Así cayó Salvador Allende en el palacio de La Moneda

El primer presidente marxista elegido por las urnas decidió morir antes que irse al exilio o entregarse a los militares sublevados

Salvador Allende con casco el día del golpe militar en 1973Fundación AllendeFundación Allende

El 11 de septiembre de 1973, tanques militares llegaron hasta el Palacio de La Moneda e iniciaron un golpe de Estado que puso fin a la experiencia socialista en Chile. En plena Guerra Fría, Chile, como la mayor parte de América Latina, estaba bajo la fuerte influencia política de Estados Unidos. En 1970 Salvador Allende había ganado las elecciones convirtiéndose en el primer marxista del mundo occidental que llegaba al poder a través de las urnas.

Como candidato de la Unión Popular, coalición de izquierdas dominada por el Partido Socialista y el Comunista, Allende propugnó la construcción de un Estado Popular y una economía planificada, en gran parte estatizada. El líder chileno se desmarcó de los totalitarismos de Rusia y China, y algunas de sus medidas, como dejar de pagar la deuda externa y el restablecimiento de las relaciones con Cuba, asustaron a muchos.

El surgimiento de una experiencia democrática y socialista liderada había producido una gran inquietud entre las autoridades de Estados Unidos. En ese caldo de cultivo de malestar social que vivía el país se fue gestando la asonada del 11 de septiembre de 1973. Lo que no sospechaba Allende es que el general Augusto Pinochet sería el gran protagonista. Fue el propio Allende quien le había designado comandante en jefe del Ejército en sustitución del dimitido general Carlos Prats. Pinochet era considerado un militar constitucionalista y se le presuponía lealtad al gobierno democrático. No había desempeñado un papel de ideólogo del golpe, pero cuando se lo propusieron se sumó sin dudarlo.

Aquel histórico martes, en plena madrugada, un grupo de militares de la Armada de Valparaíso llegaron a Santiago de Chile. Grupos derechistas tomaron la radio de la Universidad Técnica y los militares hicieron lo mismo con la radio nacional. Las tropas rebeldes rodearon el palacio de La Moneda, donde se encontraba Allende, seguro de que tendría militares leales que defenderían su Gobierno. El presidente dio un primer discurso por radio a las 7:30 de la mañana y pidió a los suyos que se mantuvieran vigilantes en sus puestos de trabajo.

Allende intentó contactar con los jefes de los tres ejércitos pero en seguida supo que los tres cuerpos estaban aliados en la operación para derribarle y que no iba a contar con el apoyo de las Fuerzas Armadas. Comenzaron a sonar los disparos de los francotiradores y pasadas las nueve volvió a dirigirse a los chilenos por radio para anunciar que le habían pedido su renuncia, algo a lo que él se iba a oponer, quizá por dignidad o quizá porque esperaba que aún podía ganar la batalla. Fue su último discurso, en el que se despidió de los chilenos.

Sobre las once, sus hijas y otras mujeres abandonaron el palacio. Allende, que vio cómo se quedaba prácticamente solo, rechazó la propuesta de salir del país tomando un avión que le llevara al exilio. Al mediodía, a los tanques del Ejército se sumaron los aviones de la Fuerza Aérea de Chile, que dispararon cohetes contra el palacio de Gobierno, que se vio afectado en su interior. Aún hoy se desconoce la identidad de los pilotos que bombardearon La Moneda, la acción definitiva para la caída de Allende.

La imagen, transmitida en blanco y negro, del ataque se transformaría en parte de los registros audiovisuales más icónicos de Chile. Allende resistió junto a sus más leales colaboradores en el palacio y advirtió a sus asesores que moriría en el lugar donde lo había puesto el pueblo. Era cuestión de minutos que los militares ingresaran al despacho donde se encontraba Allende y unos minutos más para que se confirmara su muerte.

Cientos de trabajadores y estudiantes fueron víctimas del levantamiento. Pese a que la forma en que murió estuvo siempre rodeada de polémica, en 2014 la Corte Suprema de Chile dictaminó que Allende se suicidó durante el ataque al Palacio de La Moneda y que no hubo participación de terceros.

Cincuenta años después, y pese a los esfuerzos del régimen militar por erradicar la doctrina marxista del país, su figura aún traspasa fronteras y la izquierda chilena lo recuerda como uno de los presidentes más importantes de su historia y valora los principios inspiradores de su Gobierno popular.