Austria impone mañana el confinamiento más estricto de Europa

Hará test de covid-19 a sus 8,8 millones de habitantes para intentar salvar la Navidad

El canciller de Austria, Sebastian Kurz, del Partido Popular Austríaco (ÖVP) anunciaba el sábado nuevas medidas para contener la rápida expansión de la pandemia en su país y que suponen uno de los confinamientos más estrictos en este momento en toda Europa. A partir del martes se cierran guarderías, colegios e institutos, así como el comercio de todo tipo, salvo del considerado de primera necesidad, hasta el próximo 6 de diciembre. Se restringe la salida a la calle a motivos de peso como ir al trabajo, cuidar de dependientes, ir a la compra o hacer deporte. Todos los trabajos susceptibles de realizarse en casa deberán hacerlo.

En diciembre, el Gobierno quiere realizar tests masivos a “tantas personas como sea posible”, con la idea de que, para Navidad, el número de infecciones haya bajado y sea posible reunirse de nuevo. Kurz toma en este sentido a Eslovaquia como ejemplo, donde ya se han realizado tests a 3,5 millones de habitantes de los 5,5 con que cuenta el país. El canciller aseguró que en país vecino se había conseguido con dichos test rápidos de antígenos detectar a decenas de miles de positivos que fueron aislados y, de ese modo, se bajó la incidicencia en el país.

En las últimas semanas, el número de positivos por coronavirus así como el número de pacientes en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) ha aumentado de forma exponencial en Austria. Más del 40% de las camas de UCI se encuentran ocupadas por pacientes que sufren de la enfermedad desencadenada por el coronavirus, la covid-19, según datos del Ministerio para los Asuntos Sociales, la Salud, los Cuidados y la Protección al Consumidor austríaco. La incidencia se encuentra en 515 infectados por cada 100.000 habitantes en la última semana, una cifra que la Organización Mundial de la Salud (OMS) califica de muy preocupante.

La situación en los hospitales es tan desesperada que Viena pedía esta semana a médicos jubilados que ayudasen con la avalancha de pacientes. “Necesitamos un freno de emergencia de inmediato”, aseguraba Kurz en una conferencia de prensa junto a su Ministro de Sanidad, Rudolf Anschober. Un grave problema, según el canciller, en este momento sería la transmisión comunitaria y la imposibilidad de determinar dónde se producen las infecciones, así como la imposibilidad del rastreo de las mismas. “No se encuentren con nadie. Cualquier contacto social es demasiado”, alertaba a la población en su discurso.

Los negocios afectados por el cierre recibirán una compensación económica. “Aunque nadie quiere un segundo confinamiento, tenemos que reconocer que es la única medida de la que sabemos con certeza que funciona”. Quedan abiertos supermercados, farmacias, droguerías y bancos. Todo el sistema de eduación pasará a funcionar on-line. Los centros ofrecerán, como durante el primer confinamiento, un servicio de emergencia para padres y madres que trabajen en los denominados sectores relevantes para el sistema.

Las escuelas en el punto de mira, también en Alemania

Hasta ahora, en Austria las autoridades aseguraban que los nuevos contagios se estaban produciendo en gran medida en el ámbito del tiempo libre, en fiestas privadas, misas y otros eventos sociales similares. Sin embargo, el aumento diario de los contagios se encuentra en un momento que el Gobierno esperaba para final de 2020. La discusión en torno a los contagios en los colegios ha vuelto a ser actualidad, aunque esta vez el gobierno ha decidido darla por zanjada con el confinamiento total. En el país vecino, Alemania, esta semana se sabía que en todo el país había unos 200.000 alumnos en cuarentena y en muchos estados los colegios han comenzado a recabar información de los padres para saber si éstos trabajan en las “profesiones relevantes para el sistema” para saber cuánto personal tendrían que organizar para el cuidado de emergencia ante un posible nuevo cierre de las escuelas.

Merkel dictó junto con los Ministros-Presidentes un “confinamiento light” para noviembre en base al cual todo el ocio y el deporte en el país permanecen cerrados, así como la gastronomía y los hoteles. Hay, además, una restricción de contactos a dos unidades familiares dentro y fuera de las viviendas. La incidencia en Alemania es mucho más baja que en Austria, no llega a los 200 infectados por cada 100.000 habitantes en los últimos siete días. La canciller alemana esperaba que con estas medidas en diciembre se volviera a cifras mas bajas, pero las dos primeras semanas de restricciones no le dan los números y se espera que el lunes, tras reunirse con los jefes de los Länder, se anuncie un prolongamiento o endurecimiento de las medidas. Los sindicatos de profesores piden que se reduzca el número de alumnos por clase como en la pasada primavera mientras la mayoría de zonas del país permanezcan siendo zona de riesgo. (Zona de riesgo es más de 50 infecciones por cada 100.000 personas en una semana)

Polonia: “Si quieren ayudarnos, que nos devuelvan a nuestros médicos”

La anunciada solidaridad europea durante la primera ola de la pandemia parece no llegar a algunos países donde la pandemia está causando mayores estragos que en Alemania o en Austria. Es el caso de Italia donde hay hospitales colapsados en varias ciudades como Nápoles o de Polonia donde solo el sábado se producían unas 548 muertes asociadas al coronavirus en un país que tiene unos 38 millones de habitantes. Las desigualdades dentro de la Unión Europea se muestran en la pandemia en su cara más cruda: En Alemania, con más del doble de población, fallecían 178. El Presidente alemán Frank-Walter Steinmeier ofreció a Polonia ayuda para combatir la pandemia, sin precisar si se trataba de tratar pacientes en Alemania, como se está haciendo con cuentagotas con pacientes de otros países. La diputada del partido en el poder en Polonia, el ultranacionalista Ley y Justicia (PiS), Joanna Lichocka reaccionaba al ofrecimiento en la prensa polaca con una respuesta que muestra los resentimientos europeos: “Los señores alemanes deberían enviar de vuelta durante la pandemia a los médicos polacos que trabajan en el sistema sanitario alemán”.