La guerra en Etiopía se extiende a Eritrea y amenaza a Sudán

El gobierno etíope asegura que ha capturado otra ciudad en la región de Tigray

Refugiados etíopes en el este de SudánMarwan AliAP

El gobierno del primer ministro etíope Abiy Ahmed ha asegurado hoy que ha capturado otra ciudad en la región norteña de Tigray después de casi dos semanas de luchas en un conflicto que ya se está extendiendo a Eritrea y que está desestabilizando el Cuerno de África.

Cientos de personas han muerto, al menos 20.000 refugiados han huido a Sudán y ha habido informes de atrocidades desde que Abiy ordenó ataques aéreos y una ofensiva terrestre contra los gobernantes de Tigray por desafiar su autoridad.

El conflicto podría poner en peligro una reciente apertura económica, provocar un derramamiento de sangre étnica en otras partes de la segunda nación más populosa de África y empañar la reputación de Abiy, quien ganó el Premio Nobel de la Paz el año pasado por un pacto de paz con Eritrea.

El Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), que gobierna la región de más de 5 millones de personas, ha acusado a Eritrea de enviar tanques y miles de soldados a través de la frontera para apoyar a las tropas federales etíopes. Asmara lo niega.

Las fuerzas de Tigray lanzaron cohetes contra Eritrea el fin de semana. Un grupo de trabajo creado por Abiy para manejar la respuesta del gobierno a la crisis, dijo que las tropas habían “liberado” la ciudad de Alalama del TPLF. “Huyeron, llevando consigo a unos 10.000 prisioneros”, agregó, sin especificar de dónde eran.

Con las comunicaciones principales caídas y los medios prohibidos, Reuters no pudo verificar de forma independiente las afirmaciones hechas por todas las partes. No hubo comentarios inmediatos de los líderes de Tigray sobre la situación en Alamata, cerca de la frontera con el estado de Amhara, a unos 120 kilómetros (75 millas) de Mekelle, la capital de Tigray.

El líder del TPLF, Debretsion Gebremichael, instó a las Naciones Unidas y la Unión Africana a condenar a las tropas federales de Etiopía, acusándolas de utilizar armamento de alta tecnología, incluidos drones, en ataques que, según dijo, destruyeron una presa y una fábrica de azúcar. “Abiy Ahmed está librando esta guerra contra la gente de Tigray y es responsable de infligir intencionadamente el sufrimiento humano a la gente y destruir importantes proyectos de infraestructura”, dijo. “No somos los iniciadores de este conflicto y es evidente que Abiy Ahmed condujo esta guerra como un intento de consolidar su poder personal”, agregó, advirtiendo que Etiopía podría llegar a desintegrarse.

Localizador de la zonaAssociated Press

La guerra se extiende

La lucha se ha extendido más allá de Tigray hacia Amhara, cuyas fuerzas locales están aliadas con las fuerzas de Abiy. El viernes, se dispararon cohetes contra dos aeropuertos en Amhara en lo que el TPLF dijo que era una represalia por los ataques aéreos del gobierno. Los líderes de Tigray acusan a Abiy, que pertenece al grupo oromo, la etnia mayoritaria, y el líder más joven de África, de perseguirlos y purgarlos del gobierno y las fuerzas de seguridad durante los últimos dos años. Dice que se levantaron contra él atacando una base militar.

Amnistía Internacional ha denunciado la matanza de decenas y posiblemente cientos de trabajadores civiles en una masacre de la que ambos bandos se culparon mutuamente.

La Fuerza de Defensa Nacional de Etiopía (ENDF) tiene alrededor de 140.000 efectivos y mucha experiencia en la lucha contra militantes islamistas en Somalia y grupos rebeldes en las regiones fronterizas, además de en el enfrentamiento fronterizo de dos décadas con Eritrea. Pero muchos oficiales superiores eran Tigrayan, gran parte de su armamento más poderoso está allí y el TPLF se ha apoderado del poderoso cuartel general del Comando del Norte en Mekelle.

El TPLF encabezó la marcha rebelde que derrocó a una dictadura marxista en 1991 y soportó la peor parte de la guerra de 1998-2000 con Eritrea que mató a cientos de miles de personas.

El presidente de Eritrea, Isaias Afwerki, un viejo enemigo de los líderes de Tigray, controla un vasto ejército permanente que la CIA calcula en 200.000 efectivos.

Abiy una vez luchó junto a los tigriños y fue socio en el gobierno con ellos hasta 2018 cuando asumió el cargo, ganando elogios iniciales por buscar la paz con Eritrea, comenzar a liberalizar la economía y abrir un sistema político represivo.

Ahora el temor es que Sudán podría ser la siguiente potencia en involucrarse. Eritrea, dirigido desde su independencia de Etiopía en 1991 por el presidente Isaias Afwerki, es uno de los regímenes más herméticos y represivos del mundo, situación que se suma al apagón informativo provocado en Tigray por el Gobierno etíope, que desde el inicio de esta ofensiva ha interrumpido las telecomunicaciones y el acceso a internet.

“Este conflicto está escalando rápidamente. Ya no se trata de una guerra interna en Etiopía, ahora es una guerra internacional con las fuerzas de Tigray luchando contra Eritrea en múltiples frentes”, confirmó hoy a Efe el subdirector para África del International Crisis Group (ICG), Dino Mahtani.

Según fuentes del Gobierno etíope y tigriña citadas por la revista estadounidense Foreign Policy, al menos la mitad de las tropas federales del Comando Norte se han aliado a la lucha del TPLF; mientras que una cuarta parte (leales a Abiy y en su mayoría amharas) ha huido a Eritrea y el resto se ha negado a combatir.

“Una parte importante del Ejército nacional etíope, el Comando Norte con base en Tigray, ha desertado o caído en manos del TPLF”, confirmó Mahtani, quien teme que el vecino Sudán sea el próximo en ser “arrastrado” al conflicto, pese a que tanto Eritrea como el TPLF “cuentan con lealtades” entre diferentes comunidades nómadas del este sudanés.

Sudán podría, a su vez, presionar a Etiopía y amenazar con permitir el paso de munición y alimentos a Tigray -a través de las provincias fronterizas de Kassala y Gadaref- si Adís Abeba no accede a negociar sobre el disputado triángulo de Fashqa, que se extiende a lo largo de la frontera etíope con Amhara y que Sudán reclama desde hace décadas.