El votante blanco y religioso versus las minorías, cada vez más mayoritarias

Los negacionistas, el nuevo nicho gracias a la covid que caza el Presidente

Ni Joe Biden, ni Donald Trump. El resultado de las elecciones de EE UU tardará en conocerse unos días. Frente a la incertidumbre del nombre del próximo inquilino de la Casa Blanca está la certeza de que las encuestas han vuelto a fallar. La conclusión que deja la noche electoral es la polarización de la sociedad estadounidense, pese a la movilización, el resultado electoral es el mismo. Mientras que el hombre blanco vota a los republicanos, las minorías –cada vez con mayor peso– se inclinan por los demócratas.

El votante de Donald Trump es el estadounidense blanco. A día de hoy son 62% de los habitantes de un país de 320 millones de habitantes. Gran parte de ellos apela a la pureza de sus orígenes, y a la pureza de los valores que les permitieron desarrollarse y convertirse en la mayor potencia del mundo. Se trata del votante religioso que reside en el interior. Viven, principalmente, en el centro del país, en estados como Oklahoma, Arkansas o Missuri donde anoche Trump recibió un fuerte respaldo electoral. No en vano, son, por defecto, el nicho histórico de los republicanos.

Respecto a la edad del votante rojo, a medida que la población envejece también lo hace sus votantes ya que tradicionalmente los mayores votan a los republicanos. Entre quiénes, con toda seguridad, no han votado a Donald Trump, están las mujeres que han recibido grande ataques del republicano a lo largo de estos cuatro años en la Casa Blanca.

Si en 2016 se calificaba al voto de Trump como voto de castigo y anti- establishment, cuatro años después no hay duda de que el republicano cuenta con un fiel batallón de seguidores que confía en él para dirigir la recuperación económica, la creación de empleo y encontrar una vacuna contra la pandemia del coronavirus –una idea tan repetida durante su campaña electoral–.

La templanza de Joe Biden, el hecho de que no sea un presidente polarizador y, también, votarle como contraposición a su contrincante el republicano Donald Trump contribuyen a que su nicho de votantes sea uno de los más variados desde hace años. Tradicionalmente, el perfil del votante demócrata es generalmente el de una persona con estudios que ondea la bandera de la diversidad, del progresismo y urbanita. De ahí que estados como Washington o Nueva York inclinaran su voto por el partido azul, tal y como ha ocurrido tradicionalmente. Al nicho tradicional demócrata hay que añadir la elección de Kamala Harris como su vicepresidenta que le ha ayudado a movilizar el voto de comunidad negra y el feminista.

Precisamente, el votante de Biden tiene acento femenino. Las mujeres, tan criticadas por el republicano Trump pero a las que Clinton no logró conquistar hace cuatro años , han respaldado mayoritariamente al partido azul. Jóvenes o mayores, residentes en ciudades, pueblos o en los icónicos «suburbs»... a ellas se le debe, en parte, el posible cambio de sillón en la Casa Blanca.

En la ensalada de perfiles que define al votante del republicano se podría añadir un nicho de electores que normalmente se abstiene y desconfía de la política. Son agrupaciones religiosas como los evangelistas que le llevaron a la Casa Blanca por primera vez en 2006. A estos grupos minoritarios se suman, ahora, los movimientos negacionistas surgidos a raíz de la pandemia, que han encontrado en el magnate a un referente en el que apoyarse en medio del caos surgido por la crisis sanitaria.

La lucha por la Presidencia que ahora empieza se puede comparar con el duelo que ayer por la noche se vivió en el estado de Florida. El estado que el año pasado le dio la victoria a Trump frente a la demócrata Hillary Clinton volvió a ser clave en la noche de ayer. Allí, el partido rojo hizo una fuerte campaña electoral estas semanas centrándose en los latinos republicanos. Son cubanos exiliados y puertorriqueños recién llegados después de la tragedia del huracán María que están muy a favor de la política de mano dura hacia Venezula o Cuba. Esa ofensiva dio resultado, y Florida volvió a ser roja.