Una regresión en el sueño europeo

La ruptura del orden liberal y del derecho del individuo por parte de uno de los actores fundamentales en la lucha contra el fascismo

Una bandera de Reino Unido con las estrellas de la UE en las inmediaciones del Parlamento británico
Una bandera de Reino Unido con las estrellas de la UE en las inmediaciones del Parlamento británicoANDY RAINEFE

Nos encontramos ante un escenario político complicado. El Brexit representa uno de los episodios más preocupantes en la escena internacional. Es el reflejo de la evolución hacia un mundo más dividido, en el que las diferencias priman sobre todo aquello que nos une. Hoy es un día triste.

Hoy es un día triste porque representa un paso atrás en la evolución hacia una política menos divisiva, hacia una política menos polarizada. Europa ha intentado ser el faro en la oscuridad que marcaba la ruta hacia un futuro en que la organización política no tendría que basarse en nuestras diferencias, que podría construirse sobre aquello que nos une.

Europa es una apuesta. Una apuesta arriesgada. Una apuesta en la que el premio es un nuevo modelo de sociedad en la que podemos dejar atrás nuestras carencias, nuestros vicios y nuestros miedos, especialmente de aquellos que no son exactamente como nosotros.

Reino Unido siempre fue pionero en avanzar nuestros sistemas políticos en el continente. Desde la implantación del parlamentarismo moderno a la resistencia contra el fascismo, comunismo, nazismo y autoritarismos de toda índole, Reino Unido siempre fue el referente en el avance de los derechos básicos del individuo.

Hoy, Reino Unido ha acabado por ceder el liderazgo del orden liberal en el que nuestros derechos emanan del simple hecho de ser. Que tenemos derechos iguales por el simple hecho de que somos humanos. El debate sobre soberanía no es nuevo. Siempre hemos debatido sobre donde reside la soberanía. ¿Reside en el territorio, en la nación, en el estado, en la persona?

Los británicos han decidido optar por un modelo político en el que el derecho del grupo ha de imponerse sobre nuestro derecho individual. En occidente llevamos tiempo defendiendo que la única base legítima sobre la que construir el estado es el individuo, sus derechos y libertades, así como sus obligaciones. Y, sin embargo, los británicos han decidido optar por un modelo cortoplacista, ignorando los peligros y los retos a los que debemos enfrentarnos en el nuevo panorama global.

La decisión del brexit es una prueba más de la decadencia del orden liberal. Una decadencia marcada por el crecimiento de los nacionalismos excluyentes y de los movimientos populistas que no hacen más que echar más leña al fuego de la crispación y la división.

Europa es el experimento político más importante que hayamos puesto en marcha. Europa es la mayor apuesta hacia la concordia, hacia un futuro marcado por el entendimiento y la cooperación frente al enfrentamiento, la competencia y la división. Reino Unido ha emprendido el camino contrario.

Estamos, pues, ante la que quizás sea una tragedia para los británicos. Aunque parafraseando a uno de los padres de nuestro proyecto común, este evento no hará más que impulsar Europa. Y es que Europa ha sido siempre construida e impulsada a partir de crisis.

Europa es más que un proyecto político. Es una apuesta ética y moral. Es la apuesta sobre la que nos jugamos, literalmente, nuestro futuro. Debemos dejar los experimentos para la gaseosa.