La armada imperial del saqueo esquilma los océanos del mundo

Unos 17.000 barcos chinos arrasan de forma ilegal los paraísos marinos

Piratas somalíes en un barco chino secuestrado
Piratas somalíes en un barco chino secuestrado

Amanece en el puerto de Montevideo (Uruguay), nos ocultamos en una de las pequeñas veredas a pocos kilómetros del puerto. El sol asoma con sus colores anaranjados, sus rayos iluminan nuestras lanchas de goma y algunos kayaks que nos escoltan. Permanecemos ocultos. El factor sorpresa es esencial. Divisamos varios barcos chinos que permanecen flotando a pocos kilómetros. Se trata de una de las acciones de Greenpeace para denunciar la pesca ilegal. Es la nueva batalla que se libra en el mar contra los piratas del siglo XXI, solo que está vez los tesoros no están enterrados, se encuentran sumergidos en los tres grandes océanos.

Mientras una flota compuesta por miles de pesqueros chinos detectada frente a las costas de Ecuador, Perú y Chile navega por el Pacífico suramericano en busca de especies marinas, en especial el calamar. Es la denominada “armada imperial del saqueo”

Solo hacia el mar Argentino se dirigen 500 barcos chinos a pescar de manera ilegal. Así lo alertó un grupo de diputados en el Congreso al entregar una resolución que denuncia que, como consecuencia de la pesca ilegal, se producen “daños biológicos y económicos calculados en 2.500 millones de dólares” y “pérdidas por mercancías no declarada que pueden representar alrededor de 1.400 millones de dólares anuales en la comercialización final de esos productos”, además de “pérdidas de puestos de trabajo, ya que las capturas ilegales se distribuyen en los mismos mercados donde comercializa legalmente Argentina” e implica “competencia desleal”.

Volvemos a Montevideo. Manuel, un español voluntario de la organización ecologista, da la orden. Comienza la carrera hasta llegar a las inmediaciones de los barcos chinos y desplegar una enorme pancarta con forma de flecha acusatoria, donde puede leerse: “Saqueadores de los océanos”.

“Lo que hoy evidenciamos en alta mar es muestra de que los océanos necesitan ser protegidos con urgencia. La falta de control y regulación de las aguas internacionales le permite a las pesqueras saquear y vulnerar el Atlántico Sur, dejando al océano al borde del colapso. Es por esto que desde Greenpeace exponemos una problemática invisible para muchos; y así generar toda la presión pública posible para que los gobiernos del mundo acuerden en la ONU un tratado global por los océanos para proteger a la vida marina a través de la creación de una red de santuarios”, señala Luisina Vueso, coordinadora de la campaña de océanos de Greenpeace Andino.

En tota, son 17.000 barcos los que navegan en busca de esos recursos. Las noticias en Galápagos -Patrimonio de la Humanidad, según Naciones Unidas- comenzaron a conocerse en agosto pasado. Ese lugar cuenta con uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad del planeta, y China lo pone en peligro. Para empeorarlo, esa voracidad pesquera atenta contra los pobladores locales de aquellas islas y del resto del mundo. Lo mismo se vivió hace pocas semanas en Perú y Chile.

Liberia, otra nación poco desarrollada, también sufre las consecuencias de la captura descontrolada. A sus costas arribaron “super jabegueros”, unas embarcaciones que arrastran sus redes para cazar en aguas profundas. El interés de los buques es la pesca comercial de merluza, merluza negra, el calamar y el tiburón. Algunos buques pueden llegar a medir hasta 95 metros de eslora (casi el tamaño de un estadio de fútbol).

El IUU Fishing Index es un ranking que ayuda a conocer cómo las naciones se comportan en esta industria y los esfuerzos que hacen para mantenerla bajo regulación internacional. En 2019, Bélgica fue el país mejor calificado; China, el peor.

Además, las condiciones en las que se trabajan en “estos monstruos de hierro” son nefastas. Alexis Olivares es el primer testigo que cuenta lo que es trabajar para una de las embarcaciones pesqueras chinas que asola las costas chilenas y que ha despertado las alarmas en el país.

Olivares permaneció dos años. Inició sus tareas en Uruguay, donde le ofrecieron un salario de 400 dólares al mes. Trabajó junto a otras 25 personas en un barco con capacidad para muchos menos. El chileno reveló que faenó en condiciones de “esclavitud” y que un día que quiso escapar tras un desembarco, le negaron sus documentos. “Si algún chino no trabajaba, lo golpeaban”.

Por su parte, otros países como Reino Unido prepara a su Armada para patrullar las aguas y detener a pesqueros con bandera de los países de la Unión Europa (UE) una vez ha salido del bloque. Cuatro buques militares de 80 metros están listos para proteger a partir del 1 de enero las 200 millas náuticas de aguas territoriales británicas donde pescadores franceses, neerlandeses, irlandeses y españoles faenan habitualmente desde hace siglos.

Los países de Suramérica también barajan armar una flota conjunta protectora de los mares. Pero la batalla además se libra en los despachos. Solo el 1% de los océanos del mundo está protegido. A principios del 2020, los Gobiernos tenían en la ONU la oportunidad de proteger al menos el 30% de los océanos para 2030 de la amenaza de las industrias, entre ellas, la pesquera. Pero la resolución quedó aplazada por la pandemia de coronavirus. El tiempo se agota.