El año perdido: la pandemia marca el primer aniversario de Alberto Fernández

El presidente de Argentina celebra su primer año en el Gobierno acechado por la gestión del coronavirus

El presidente argentino, Alberto Fernández
El presidente argentino, Alberto Fernández CASA ROSADA

Un año perdido, o tal vez ganado en tiempo. La pandemia de coronavirus ha sumergido a Argentina en una especie de burbuja que parece detenerla en el tiempo. En donde una gestión de un país que ya iba a la deriva, tan solo ha sabido esquivar los riscos más afilados. Es difícil dirimir la gestión del presidente Alberto Fernández cuando está además aconsejado, por lo menos en decisiones claves, por la viuda peronista, Cristina Kirchner.

El presidente Alberto Fernández cumple hoy un año al frente del Ejecutivo Nacional, una gestión que se inició con las metas de sacar al país de la recesión, reducir la inflación y dar respuesta a la problemática social, potenciando el rol regulador del Estado pero que a menos de tres meses de asumido debió sumar rápidamente otras prioridades para hacer frente a la peor pandemia de la historia mundial reciente.

”Es tiempo de comenzar por los últimos para después poder llegar a todos: este es el espíritu que hoy inauguramos. Los convoco sin distinciones a poner a la Argentina de pie, que comienza a caminar, con desarrollo y justicia social”, dijo Fernández, en su discurso de asunción ante la Asamblea Legislativa y ante un país agobiado por la crisis económica y social heredada del Gobierno de Mauricio Macri.

Los orígenes

Su madre Celia Pérez, separada de su primer esposo, se unió a Carlos Pelagio Galíndez, que fue juez de la Nación y a quien Alberto considera su verdadero padre. Su progenitor biológico, con el que tuvo escasa relación, falleció en 1978. Su abuelo adoptivo, Manuel Galíndez, fue senador provincial de La Rioja por la Unión Cívica Radical. Es hay donde empezó a saborear las mieles del poder. De la política. De hay llegaron sus tiempos rockeros, estudiantiles –en la facultad de Derecho-, de militancia, lucha.

De su primer matrimonio con Marcela Luchetti, de quien se divorció en 2005, nació su hijo Estanislao, en 1995. Tras esa separación fue pareja de la dirigente y ahora flamante funcionaria Vilma Ibarra. Desde 2014 está en pareja con la periodista y actriz Fabiola Yáñez. En realidad fue antes. El era profesor y ambos quedaron fascinados. Hasta fue al acto, cuando la periodista se recibió. Es un hombre que se define como moderado, sumamente inteligente pero que al mismo tiempo, supo pactar con el diablo. Después de abdicar como jefe de Gabinete con Cristina Kirchner siguió conspirando en la sombra contra la ex presidenta. Incluso el hijo CFK seguía visitándolo en su piso de Puerto Madero –una de las partes adineradas de Buenos Aires-. Seguía comiendo con grandes dirigentes semanalmente en el Hotel Faena –apenas toma alcohol y se cuida con las comidas- . En realidad nunca abandonó el poder, incluso con su bajo perfil, siempre fue influyente. Finalmente y a pedido de ella se aliaron, y volvieron a la Casa Rosada.

La gestión

En su mensaje inaugural, Fernández ya marcó a trazo grueso los ejes de su gestión: crecimiento económico con inclusión social, resolver el peso de la deuda externa contraída por la gestión de Cambiemos, sin postergar el desarrollo y la sustentabilidad social del país, pero también delineó cambios institucionales, como la reforma integral del sistema de Justicia, entre otras.

Con el foco puesto en millones de argentinos que no tenían garantizado el acceso regular a los alimentos, en el primer mes de gestión, el Gobierno ya había puesto en marcha el Plan Nacional Argentina contra el Hambre, que engloba medidas que van más allá de la alimentación y contribuyen también a combatir la pobreza, activar la economía, reactivar el consumo y generar empleo en los segmentos más vulnerables. A eso se sumaron los congelamientos en tarifas de transporte, luz y gas; los bonos a jubilados y a titulares de AUH, el aumento a privados por decreto; los cambios en el IVA de los alimentos y la implementación de la tarjeta alimentaria.

También impuso la doble indemnización para despidos sin causa, medicamentos gratis para jubilados y el relanzamiento del programa Precios Cuidados, entre otras medidas.Además se fijó el retorno a un Estado presente con el restablecimiento de las carteras de Ciencia y Tecnología, Trabajo y Cultura y con la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad.

Buscó sostener la economía a través de créditos a tasas subsidiadas para Pymes, el programa de Asistencia al Trabajo y a la Producción (ATP), la reactivación de la obra pública, con, por ejemplo, el relanzamiento del Procrear y reforzó la atención a los sectores más vulnerables con una amplia red de contención social, con medidas como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y el refuerzo de asistencia estatal a comedores y merenderos y programas de promoción laboral, como el Potenciar Trabajo.En ese escenario, el Gobierno encaraba uno de los capítulos más difíciles de la agenda económica que tenía apenas asumió: reestructurar una mochila de deuda con los acreedores privados por casi 65.000 millones de dólares.

Tras una dura y extensa negociación timoneada por el ministro de Economía, Martín Guzmán, Argentina logró en agosto cerrar con éxito su oferta de reestructuración de deuda por cerca 63.500 millones de dólares, en la que obtuvo un nivel de adhesión del 99%, con lo que no quedaron holdouts como sucedió en 2005, y que contó con el apoyo del FMI.

Iniciativas enviadas al Congreso

El actual crecimiento del coronavirus y la inminente llegada al país de la vacuna, le permitió al Ejecutivo volver a enfocarse en sus promesas de campaña, con el envío al Congreso de proyectos de ley, como el de legalización del aborto, la reforma judicial, pero también con el impulso de ciertas iniciativas que garanticen una mayor recaudación y distribución de fondos en el marco de la pandemia. Así envió para la discusión parlamentaria, los proyectos de ley del Aporte Solidario y Extraordinario de las Grandes Fortunas, con el objetivo de recaudar 300.000 millones de pesos -3.000 millones de euros- para volcar a planes productivos y sanitarios.

Sin embargo, las voces criticas ven en la reforma de la Justicia un ley que busca, y de hecho lo ha conseguido, sacar por el momento de la cárcel a todo el séquito de la era K procesado por corrupción, incluida su compañera de formula Cristina. Además se critica su eterna cuarentena la más larga del planeta, una manera de confinar al pueblo, una cortina de humo para no tratar los temas reales que afligen al país. El aumento de la pobreza, que supera el 40% es un problema que se está combatiendo con subsidios ridículos y partidas de comida raquíticas. El sistema no da más. La historia dirá si simplemente Alberto se enganchó al carro, tras un gobierno fúnebre o de verdad, se enfrentó al lado oscuro del peronismo. Las venas siguen abiertas en Argentina.