El verdugo del profesor Samuel Paty: un pandillero radicalizado en internet

El checheno Abdullah Anzorov contactó con un yihadista en Siria tras decapitar al profesor Samuel Paty

Abdullah Anzorov, ruso de 18 años que decapitó al profesor de historia Samuel Paty, en Francia.
Abdullah Anzorov, ruso de 18 años que decapitó al profesor de historia Samuel Paty, en Francia.FacebookLa Razón

«He vengado al profeta», dice, agitado y casi sin aliento, Abdullah Anzorov, el 16 de octubre. Se trata de un mensaje de audio en su idioma natal –el ruso– que él mismo ha publicado en sus redes y en el que se regocija de haber decapitado al profesor francés Samuel Paty minutos antes. Vestido de negro y acuclillado al lado del cuerpo atrozmente mutilado del maestro de Historia, Anzorov publica en Twitter una foto de la cabeza cortada. Una especie de ofrenda a quienes se sientan reivindicados a través de su cuchillo.

El mensaje que acompaña la imagen está en francés: «De Abdullah, el siervo de Alá, a [Emmanuel] Marcon, el líder de los infieles. Ejecuté a uno de tus perros del infierno que se atrevió a menospreciar a Mahoma. Calma a sus semejantes antes de que les apliquemos un duro castigo».

¿Qué se sabe realmente de Abdullah Anzorov? Muy poco. Nacido en Moscú en 2002 y de origen checheno, este joven llegó a Francia a los seis años y tanto él como su familia recibieron el estatus de refugiados. Se estima que recibió educación en alguna escuela francesa, aunque prefiera el ruso como lengua.

Anzorov era un desconocido para los servicios de inteligencia franceses, aunque no tan anónimo en los archivos policiales. El joven checheno ya había sido identificado por delitos menores como daño a bienes públicos y violencia. También llamaba la atención su pertenencia a una banda de jóvenes en Eragny (al noreste de París) en la que compartía espacio con un islamista fichado «S», denominación que lanza una alerta de potencial peligrosidad a los servicios de seguridad en Francia.

Sin embargo, su entorno –vecinos y familia– describe a Anzorov como un muchacho tranquilo, cortés, discreto e incluso servicial. «Un joven que hacía la oración, que practicaba el Ramadán, como tantos otros. No vimos ninguna señal de radicalización», dijo el abuelo del atacante a la prensa francesa. Sus padres y su hermano menor fueron detenidos inmediatamente después del ataque, pero fueron puestos en libertad en cuestión de horas.

En junio de 2020, el joven checheno habría volcado sus ideas en Twitter abriendo la cuenta @Tchetchene_270. La mayoría de los mensajes que se publicaban en dicho espacio eran versículos del Corán y la descripción de su perfil indicaba que «no quería mujeres ni en etiquetas ni por mensaje privado». Anzorov también posteaba comentarios tajantes sobre la «falta de fe del Estado Saudí», así como su rechazo a la anunciada Ley contra el Separatismo, propuesta por Macron para atacar el radicalismo islámico y sus conexiones con Siria e Irak. Un texto que será revelado en detalle el 9 de diciembre.

Sus seguidores, ciento y tantos, tenían un perfil similar: muy jóvenes, chechenos, musulmanes y encolerizados. Entre todos, se retroalimentaban en sus posiciones fundamentalistas.

La cuenta @Tchetchene_270 fue objeto de varias denuncias ante la plataforma francesa Pharos, encargada de recibir quejas por comportamiento ilícito y violento en internet. La primera, por antisemitismo, luego de que @Tchetchene_270 publicara un mensaje en el que se llamaba a Israel «el pueblo maldito». Más tarde, una segunda queja se registró por contenido homófobo y racista en el mes de julio. Finalmente, en agosto llegó la publicación de una imagen premonitoria de lo que vendría después: el fotomontaje de una decapitación.

Un procedimiento administrativo fue abierto en Pharos y los mensajes denunciados fueron eliminados. Pero nunca se abrió una investigación sobre su autor. La cuenta fue cerrada por Twitter la misma noche del ataque. Para definir realmente qué tan ligado estaba Abdullah Anzorov a grupos fundamentalistas instalados en Oriente Medio, hay que observar con detalle su actividad en Instagram.

Los servicios de inteligencia han determinado que, justo después del ataque al profesor Paty, Anzorov intercambió mensajes durante 20 minutos con otro usuario de esta red social ubicado en Siria. La Dirección General de Seguridad Interna (DGSI) lo localizó en la región de Idlib y, hasta ahora, su proceso de identificación apunta a un combatiente de habla rusa. El seudónimo de este usuario –escrito en cirílico– se traduce como «Diario de Idlib».

Según las autoridades, Anzorov habría estado en contacto remoto con otro yihadista ubicado en la zona sirio-Iraquí. Se trata del usuario «12.7X108», con quien también intercambió mensajes un mes antes de cometer el ataque contra el profesor francés.

Las preguntas son muchas: ¿son estos contactos en Siria los que ordenaron el ataque? ¿Entrenaron a Anzorov a distancia? ¿La decapitación es el resultado de un adoctrinamiento radical a control remoto desde Siria? ¿Cuántos jóvenes están en la misma situación en Francia?

Por ahora, la investigación apunta a que los mensajes enviados por el joven checheno no corresponden a un informe de haber cumplido una orden de Idlib. Se parecen más a un deseo de mostrar su determinación –hasta la muerte– de cortar la cabeza a la «infidelidad» francesa.