El temor a que se propague la violencia trumpista

Un congresista denuncia que los asaltantes contaban con información privilegiada

La Policía de San Diego se enfrenta a unos manifestantes a favor de Trump, ayer
La Policía de San Diego se enfrenta a unos manifestantes a favor de Trump, ayerNelvin C. CepedaAP

El mandato de Donald Trump termina en nueve días, pero su legado permanecerá y, con toda seguridad, marcará un antes y un después en la historia de EE UU. Trump será recordado, entre muchas otras cosas, como el presidente estadounidense que puso en jaque la democracia del país más democrático del mundo. Y esta semana podría convertirse también en el único en haber sido sometido dos veces a un «impeachment».

Los demócratas tienen todo preparado para hacerlo. Llevar de nuevo a Trump a otro juicio político, aunque esta vez por la vía rápida, e impedir que salga impune del último episodio de incitación a la violencia y sedición que ha generado un ambiente de inestabilidad e incertidumbre sin precedentes pocos días antes del cambio de Administración. Cinco muertos, medio centenar de heridos y más de 80 detenidos no reflejan con fidelidad el catastrófico balance que podría haber ocasionado el ataque al Capitolio el 6 de enero, planificado para coincidir con la certificación de Joe Biden como ganador de las elecciones presidenciales por el Colegio Electoral.

El FBI sigue recopilando pistas de informantes que hayan podido identificar, entre los asaltantes, a alguno de sus conocidos. Hasta 50.000 dólares están dispuestos a pagar los servicios de inteligencia estadounidenses para quienes les ayuden a identificar a los responsables del intento de golpe de Estado en el emblemático edificio federal.

Si los impactantes vídeos y fotografías paralizaron durante horas al mundo entero, las imágenes que se han ido dando a conocer días después demuestran que el episodio fue premeditado y mucho más violento de lo que se esperaba, encendiendo todas las alarmas sobre la posibilidad de que el vergonzoso ataque del Día de la Insurrección sea sólo el principio. Lo cierto es que la certificación de los votos electorales en el Congreso es un proceso formal que hasta ahora no había ganado el más mínimo protagonismo, si no fuera por las continuas acusaciones –sin pruebas– de un Trump incapaz de reconocer su derrota electoral durante más de dos meses y alentando a sus seguidores (fanáticos, enfurecidos y armados) a tomarse la justicia por su mano al impedir el proceso oficial del Capitolio.

El que será recordado como uno de los episodios más oscuros y violentos de la historia reciente de EE UU se convertía en la mayor amenaza a su democracia provocada por los propios estadounidenses. Algunas de las imágenes que están analizando las Fuerzas de Seguridad muestran a hombres armados hasta los dientes con bridas. Por lo que los expertos que si bien algunos de los que entraron en el Capitolio fue por seguir a las masas y un hecho fortuito, algunos de ellos lo tenían bien estudiado. Incluso sus planes no eran sólo los de irrumpir, sino de secuestrar a algunos de los protagonistas de la ceremonia.

El vicepresidente Mike Pence y el líder republicano del Senado Mitch McConnell, ambos grandes aliados de Trump hasta ahora, han sido el blanco principal de los recientes ataques por su falta de lealtad al presidente cuando éste les pidió pasar por alto la Constitución para revertir el proceso de certificación de votos a su favor. Contradecir a Trump les ha puesto en el punto de mira de sus fanáticos seguidores, que entraron al Congreso al grito de «matar a Mike Pence» y amenazando a McConnell por haber sido un «traidor» con su presidente.

El demócrata James Clyburn, miembro de la Cámara de Representantes, señaló ayer que los asaltantes del Capitolio han podido contar con información privilegiada, ylo que es peor, desde alguien que conoce bien el Congreso, pues la turba encontró su segunda oficina a pesar de que no había ningún letrero en la puerta. «Sabían adónde ir. Otros miembros del Congreso me han contado que su personal está diciendo que vieron a la gente entrar al edificio a través de puertas laterales», indicó Clyburn a la CBS.

Una de las mayores preocupaciones a las que se enfrenta la cúpula del Capitolio es el precedente que haya podido sentar el violento ataque a la máxima institución legislativa del país y la incertidumbre ante qué pueda pasar coincidiendo con la investidura de los demócratas.

Kentucky, uno de los estados con mayor devoción a las armas y también permisividad con su uso, se convertía este fin de semana en un nuevo escenario de tensión contenida a las puertas de su Capitolio. Un grupo de media docena de miembros de una milicia armada, vestidos con uniforme militar, se presentó frente al edificio del poder legislativo con la demanda de revertir el resultado de las elecciones a favor de Trump.

Indignados por las acusaciones de fraude en los comicios que Trump ha abanderado desde que los pronósticos le dieron por perdedor, estos «hombres del presidente» se presentaron con sus mejores armas – fusiles de asalto, pistolas y sables– a exigir, a pesar de la decisión de los votantes, que Trump siga siendo presidente por otros cuatro años. La protesta de Kentucky no ha sido un episodio aislado. A los ataques de seguidores pro-Trump en Capitolio de EE UU le han sucedido una serie de marchas por diversos estados del país, como Kansas, Michigan, Idaho y California, demandado la continuidad de Trump en la Casa Blanca.