presidente francés insistió en que los pescadores franceses no iban a ser “vendidos” por un acuerdo.

Pero de alguna manera ambas partes están obligadas ahora a entenderse, ya que si Reino Unido bloquea un acuerdo comercial porque no quiere pesqueros franceses u holandeses en sus aguas, los pescadores británicos se quedan sin mercado para su pescado, porque la inmensa mayoría se vende en la UE.

Desde Bruselas no se tira la toalla de lograr un pacto con Londres. "La UE sigue trabajando para lograr un acuerdo, pero no a cualquier precio”, escribió en Twitter la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La política alemana.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, aseguró hoy que la UE sigue “decidida” a lograr un pacto, “pero no a cualquier precio”. “Este es el mensaje acordado por los veintisiete líderes”, matizó.

Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel -que ocupa ahora la presidencia de turno del Consejo de la UE- reiteró su voluntad de lograr un pacto, aunque admitió que hay que prepararse para la posibilidad de que no se consiga. “Nuestra voluntad es seguir trabajando para lograrlo. Pero el tiempo apremia”, dijo Merkel. Lo cierto es que se cuentan con pocas semanas porque un eventual texto tendrá después que ser traducido y ratificado por el Parlamento Europeo.