Londres y Bruselas frenan la negociación post Brexit

Johnson y Von der Leyen hablarán hoy para intentar desatascar los tres escollos que impiden un acuerdo: la pesca, las ayudas públicas y la gobernanza

El negociador jefe de la UE, Michel Barnier, ayer, a su llegada a las negociaciones en Londres
El negociador jefe de la UE, Michel Barnier, ayer, a su llegada a las negociaciones en Londres FOTO: Kirsty Wigglesworth AP

Quedan poco más de tres semanas para que los británicos salgan a efectos prácticos de la UE. Pero, lejos de acercar posturas para definir cuál serán las relaciones futuras, Londres y Bruselas frenaron esta noche las negociaciones con las que se intenta desde hace meses cerrar un acuerdo comercial. Sin pacto, a partir del 1 de enero, la relaciones se regirían únicamente bajo las pautas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), lo que supone cuotas y aranceles. En definitiva, el temido Brexit económico.

«Consideramos que no se cumplen aún las condiciones para un pacto debido a las divergencias significativas en materia de igualdad de condiciones, gobernanza y pesca», rezaba el comunicado publicado por el negociador comunitario, Michel Barnier, y su homólogo británico, David Frost. Se trata de las mismas tres cuestiones que desde el principio han impedido acercamiento.

Hoy, el primer ministro británico, Boris Johnson, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, mantendrán una conversación telefónica para intentar dar impulso político a una situación que está ahora completamente enquistada.

Esta última semana se llegó a respirar mucho optimismo. Los equipos negociadores llevaban desde el sábado encerrados en el sótano sin ventanas del número 1 de Victoria Street. El miércoles por la noche, la imagen de un hombre entrando con varias cajas de pizza al edificio auguraba una inminente fumata blanca. Había mucha expectación para un posible anuncio el viernes. Pero todo volvió a desvanecerse.

En la recta final, ninguna de las dos partes está dispuesta a realizar más concesiones y mientras que Londres repite que es mejor «un no acuerdo que un mal acuerdo», la UE advierte de que no va a pagar cualquier precio.

En concreto, Francia amenaza incluso con vetar el posible convenio, ya que es una de las que muestra una postura más críticas respecto a la pesca. «Si hubiera un acuerdo que no fuera bueno según nuestro análisis y no se correspondiera con nuestros intereses, nos opondríamos», declaró el secretario de Estado francés para Europa, Clément Beaune.

La pesca tan solo representa el 0,1% del PIB británico (con una facturación anual de 1.600 millones de euros y 24.000 empleos directos). Pero su importancia a nivel político es totémica, ya que recuperar el control de las aguas fue una de las claves de la causa euroescéptica. El problema es que para París también juega un papel primordial políticamente.

Londres pretendía dejar la negociación pesquera fuera del acuerdo y determinar anualmente las cuotas de acceso a sus aguas a la flota de la UE, fundamentalmente la francesa y la irlandesa. Bruselas insistió en la necesidad de incluir la cuestión en el paquete general de las negociaciones y llegar a un acuerdo a más largo plazo que permita una cierta «previsibilidad» a las flotas.

Pero durante las arduas negociaciones es un asunto que se ha quedado completamente atragantado. El Gobierno británico reclamaba en un principio la «repatriación» de hasta el 80% de las capturas en sus aguas territoriales, mientras que la UE ofrecía de un 15% a un 18%, una cifra considerada como «irrisoria» por Londres. Bruselas bajó el listón hasta el 60% esta semana, y algunas fuentes señalaron que incluso la rebaja llegaba al 50%. Cuando el resto de Estados miembros comenzaron a percibir demasiadas concesiones, comenzó el nerviosismo. Y en cuestión de horas todo volvió a congelarse.

Nada impide que, si no se llega a un pacto, Londres y Bruselas sigan negociando tras el 31 de diciembre, cuando Reino Unido ejecutará un divorcio que se consumó ya legalmente en enero. Pero los efectos a corto plazo de un Brexit duro amenazan con dañar la economía, ya tocada por la pandemia.