Biden elige como secretario de Estado al multilateralista Antony Blinken

La veterana diplomática afroamericana Linda Thomas-Greenfield será la embajadora ante la ONU

Antony Blinken, en una imagen de archivo
Antony Blinken, en una imagen de archivoHenry RomeroREUTERS

Antony Blinken será el secretario de Estado de Joe Biden. Un veterano que acompaña a Biden desde sus días en el Senado y, posteriormente, en la Administración de Barack Obama, donde ejerció como segundo de John Kerry entre 2015 y 2017, Blinken está llamado a liderar la vuelta de EE UU a los escenarios del multilateralismo. El nuevo Gobierno retoma así el viejo mapa de carreteras surgido tras el final de la II Guerra Mundial, amenazado, pero también afinado durante la Guerra Fría, y sometido a múltiples turbulencias en las últimas décadas, aunque compartido tanto por demócratas como por republicanos.

Entre las prioridades del Gabinete Biden, figura en letras doradas restablecer unas relaciones óptimas con Europa y con los socios de la OTAN. Adiós, por tanto, a los continuos desencuentros con Alemania, con la que la Casa Blanca de Donald Trump chochó en varias ocasiones.

Por supuesto, se trataría también de redoblar la apuesta por la defensa común en el Este de Europa. Blinken ya estaba en la Administración exterior durante el conflicto de Crimea. Ejerció entre 2013 y 2015 como «número dos» de Seguridad Nacional. Con amplia experiencia en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, sirvió en el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional con Bill Clinton.

Los medios estadounidenses también destacan su papel durante la operación que acabó con la vida de Osama Bin Laden y su labor en la lucha contra el Estado Islámico. Veterano también de la administración Obama durante la Primavera Árabe, Blinken liderará los esfuerzos del nuevo Gobierno para retomar el acuerdo internacional suscrito con Irán para evitar que fabrique armas nucleares. Un pacto firmado en 2015 tanto por EE UU e Irán como por Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania.

El Plan Conjunto de Acción Comprehensiva fue abandonado por EE UU en 2018. Desde entonces la tensión no ha dejado de crecer entre los dos países. Hace apenas una semana, Trump consultó con sus asesores la hipótesis de un bombardeo o un ciberataque contra Natanz, donde, según técnicos de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) las reservas de uranio desarrolladas ya por los iraníes superan ya los 2,5 kilos. De confirmarse, dichas reservas suponen un incumplimiento por parte de Irán del acuerdo. Pero la dictadura de los ayatolás confirmó en su momento que ya no se siente sujeta a las cláusulas suscritas.

Otra de las obsesiones del Gobierno Biden pasa por devolver a EE UU al Acuerdo de París y, a ser posible, en un plazo no superior a 100 días. El 5 de noviembre EE UU abandonó oficialmente el acuerdo, después de que haya transcurrido un año desde que la Casa Blanca notificó oficialmente sus intenciones a la ONU. Pero regresar a París puede complicarse sin la aprobación de las cámaras legislativas. De ahí que resulte crucial la batalla por Georgia, donde están en juego dos senadores el 5 de enero.

Quien fuera jefe de Blinken en el Departamento de Estado, John Jerry, ejercerá ahora como «zar» para el Clima. Alejandro Mayorkas y Jake Sullivan ejercerán al frente del Departamento de Seguridad Nacional y Avril Haines dirigirá la Inteligencia. Linda Thomas-Greenfield será la embajadora ante la ONU.

Blinken también espera restituir a EE UU en la OMS, a la que notificó su salida el 6 de julio. En opinión de Trump, la OMS actuó como correa de transmisión de China, a la que ayudó «para engañar al mundo cuando el virus fue descubierto por primera vez por las autoridades chinas».

China, por supuesto, será objeto de atención prioritaria. La idea, ya adelantada por el propio Biden, pasaría por intentar rebajar la tensión con el gigante asiático al tiempo que los negociadores estadounidenses mantienen firmes sus pretensiones en varias cuestiones esenciales, del desarrollo e implementación de 5G a la violación de la propiedad intelectual e industrial, y desde las violaciones de los derechos humanos y la persecución de las minorías étnicas y religiosas a las agresiones sistémicas contra la democracia en Hong Kong y las ambiciones expansionistas de Pekín en el mar del Sur de China.