Boris Johnson anuncia un confinamiento domiciliario en Inglaterra tras el repunte de casos

Se cierran tiendas y todos los establecimientos no esenciales hasta el 2 de diciembre el día en que el país supera el millón de contagiados

Boris Johnson anunció este sábado que, a partir del próximo jueves y hasta el 2 de diciembre, Inglaterra volverá a confinarse. Eso sí, guarderías, colegios, universidades y tiendas de artículos esenciales permanecerán abiertos. Aunque hace apenas unos días aseguraba que haría todo lo que estuviera en sus manos para evitar un nuevo encierro, el premier recalcó que “el virus se está extendiendo mucho más rápido de lo que pronosticaban los peores escenarios”, por lo que decidió seguir los pasos de Francia y Alemania.

“Los comercios no esenciales y los recintos de entretenimiento cerrarán, y los pubs y restaurantes deberán cerrar excepto para servir comida a domicilio”, señaló Johnson, antes de puntualizar que los lugares de trabajo para la gente que no pueda trabajar desde casa, como la construcción, sí seguirán abiertos.

No se tratará, explicó, de un confinamiento tan restrictivo como el de la pasada primavera, pero sí implicará que no se permita a los ciudadanos salir de sus casas más que por motivos de educación, trabajo o compras de primera necesidad.

También se permitirá una hora al día de ejercicio y el contacto con una sola persona procedente de otra vivienda. Todo ello con el fin, agregó, de que “con estas medidas, seamos capaces de permitir que las familias puedan reunirse en las próximas vacaciones de Navidad”.

El sábado precisamente se rompía otro récord, después de que los casos en el Reino Unido hayan superado ya el millón en total. En concreto, desde el 31 de enero hasta ahora, 1.011.660 personas han dado positivo en las pruebas.

En las últimas 24 horas previas al sábado, se registraron 21.915 casos (un aumento de alrededor del 11% respecto a hace quince días) y 326 muertos. El total de fallecidos supera ya los 46.500. Los ingresos superan ya los de primavera y las UCI en el suroeste de Inglaterra comienzan ya a estar en máxima capacidad. “Es el momento de pasar a la acción porque no hay alternativa”, señaló Johnson. “Ningún primer ministro responsable puede obviar la situación”, matizó.

La tasa de infección -la famosa “R”- se encuentra entre el 1.1 y 1.3, cuando según los expertos, debe estar por debajo de 1 para controlar la pandemia. Según el modelo del reputado Imperial College, en Inglaterra ya se registran cerca de 100.000 nuevas infecciones cada jornada. Y el número se duplica cada nueve días. Los autores del estudio advertían que se había alcanzado ya una “fase crítica” y urgían a las autoridades a tomar medidas.

El confinamiento, eso sí, deberá aprobarse previamente el miércoles en la Cámara de los Comunes. El Gobierno central sólo puede imponer medidas en Inglaterra. El resto de naciones que componen el Reino Unido tienen sus propias competencias y tanto Escocia como Irlanda del Norte y Gales habían impuesto ya restricciones más duras. Es más, el gobierno de Cardiff y Belfast ha decidido alargar incluso las vacaciones escolares de otoño para cerrar también colegios.

A diferencia de la situación que se vivió en marzo, donde el excéntrico político se mantenía reacio al confinamiento, ahora, según se cuenta en los corrillos de Westminster, sí habría querido imponerlo mucho antes. Pero en esta ocasión, había gran división tanto en el Gabinete como en el partido ante la debilidad económica de un país ya en recesión.

Para suministrar algo de oxígeno al sector de la hostelería, uno de los más castigados, el Chancellor Rishi Sunak implementó el pasado mes de agosto un programa al que se destinó 520 millones de euros llamado “Eat Out to Help Out” (Come fuera para ayudar). De lunes a miércoles, el Gobierno se hacía cargo de la mitad del precio de cualquier consumición en bares y restaurantes (sin incluir las bebidas alcohólicas), hasta un límite de 11 euros por comensal. Pero ahora un estudio elaborado por la Universidad de Warwick sugiere que el programa contribuyó a incrementar las infecciones entre un 8% y un 17%.

El grupo de científicos que asesora al Gobierno (conocido como Sage) pidió al Ejecutivo implantar un “confinamiento de dos semanas” ya el pasado 21 de septiembre. Ese día se registraron 4.500 casos comparados con los más de 21.000 de ayer. Sin embargo, Johnson se resistió. Con el Gabinete inmerso en una auténtica guerra civil, prefirió optar el pasado 12 de octubre por un “semáforo epidemiológico” con el que dividió a Inglaterra en tres niveles.

Pero los expertos llevaban días advirtiendo que esto no era suficiente. Ni siquiera el encierro por solo dos semanas ya tenía sentido. Según las previsiones de la Sage, de no tomarse más medidas, la pandemia en el Reino Unido estaba camino de violar el “peor escenario razonable”, lo que suponía llegar al invierno con 85.000 muertes.

De no implementarse más restricciones, los escenarios más catastrofistas que barajaban las autoridades, hablaban de superarse las 4.000 muertes diarias. No obstante, la mayoría de los modelos vaticinaban las 2.000 muertes por jornada. En el peor momento del pico de la pasado primavera se llegaron a las 1.000 fallecidos por día.

En definitiva, el “semáforo epidemiológico” no estaba funcionando a nivel sanitario. Y, a nivel político, no hizo otra cosa que ocasionar a Johnson más problemas. Las restricciones más severas se habían impuesto en las últimas semanas en el norte de Inglaterra, lo que llevó a los diputados conservadores de esta zona a declarar la guerra al Gobierno. El llamado “Muro Rojo” fue precisamente lo que garantizó la aplastante mayoría absoluta al primer ministro en las generales del año pasado. Los votantes abandonaron, por primera vez desde la II Guerra Mundial, a los laboristas para apostar por los `tories´ y así garantizar la ejecución del Brexit.

Pero los nuevos diputados conservadores quieren mantener sus escaños una vez el país salga ya a efectos prácticos del bloque en diciembre y no duraron en unirse a las quejas de sus parroquianos. Estos denunciaban que, cuando Londres era el centro de las infecciones, se decretó un confinamiento a nivel nacional, pero ahora que los rebrotes más peligrosos se concentraban en el norte, el Ejecutivo estaba apostando por cierres locales que asfixian a una economía ya bastante tocada.