Donald Trump, el nuevo ídolo de Estados Unidos

Pese a su polémico mandato sigue conectando con el americano medio

Donald John Trump (Nueva York, 14 de junio de 1946) se convirtió en el 45 presidente de Estados Unidos en enero de 2017 tras una inesperada victoria en noviembre de 2016 contra Hillary Clinton. «The Donald», como le llaman en su círculo cercano, nació en Queens, a las afueras de Nueva York. Hijo de inmigrantes, madre escocesa y abuelos paternos alemanes, el cuarto de los cinco hermanos fue enviado a la Academia Militar de Nueva York con 13 años al sacarlo del colegio por problemas de conducta. Estudió en la Universidad de Fordham, en el Bronx, durante dos años y terminó su Grado de Economía en 1968, especializándose en el sector inmobiliario en la Escuela de Negocios de Wharton en Filadelfia.

Casado tres veces y padre de cinco hijos, el empresario y conocido personaje de reality show fue durante décadas experto en el sector inmobiliario. Construía, renovaba y gestionaba grandes edificios y rascacielos de Nueva York, desde oficinas a viviendas en Manhattan, hasta hoteles, casinos y campos de golf en otros estados del país y en diversos países del mundo.

Gran aficionado al golf y a la fast food (comida basura), organizó también los concursos de belleza de Miss Estados Unidos y Miss Universo desde los años 90 y participó en numerosos programas de televisión. Su fortuna, valorada en 4.500 millones de dólares en 2016, le posicionó en número 766 del ránking mundial de Forbes.

El magnate neoyorkino había intentado presentarse a unas elecciones, tanteando el terreno hacia la Casa Blanca en 2000 por el Partido Reformista y también más tarde, en 2012, por el Partido Republicano, pero retiró su nominación antes de iniciar la votación. Sólo si tenía garantías de ganar volvería a presentarse. Y así lo hizo hace cuatro años. En 2016, Trump presentó oficialmente su candidatura, pasando a competir con otros dieciséis postulantes más en las primarias republicanas, y se convirtió en el favorito en tiempo récord.

Desde entonces, el «fenómeno Trump» ha recorrido de costa a costa Estados Unidos y se ha extendido más allá de sus fronteras, con gran impacto en todo el mundo. Sus formas, impulsivas y cambiantes. Su método, políticamente incorrectos. Sus decisiones, polémicas. No ha dejado a nadie indiferente.

En política interna ha sembrado el caos, la euforia de sus adeptos y la indignación de sus detractores. También las dudas sobre la continuidad de la democracia y, por primera vez, el liderazgo de un presidente estadounidense.

La era Trump marca un antes y un después en Estados Unidos. La sociedad, más polarizada que nunca. Los medios de comunicación, también. Posicionarse a favor o en contra de este presidente ha sido el pan de cada día informativo.

Trump ha cambiado de manera radical la dinámica del día a día en Washington. Los corresponsales que cubren la Casa Blanca y los periodistas que le dan seguimiento diario a su agenda ya no esperan las convocatorias de prensa ni los comunicados oficiales para conocer la información de primera mano. Trump ha gobernado a golpe de tuit.

Desde la nominación oficial de su candidatura, en junio de 2015, y hasta los primeros dos años y medio de su presidencia, Trump tuiteó más de 17.000 veces. Sus tuits han sido considerados declaraciones oficiales por parte del presidente de Estados Unidos, algo que nunca antes había hecho ningún otro mandatario de su nivel en ningún otro lugar del mundo.

Y desde Twitter también se ha desahogado, a todas horas. Desde primera hora de la mañana, hasta altas horas de la madrugada. El presidente ha usado esta red social, su favorita, para todo. Para criticar a sus rivales, halagar a sus aliados, insultar a sus enemigos o incluso para anunciar despidos.

Trump llegó al poder con promesas electorales que conquistaron a su base mucho antes de que tomara posesión del cargo. Construir el muro fronterizo con México y hacer «America Great Again», entre sus objetivos principales. Su palabra más repetida: «Fake News». Y, precisamente, ir contra los medios de comunicación ha sido uno de sus estrategias más efectivas.

Con su protagonismo mediático, Trump ha conseguido estar a todas horas en televisiones, radios y periódicos. Esa razón, aseguran, fue también parte de su éxito para salir elegido. Y no solo entre medios estadounidenses, sino también en el resto de los países.

Durante sus primeros cuatro años de mandato, Trump ha sacado a Estados Unidos del Acuerdo de París, dando espaldarazo a la agenda mundial de cambio climático; ha provocado la ruptura de acuerdos comerciales con China, la Unión Europea y sus vecinos México y Canadá; también se ha retirado del pacto nuclear con Irán, Rusia, China, Alemania, Francia y Reino Unido; sin olvidar los diversos episodios de conflicto con China o el régimen de Maduro, así como al al borde de una guerra con Corea del Norte o Irán.

Pero desde la Casa Blanca, pocas horas antes del cierre de los colegios electorales el día de la votación histórica, recordaban a través de las cuentas oficiales en redes sociales los logros alcanzados por el presidente. Entre ellos, resaltaban el pacto de PAZ (así, en mayúsculas) entre países del Medio Oriente gracias al liderazgo del magnate. O el recorte de impuestos para «el 80% de los estadounidenses». También anunciaba la Casa Blanca que, «gracias al presidente Trump, las fuerzas armadas son más fuertes que nunca» y que «mucho antes de su presidencia supo que EE UU necesitaba un acuerdo comercial con sus vecinos, México y Canadá, mejor que el NAFTA».

Un intento final por convencer a los indecisos de que sus cuatro años de gestión en el Despacho Oval han sido tan buenos como insuficientes y que necesita cuatro años más para dar continuidad a lo que ya ha iniciado. Dice la tradición que los presidentes estadounidenses que aspiran a la reelección siempre ganan, pero estas no son unas elecciones presidenciales cualquiera. Son un referéndum al presidente Donald Trump y a sus cuatro años de mandato.