Sin movilización popular, el cambio en Venezuela es un cuento de hadas

Juan Guaidó ha convocado una consulta para que los venezolanos decidan si quieren que el presidente interino siga trabajando para unas elecciones libres

Juan Guaidó en el momento en que asume la presidencia interina de Venezuela, el 23 de enero del 2019, en Caracas.MIGUEL GUTIERREZEFE

Una nueva página se está escribiendo en la historia reciente de Venezuela. Dos eventos han provocado un punto de quiebre adicional para la reconquista de la democracia en el país caribeño. En primer lugar, la salida de Leopoldo López y de manera clandestina hacia el extranjero, concretamente, Madrid. En segundo lugar, la consulta popular que ha propuesta el gobierno interino liderado por Juan Guaidó y que pretende movilizar a los ciudadanos para preguntarle si desean o no que este interinato continúe trabajando para lograr unas elecciones libres. Adicionalmente, la consulta preguntará sobre el rechazo a las elecciones convocadas por el régimen de Nicolás Maduro y que pretende elegir una nueva y fraudulenta Asamblea Nacional.

Las condiciones actuales de la crisis comprenden: uno, la inmovilidad de una sociedad confinada por la pandemia y reprimida por el miedo; dos, la presión internacional en contra de la usurpación; tres, la posibilidad de una nueva administración en los Estados Unidos y cuatro; la necesidad continua de rearticular a la oposición venezolana para generar un cambio definitivo.

En este sentido, resulta imprescindible que el movimiento alrededor de Guaidó y el propio pueblo venezolano no caiga en la desesperanza, en la actitud autómata y resignada de una sociedad que podría parecer que claudicó en su intento por romper el dique de contención que sostiene a la dictadura venezolana.

Sin movilización popular, el cambio resulta una fábula, simplemente un «cuento de hadas» que por más ilusorio y perfecto que parezca, sencillamente no es real. Si este gobierno interino que lidera Guaidó no le sigue dando argumentos a la comunidad internacional (Estados Unidos, ONU, Unión Europea y OEA) las voces y los hilos de poder desde afuera del país caribeño podrían laxar la agilidad y velocidad que la propia dinámica, la crisis desenfrenada y la desesperación de los venezolanos, exige.

En este sentido, la consulta servirá de vitrina para mostrar que sigue existiendo un deseo de cambio y que la lucha por la democracia y la libertad resulta para los venezolanos una proeza que exige sacrificio y que se encuentra lejos de concluir. Por otro lado, el nuevo rol de Leopoldo López en el exilio servirá para aumentar los focos y la atención tanto de los aliados, como de los pasivos, en el tema venezolano. Por tal motivo, la agenda doméstica y la agenda internacional bailarán al son de lo que vaya pautando la alternativa democrática.

Entre el 5 y el 12 de diciembre se llevará a cabo la consulta. La convocatoria es amplia y flexible, con observación internacional y, sobre todo, con la esperanza de que esta nueva iniciativa le imprima frescura y nuevo ánimo para intentar volver a poner en jaque a Nicolás Maduro y a su séquito más cercano. Como afirmó Guaidó días atrás: «no es posible cruzarse de brazos», de lo contrario, Venezuela estará destinada a vivir la calamidad que ya el pueblo cubano ha padecido durante los últimos 60 años.