El Partido Republicano afronta la era post Trump

La estrategia del presidente saliente divide a los conservadores

El líder del Senado, el republicano Mitch McConnell
El líder del Senado, el republicano Mitch McConnellRod Lamkey / POOLEFE

Cuando Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, felicitó el lunes a Joe Biden, al que reconoció como presidente electo, dejaba claro que algunos de los pesos pesados del partido no están dispuestos a dejarse arrastrar por la tormenta de los últimos días. Casi inmediatamente las redes sociales, y no pocos medios afines, se llenaron de ataques contra el hombre que manejó el Senado con puño de acero. Alguien que logró hitos tan incontestables como la destrucción de la amenaza del «impeachment» o las decenas de nombramientos de jueces, incluidos los tres del Supremo.

La suya, por tanto, sería la vía republicana hacia un mañana más parecido a las décadas previas que a los últimos cuatro años de “show” dramático. Pero hay otra posibilidad. La de un Partido Republicano enrocado en las teorías de la conspiración. Ejemplificada por su supremo comandante, Donald Trump, que en las últimas horas ha azotado a quienes no abrazan unas acusaciones desintegradas en cuanto sus abogados acuden a los tribunales.

«No puedo creer lo mal que están los índices de audiencia de Fox News», escribió ayer miércoles en su cuenta de Twitter, con casi 89 millones de seguidores, «jugaron directamente en las manos de los demócratas radicales de izquierda y ahora flotan en el limbo», dijo. «Fox News está muerta», añadió. Poco después sostuvo que «la gran diferencia entre 2016 y 2020 es Fox News, a pesar de que pasé de 63.000.000 de votos a 75.000.000 de votos, un incremento récord de 12.000.000. Obama bajó 3.000.0000. dijo, refiriéndose a las elecciones de 2012, y ganó. Elecciones amañadas!».

Son la clase de declaraciones que han provocado que millones de votantes piensen que el sistema está en quiebra y que Trump es ya la única esperanza de salvación de la democracia estadounidense. Y nadie sabe muy bien qué sucederá con ellos o a quién votarán si su ídolo desaparece del mapa. Desde luego, a juzgar por sus manifestaciones, parece decidido a mantenerse en la arena política.

Diferentes medios han apostado estos días a que podría repetir candidatura en 2024. Pero dependerá en buena medida de los sondeos que maneje en los próximos dos o tres años. Bastante humillación ha supuesto ya ser el primer presidente que no repite mandado desde George Bush padre en 1992.

De momento, los más recalcitrantes insisten en citar casos como el de Antrim, en Michigan, como extravagante prueba de que una conjunción de poderes oscuros trabajó para robar las elecciones. Y es muy posible que la victoria tenga muchos padres y la derrota sea huérfana, pero todavía lo es más que los próximos años del Partido Republicano no serán mecidos por la brisa de la misericordia, sino por la ventolera del resentimiento y la desconfianza. Algo inevitable dada la disposición del presidente saliente a mantener que el sistema está quebrado y la actitud mostrada por decenas de gobernadores congresistas republicanos, que escoltan sus teorías de la conspiración por convencimiento o miedo.

No en vano Trump, sacó más de 74.223.744 votos el 3 de noviembre, un resultado espectacular a pesar de la derrota. Que confirma su carisma y su crucial ascendencia sobre el partido. En este escenario de acusaciones cruzadas y paranoia, de dudas sobre el futuro y senderos cruzados, destacan declaraciones como las de Christopher Krebs, director de la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad, despedido en noviembre de 2020 por el mismo hombre que lo nombró en noviembre de 2018. Trump no le perdona que haya asegurado que las pasadas elecciones a la Casa Blanca fueron las más seguras de la historia.

Ahora, declarando delante del Comité de Asuntos Gubernamentales y Seguridad Nacional del Senado, Krebs sostiene que «los continuos ataques a la democracia y el resultado de estas elecciones solo sirven para socavar la confianza en el proceso democrático».

El ex presidente George W. Bush aspira a que el partido reencuentre su apuesta por el libre comercio, la globalización y el papel de EE UU como actor imprescindible para mantener la fortaleza de la democracia a nivel mundial.

Otros, en cambio, creen que los republicanos deben de ahondar en la senda marcada por Trump. Con independencia de que siga o deje sitio a un sucesor esperan un partido más nacionalista y más cerca de las tesis esbozadas por Steve Bannon hace cuatro años.