Biden alerta de más muertes por covid si Trump no proporciona los datos

El líder demócrata presenta su plan económico y demanda al presidente que no bloquee la información

El presidente electo Joe Biden propone sus medidas económicas.Andrew HarnikAP

Joe Biden y Kamala Harris marcaron en rojo el lunes para hablar de economía. Una preocupación creciente mientras el país acumula once millones de contagios de coronavirus, el último millón en apenas una semana, y con los indicadores económicos y de consumo dando repetidas señales de alarma.

Respecto a sus iniciativas para retomar el pulso económico, Biden acababa de explicar a un grupo de empresarios, compuesto entre otros por altos ejecutivos de General Motors y Microsof con los que mantuvo una reunión virtual, que «todos estamos de acuerdo en los objetivos comunes, pero tenemos una perspectiva ligeramente diferente».

En su discurso habló de implementar nuevos impuestos a las grandes fortunas y de premiar a las industrias nacionales, para lo que prometió que el Gobierno federal no dará contratos gubernamentales a las «empresas que no fabriquen sus productos aquí en Estados Unidos».

El mensaje de Biden llega en un momento clave. De señales contrapuestas, entre el temor a lo que pueda deparar el invierno y la esperanza depositada en la mejor ciencia. Las empresas farmacéuticas como Moderna y Pfizer anuncian buenos resultados para el desarrollo de las vacunas. Al mismo tiempo, el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, Antohny Fauci, reitera que si todo marcha bien, la población estadounidense recibirá a finales de abril sus primeras dosis. O sea, más allá de los grupos de riesgo, no antes de medio año. Y nadie puede esperar algo parecido a la normalidad antes de mediados de 2022.

Unas noticias metabolizadas por todos los agentes sociales hace tiempo. Pero igualmente preocupantes. Y así, la economía, que parecía recuperarse tras el desastre, que ha marcado signos de crecimiento espectaculares, aunque todavía insuficientes durante el tercer trimestre del año, vuelve a ralentizarse. El FMI ya anunció en octubre que la economía estadounidense se contraerá en 2020 más de un 4%. Y florecen anuncios tan poco favorables como los enésimos recortes de vuelos de las grandes aerolíneas.

Al igual que otros sectores productivos esenciales, y que decenas de millones de trabajadores, no han recibido más ayudas. El segundo plan de reactivación y el paquete de estímulos siguen atascados en un Legislativo preso de las disrupciones electorales.

Poco puede esperarse con los dos escaños por Georgia pendientes de repetir los comicios el 5 de enero. Está en juego el Senado y, con el Senado, el rumbo de los dos primeros años de Biden. Nadie debería de descartar que el hombre que hizo campaña enarbolando las virtudes del pragmatismo, con un currículum donde destacan sus muchos años de lograr acuerdos con sus rivales, no intente arrancar su mandato tratando de alcanzar un pacto, por limitado que sea, con los republicanos.

Desde luego la economía no puede esperar. Y como escribieron Ben Casselman y Jim Tankersley en el “New York Times", tendrá que decidir si pelea con los suyos en aras de «un paquete mucho más pequeño de lo que dicen que es necesario», y esa pelea incluiría a convencer a Nancy Pelosi y otros líderes demócratas, o si mantiene el pulso y espera para «intentar uno más grande para después asumir el cargo».

«El Congreso debería unirse y aprobar un paquete de ayuda para la covid», dijo Biden en su comparecencia, en la que también alabó a los gobernadores republicanos que han implementado el uso de mascarillas y criticó al presidente saliente por su negativa a compartir información clave sobre la pandemia como el nuevo equipo de Gobierno. Algo que, en opinión de Biden, puede costar vidas, amén de multiplicar los problemas económicos.

La covid vuelve a cebarse con Nueva York

A la parálisis gubernativa y las señales de enfriamiento, toca añadir que muchos de los estados menos golpeados hace medio año lucen ahora como el epicentro de esta ola pandémica, mientras la pesadumbre regresa a ciudades como Nueva York. La gran ciudad de la Costa Este sufrió en abril y mayo unos índices de mortalidad que multiplicaron la media histórica por siete. Hubo decenas de camiones frigoríficos a la puerta de los hospitales y las autoridades locales flexibilizaron los requisitos de trabajo de las funerarias. La mortandad fue de un orden similar al de un gran cataclismo geológico.

Ahora, de nuevo, los indicadores de contagios no dejan de crecer. Ya sobrepasan el 2.5%. Crecen así las posibilidades de nuevos y devastadores cierres de restaurantes, gimnasios, librerías, colegios y bares. Los aeropuertos siguen bajo mínimos. Y varias de las grandes cadenas de suministros y comercios a nivel nacional avisan de unos problemas de abastecimiento similares a los de hace medio año.

Biden tiene ante sí el reto de animar a unos consumidores acobardados y unas empresas al límite. De ahí que sus planes resulten cruciales. Entre otras cosas, también, para su propia supervivencia política. Al fin y al cabo la pandemia marcó el principio del final de la Presidencia de Donald Trump, caracterizada hasta entonces por la marcha espléndida de los indicadores macroeconómicos.

Respecto a la mala disposición del presidente saliente, que sigue negándose a reconocer los resultados, Barack Obama, que presenta estos días el primer tomo de sus memorias, comentaba en la CBS que el suyo es un cargo temporal. Añadió que es «el momento de situar al país en primer lugar y pensar más allá de su propio ego, sus propios intereses y sus propias decepciones».

«Nunca aceptaríamos que nuestros propios hijos se comporten de esa manera si pierden», comentó antes. «Si mis hijas, en cualquier tipo de competición, hacen pucheros y luego acusan a la otra parte de hacer trampa cuando pierden, sin haber ninguna evidencia, las regañaría».

Pero Trump, inmune, mantiene que siguen adelante las denuncias frente a los tribunales. Respecto a las vacunas, ha pedido que los «”historiadores" recuerden que estos grandes descubrimientos, que pondrán fin a la plaga de China, ¡tuvieron lugar bajo mi mandato!».