La revolución de Kamala Harris

Su elección despierta la esperanza de las mujeres negras de poder romper el techo de cristal

Kamala Harris, durante su discurso del pasado sábadoDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

La vicepresidenta electa de Estados Unidos, Kamala Harris, fue contundente en su discurso de agradecimiento a los votantes: “Seré la primera mujer en el puesto, pero no la última”. Harris agradeció a las mujeres que lucharon por sus derechos y por el voto antes que ella y prepararon el camino para que se convirtiera en la primera mujer en ocupar el segundo puesto más importante del país. Agradeció a las mujeres más jóvenes que acudieran a las urnas, y recomendó a las niñas "soñar con ambición y liderar con convicción”.

Y lo hizo vestida de una manera muy meditada: su tan comentado traje blanco de Carolina Herrera no era simplemente un outfit: el color blanco era un homenaje al movimiento sufragista que empezó a principios del siglo XX.

Para innumerables mujeres y niñas, el logro de Harris representa una gran esperanza, la ruptura de un techo de cristal que ha mantenido a la mayoría de hombres blancos en los puestos más altos del gobierno estadounidense.

Nunca antes una mujer negra e hija de inmigrantes (de madre india y padre jamaicano) ha estado tan cerca del poder en Estados Unidos, a un paso de la Presidencia.

Comparada a menudo con el expresidente Barack Obama por su color de piel y su rápido ascenso en el Partido Demócrata, lo cierto es que la avanzada edad de Biden hace en esta ocasión especialmente relevante el cargo de vicepresidente. De hecho Biden ha dejado entender que no se presentaría a un segundo mandato, lo que deja a Harris, de 55 años, muy bien situada para llegar a la Casa Blanca.

Muy apreciada por los activistas demócratas, Kamala Harris recoge lo que ha sembrado: ha desempeñado un papel crucial en la campaña del exvicepresidente. Mujer de gran carisma, terca y con habilidad oratoria, ha logrado movilizar al electorado más radical de Bernie Sanders.

Y no se dejó intimidar por los reiterado ataques de Donald Trump, que llegó a calificarla de “monstruo”.

Su victoria es ahora aclamada especialmente entre las mujeres, las minorías y la comunidad afroamericana, en un país en el que la división racial está más que presente que nunca.