Reunión “vis a vis” para desbloquear el Brexit comercial

Von der Leyen y Johnson intentarán resolver en persona las «diferencias significativas»

Boris Johnson y Ursula von der Leyen
Boris Johnson y Ursula von der Leyen FOTO: Twitter La Razón

Pesimismo creciente, pero aquí nadie quiere tirar la toalla. Tras una llamada ayer entre la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen y el primer ministro Boris Johnson las espadas siguen en alto. En un escueto comunicado emitido ayer , las dos partes constatan que aún existen «diferencias significativas» que impiden el acuerdo. Ante la imposibilidad de que los dos equipos negociadores logren avanzar, los dos líderes europeos acordaron ayer reunirse en persona en los «próximos días» en Bruselas para intentar desbloquear el Brexit al máximo nivel político. Johnson y Von der Leyen frente a frente. Previsiblemente el miércoles, antes de la cumbre europea. Ante lo delicado de la situación no basta con una llamada telefónica.

Las negociaciones este domingo entre Michel Barnier y David Frost no consiguieron obrar el milagro. A pesar de algunas noticias optimistas sobre avances significativos la pesca, el negociador europeo informó ayer a los embajadores de los Veintisiete de que los tres grandes escollos continúan abiertos: acceso a los caladeros británicos, gobernanza y competencia justa. Y tal y como rezan todos los manuales de negociación bruselenses: nada está acordado hasta que todo lo está. Las diferencias son más que conocidas. El club comunitario pretende seguir teniendo acceso a los caladeros mientras que Reino Unido quiere recuperar la soberanía de sus aguas y apuesta por un acuerdo revisable una vez al año, al igual que el que los 27 mantienen con Noruega. Tras un rifirrafe en los últimos días sobre el mantenimiento de un porcentaje de las capturas, se abre la posibilidad de pactar un período transitorio durante el cual se mantenga a grandes rasgos el status quo. Pero el diablo sigue estando en los detalles y Barnier tuvo ayer que informar amargamente de que no había sido posible la fumata blanca, pese a los avances.

Aunque en los últimos días ha habido avances sobre las normas de subvenciones públicas, los 27 quieren asegurarse de que habrá mecanismos legalmente coercitivos para asegurar el cumplimiento e incluso posibles indemnizaciones. El club comunitario se distingue por unas severas normas de competencia que son fijadas por el ejecutivo comunitario y los 27 no quieren que las empresas británicas se aprovechen de una mayor flexibilidad. Por otro lado, Bruselas siempre ha perseguido un método claro de gobernanza para asegurar que el nuevo acuerdo post-Brexit se cumple y esta exigencia ha adquirido incluso más sentido después de que Reino Unido amenace con violar el acuerdo de divorcio.

Y es que el Gobierno británico insiste en que su intención es acabar firmando un convenio. Y no hay razones para no creerlo. Ya que, aparte de la llamada entre el «premier» y la presidenta, el vice primer ministro británico Michael Gove viajó ayer hasta Bruselas para reunirse con el vicepresidente de la Comisión Maros Sefcovic. Un Brexit duro económico sería un gran golpe para la economía de Reino Unido, un país ya en recesión al que la pandemia le ha llegado a acumular un déficit histórico. Pero la falta de avances se debe siempre a la misma razón: Londres defiende que no quiere poner en peligro su soberanía y la UE le recuerda que si quiere beneficiarse del mercado único tiene que acatar las normas.

El reloj de arena juega ya en contra. Apenas quedan 23 días para los británicos consumen ya a efectos prácticos el divorcio. Sin embargo, en lugar de intentar conseguir cerrar un acuerdo en las próxima horas para poder presentarlo en la cumbre europea del jueves, la estrategia de Downing Street podría ser ahora la de alargar plazos para incrementar aún la tensión y conseguir que precisamente en la simbólica cita los estados miembros acepten que la UE tiene que realizar más concesiones para evitar la ruptura caótica. Tan sólo son rumores ante el hermetismo que reina en el Número 10. Aunque a Johnson siempre le han gustado los órdagos.

Cada símbolo es clave. Y el primer ministro es consciente de que si firma algo que en casa se pueda interpretar como una gran cesión, su propio puesto estaría en juego. Steve Baker, líder del núcleo duro de los «tories» euroescépticos, amenaza con una votación de no confianza sobre su liderazgo, en caso de que, a juicio de los «Brexiteers», se sobrepasen las líneas rojas. De ahí que, de cara a su parroquianos, el «premier» tenga seguir guardando ciertas formas. En este sentido, el líder conservador volvió anoche a incluir en el proyecto de Ley de Mercado Interno las polémicas cláusulas con las que está dispuesto a violar el Acuerdo de Retirada firmado el año pasado con la UE. Durante la tramitación de la normativa, los Lores retiraron los párrafos de la discordia, pero a su vuelta a la Cámara de los Comunes, el «premier» los volvió a incluir. Eso sí, el Ejecutivo se comprometió ayer a quitar las cláusulas si finalmente hubiera convenio comercial. Tal y como están las cosas, dejarlo por escrito se interpretó como un gran gesto.