África

África: elecciones controvertidas, un golpe de estado, conflictos y una transición ejemplar

El continente ha sido el menos afectado por la pandemia, debido a la juventud de su población

Una mujer pasea en Lagos, Nigeria
Una mujer pasea en Lagos, Nigeria FOTO: Sunday Alamba AP

África no ha escapado de la pandemia que ha marcado el mundo en 2020. Sin embargo, probablemente por la juventud de su población, ha sido el continente menos afectado, si hablamos de contagios y muertes. Influyen en los datos, por supuesto, una menor capacidad para detectar casos y, quizá, una infraestructura ya existente para combatir enfermedades como el ébola que solo había que reactivar. Otra historia son las consecuencias económicas y sanitarias. Ya se está planteando, por ejemplo, qué pasará con el acceso a las vacunas en las regiones más pobres, con la dificultad añadida de mantenerlas en frío. Pero eso será en 2021.

Este año que termina ha estado marcado políticamente por las elecciones generales que se han desarrollado en diez países, sin demasiada alternancia, y alguna de ellas especialmente controvertida, como es el caso de la República de Guinea y Costa de Marfil, con un punto en común: Alpha Condé, en Guinea-Conacry, y Alassane Ouattara, en Costa de Marfil, han comenzado un tercer mandato pese a la prohibición de sus respectivas constituciones y tras unas elecciones marcadas por la violencia. No faltó polémica en Burundi, donde la repentina muerte del presidente burundés Pierre Nkurunziza, a los 55 años de un infarto hizo pensar en que el cambio era factible, pero no fue así. Nkurunziza había anunciado que dejaría el cargo tras 15 años en el poder y unas elecciones celebradas el 20 de mayo pusieron en el cargo a su delfín, Évariste Ndayishimiye. Continuidad, pero con otro nombre, en definitiva.

Tampoco se ha librado el continente de un golpe de estado, en Mali, pero también ha registrado una transición con final feliz, en Malaui. En Mali, el 18 de agosto, el presidente Ibrahim Boubacar Keïta fue derrocado por un golpe militar después de varios meses de crisis política, una insurgencia yihadista y una ola de protestas. Bajo la amenaza de sanciones internacionales, los militares finalmente entregaron el poder entre septiembre y octubre a un gobierno interino que deberá ceder el mando dentro de 18 meses. En la otra cara de la moneda, Malaui, donde se celebraron unas nuevas elecciones presidenciales, tras la anulación por acusaciones de fraude de las de 2019 en las que “ganó” el presidente Peter Mutharika. El líder de la oposición, Lazarus Chakwera, fue proclamado vencedor con apoyo de más del 58 por ciento.

Desgraciadamente, 2020 también será recordado por sus conflictos, con la reactivación del del Sáhara y con la “sorpresa” de una región que, por fin, parecía haber logrado cierta estabilidad, el cuerno de África. Con la ironía añadida de que ha sido un nobel de la paz quien ha tomado las armas, desestabilizando la región. Todo comenzó cuando el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, lanzó el 4 de noviembre una operación militar contra el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF), que encabeza esta región disidente en el norte del país. Los acusó de intentar desestabilizar al gobierno federal y de atacar dos bases militares etíopes en la región, lo que las autoridades de Tigray niegan. Después de varias semanas de enfrentamientos, el gobierno etíope aseguró el 28 de noviembre haber recuperado el control. Pero el conflicto continúa, “salpica” a los vecinos, y la comunidad internacional denuncia “crímenes de guerra” y más de 50.000 refugiados que han huido al vecino Sudán.

Y en el norte de África, el Frente Polisario ha declarado la guerra a Marruecos de forma oficial, agudizando un conflicto de décadas atrás y en el que España tiene un papel importante.

Otra muy mala noticia, y no solo para el continente, es que el yihadismo gana terreno en África, donde se encuentran dos de los principales focos de actividad yihadista actuales: el Sahel central, donde operan filiales de Al Qaeda y Estado Islámicos, enfrentadas entre sí, y el lago Chad, donde Boko Haram volvió a ser protagonista con el secuestro de 344 estudiantes en Nigeria que afortunadamente fueron liberados.

Y finalmente, tampoco han faltado movimientos populares, como el de Nigeria contra la brutalidad policial, muy activo y con gran repercusión en redes sociales con el hashtag #EndSars.