Las acertadas medidas de Francia contra el yihadismo

Francia no ha tardado en ponerse en marcha para defenderse de lo que es una auténtica guerra subversiva contra los valores de la República

Un momento del homenaje a las víctimas del atentado de Niza EFE/EPA/VALERY HACHE / POOL MAXPPP OUTVALERY HACHE / POOLEFE

Francia ha puesto en marcha una adecuada estrategia antiterrorista tras los dos últimos atentados yihadistas perpetrados cerca de París y en una iglesia de Niza, según expertos consultados por LA RAZÓN.

El cierre de una mezquita, medida que también ha adoptado Austria con dos templos islamistas tras los atentados de Viena; el reforzamiento de las fronteras, en especial la española, donde nos hemos enterado, gracias al presidente Macron, que han sido rechazados hasta 4.000 inmigrantes ilegales que querían entrar en territorio galo (¿quién en nuestro país les dejó llegar hasta la línea fronteriza?); devolución a sus países de origen a los individuos sospechosos de yihadismo (Túnez acaba de anunciar que acepta a sus nacionales y otros países seguirán su ejemplo); medidas judiciales inmediatas contra los que hacen apología del terrorismo (simplemente con hacer burlas durante un minuto de silencio por el profesor decapitado); y algunas otras que ya están en marcha y que son de carácter operativo, sobre todo en el frente carcelario.

Francia no ha tardado en ponerse en marcha para defenderse de lo que es una auténtica guerra subversiva contra los valores de la República a cargo de individuos fanatizados, encuadrados en Daesh.

En el terreno judicial también se han conocido sentencias ejemplarizantes, como la emitida contra aquel ciudadano argelino que pretendía causar una masacre en una iglesia católica. Se trata de Sid Ahmed Ghlam, juzgado por un proyecto de atentado contra un templo en Villejuif, a las afueras de París, y el asesinato de una mujer, en abril de 2015, que le sorprendió mientras preparaba el crimen. Ha sido condenado a cadena perpetua. La suerte es que se pegó un tiro fortuito e en el pie y, cuando fingió un accidente, los agentes encontraron en su coche y su domicilio un arsenal formado por cuatro fusiles kalashnikov, pistolas y abundante munición, además de chalecos antibalas.

Todo una batería de medidas que transmiten a los terroristas el único mensaje que pueden recibir: las democracias occidentales, en este caso Francia, no se rinden ante la amenaza terrorista que en sus ensoñaciones (que hay que tomarse en serio porque son con las que justifican sus crímenes) tratan de imponer un “califato mundial”.

Da la impresión de que se les ha acabado la veda a los que, amparados en seráficos multiculturalismos y tolerantes hasta la ceguera, han campado a sus anchas, con la chulería y maldad propias de quién se cree en poder de la verdad absoluta y de un mandato divino para imponerla.

Se trata, sin duda, según los mismos expertos, de una lucha a largo plazo, que no se combate sólo en Europa, sino en los países en los que el yihadismo es más fuerte y trata de implantar sus bases. Francia lo está haciendo en el Sahel.

Los atentados de Viena y el origen de las armas de fuego que utilizó el asesino es un motivo más de preocupación. Todo parece indicar que Daesh cuenta con algún tipo de infraestructura logística y que lo ocurrido en Austria puede suceder en cualquier otro país. Cuentan con candidatos a cometer los crímenes, algunos de ellos conectados con Siria (como ha quedado probado en operaciones realizadas en España) y simplemente hay que hacerles llegar las armas, algo difícil pero no imposible, como se ha demostrado.