¿Qué está pasando en Etiopía?

El Gobierno del premio Nobel de la Paz de 2019 lleva una guerra contra la región disidente de Tigray

Los miembros de la Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía (ENDF) se preparan para dirigirse a Sanja, región de Amhara, cerca de la frontera con TigrayTIKSA NEGERIREUTERS

Hace una semana que el Ejército etíope está llevando a cabo una operación militar contra las fuerzas del Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), el partido en el poder en esta región disidente del norte del país.

Apenas un año después de recibir el Premio Nobel de la Paz, el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, ha tomado las armas. Así se desvanece su imagen de joven político dispuesto a renovar los cimientos de régimen anquilosado. Un hombre que, seis meses después de su investidura, logró la paz con la vecina Eritrea, lo que le valió el Nobel. Un hombre que liberó a los presos políticos, permitió manifestaciones, la libertad de prensa, y que, en definitiva, buscaba la unidad.

Riesgo de guerra civil

Pero no existe tal unidad. La operación militar lanzada el 5 de noviembre es, de momento, el último capítulo de un pulso que comenzó con la llegada al poder de Abiy en abril de 2018.

El TPLF dominaba la coalición que derrocó en 1991 el régimen militar marxista del dictador Mengistu Haïlé Mariam. El Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), una alianza sustentada en las etnias, tuvo en sus manos el poder del país durante casi treinta años, hasta 2018, cuando llegó al Gobierno Abiy Ahmed, un Oromo. El TPLF acusa al primer ministro de marginar a la minoría tigray a la que pertenece el 6% de la población y denuncia una caza de brujas contra sus dirigentes, apartados de los cargos que ostentaban.

El TPLF, alejado del poder, se negó a posponer las elecciones por la pandemia y las celebró en septiembre en Tigray. El siguiente paso fue dejar de reconocer al Gobierno central, lo que convirtió la región en disidente.

El enfrentamiento entre el Gobierno y el Frente Popular de Liberación de Tigray podría extenderse y debilitar la frágil unidad del país, el segundo más poblado de África con 110 millones de habitantes.

Localizador de TigrayFDuckettAP

Matanza de civiles

Las organizaciones humanitarias han dado la voz de alarma ante la situación de la población. Ya hay un desplazamiento masivo dentro de Etiopía y al otro lado de sus fronteras. Y Sudán ya está preparando un campo de refugiados.

Amnistía Internacional ha denunciado una matanza con cuchillos y machetes contra civiles el pasado lunes en la localidad de Mai Kadra, en el suroeste de Tigray. Al parecer, fue perpetrada por personas alineadas con el TPLF, según testimonios. Podría ser denunciada como crímenes de guerra.

Las comunicaciones y los accesos con Tigray están interrumpidos, lo que dificulta verificar el alcance de los daños y las informaciones que denuncian crecientes bombardeos aéreos por parte de las fuerzas gubernamentales del primer ministro, Abiy Ahmed, así como feroces combates terrestres.

Arrestos y purgas

El Gobierno está decidido a acabar con los disidentes con todos los medios posibles, no solo los militares. Ha emitido una orden de arresto contra 64 dirigentes del TPLF, entre ellos el líder del partido y presidente de Tigray, Debretsion Gebremichael, y su portavoz, Getachew Reda. Todos ellos están acusados de traición así como de intentar desmantelar a la fuerza la Constitución y el orden constitucional armando, entrenando y financiando al grupo rebelde Frente de Liberación Oromo (OLF-Shane) y otros elementos contrarios a la paz, según informan los medios estatales. El Gobierno acusó recientemente al TPLF de participar en ataques contra la comunidad amhara, incluida la matanza de decenas de civiles en la región de Oromía días antes del inicio de la ofensiva en Tigray, hechos en los que también habría participado el OLF-Shane.

Pero no solo se persigue a los “rebeldes” sino también a sus supuestos cómplices. Se está llevando a cabo una purga entre los altos cargos del Ejército y de la Policía a los que se acusa igualmente de traición y de haberse unido a la conspiración orquestada por el TPLF.

El premier mantiene el optimismo y asegura, vestido de militar, que todo estará controlado en poco tiempo. Está en juego el modelo mismo de país, el centralismo frente al federalismo. Y no parece que ninguna de las partes esté dispuesta a concesiones.