Sin solución en Nagorno Karabaj

Cuando los Estados son incapaces de encontrar respuestas a los anhelos de las minorías concentradas es más que probable que surjan las divergencias y en algunas situaciones que se llegue a la hostilidad militar

El enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán por el enclave de Nagorno-Karabaj tiene difícil solución. Es un conflicto al que se le intentan buscar explicaciones de todo tipo en razón de las partes directamente implicadas y de los apoyos que reciben de actores externos. Pero casi nada en este conflicto tiene una explicación aceptable.

La realidad más profunda remite seguramente a una cuestión de minorías. Cuando los Estados son incapaces de encontrar respuestas a los anhelos de las minorías concentradas es más que probable que surjan las divergencias y en algunas situaciones, como es el caso, que se llegue a la hostilidad militar. Por ello, se deberían cambiar las perspectivas y no abordar el asunto como una cuestión de reparto territorial ni tampoco como una lucha por la viabilidad de los recursos energéticos.

El conflicto precisa de un enfoque prioritario desde los derechos humanos y el respeto de los derechos de las minorías. Es verosímil que la actual tregua humanitaria dure poco y también, sin contradecir lo anterior, es factible que los combates entren en periodos de relativa calma. Sin embargo, una solución definitiva y completa no se avista en el horizonte. El interés o la indiferencia, según el caso, de países como Turquía, Irán, Rusia, Estados Unidos y Organizaciones como la Unión Europea deberían dar paso a colocar el asunto en el plano multilateral.

El Grupo de Minsk de la OSCE no aportó soluciones ni se podrían contabilizar resultándoos tangibles. Pero en esta organización radicarían buena parte de las propuestas para encaminar un arreglo satisfactorio. La comunidad internacional está obligada a volver a espacios de multilateralidad y, en este caso, se debe optar por la organización (la OSCE) que mejor puede afrontar el conflicto.

El acercamiento de posturas entre Turquía y Moscú supondría, con seguridad, un alivio para las partes en la disputa y acentuaría los elementos de paz, pero faltaría identificar las ópticas desde las que se debe encontrar la solución. La autodeterminación debe ser descartada puesto que socavaría las bases de un eventual entendimiento por lo que el desarrollo económico-social de la zona y el respeto de los derechos humanos serían los principios que mejor garantizarían una paz estable y duradera.