Efectivos de la Guardia Nacional estadounidense duermen en el interior del Capitolio en Washington DC, EEUU, el pasado miércoles. Están desplegados para garantizar la seguridad del edificio el día 20
Efectivos de la Guardia Nacional estadounidense duermen en el interior del Capitolio en Washington DC, EEUU, el pasado miércoles. Están desplegados para garantizar la seguridad del edificio el día 20MICHAEL REYNOLDSEFE

¿Es posible un conflicto civil en Estados Unidos?

LA RAZÓN entrevista a Michael Pasek, director de Programas e Investigación en Beyond Conflict, sobre el clima de violencia en la primera potencia del mundo

Los acontecimientos del 6 de enero, el terrible asalto al Capitolio, fueron la escenificación de la herida abierta que existe en Estados Unidos. LA RAZÓN entrevista a Michael Pasek, director de Programas e Investigación en Beyond Conflict para conocer a fondo el clima de violencia en la primera potencia del mundo.

Pasek reconoce que aunque “la polarización y los conflictos probablemente se reduzcan cuando el presidente Donald Trump abandone la Casa Blanca, sería ingenuo pensar que un nuevo líder por sí solo será la solución”.

¿Hay riesgo de una guerra civil en EE UU como alertan algunos historiadores?

Los hechos del 6 de enero fueron aterradores pero no sorprendentes si tenemos en cuenta las violentas protestas en Charlottesville que ocurrieron poco después de la toma de posesión del presidente Trump, o el reciente complot para secuestrar a la gobernadora demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer. Estados Unidos se enfrenta a la posibilidad real de que los disturbios continúen.

Los estadounidenses deben estar en alerta máxima porque existe la posibilidad de violencia antes de la toma de posesión de Joe Biden, el 20 de enero. Esta violencia podría estar dirigida hacia líderes demócratas o hacia aquéllos que los extremistas creen que son los responsables de la destitución del presidente Trump. Sin embargo, también puede tomar la forma de más protestas que pueden llegar a ser violentas. Si bien el estado de agitación social puede parecer de naturaleza política, esta profundamente arraigado a una lucha de poder entre quienes respaldan una visión supremacista blanca y nacionalista cristiana para Estados Unidos, y quienes quieren una democracia representativa e inclusiva. Esta lucha por el poder ha sido durante mucho tiempo una fuente de conflicto en el país.

Se remonta a nuestra fundación, a la Guerra Civil en la década de 1860 y a nuestro movimiento por los Derechos Civiles en la década de 1960. Cuando se mira la historia, queda claro que la violencia política no es un fenómeno nuevo. De hecho, las milicias y turbas que irrumpieron en el Capitolio ondeando banderas confederadas y dibujando sogas en el césped del Capitolio recuerdan a las turbas que solían colgar a los afroamericanos en el sur de Estados Unidos.

¿Las milicias y los grupos civiles armados que irrumpieron en el Capitolio son un fenómeno nuevo o existían previamente pero ahora se sienten envalentonados?

La pregunta principal que se preguntan muchos investigadores no es si estas milicias y turbas han existido a lo largo de la historia de Estados Unidos, sino por qué están surgiendo ahora. La respuesta a esta pregunta se divide en tres partes.

Primero, los partidos políticos en Estados Unidos no solo se han polarizado mucho, sino que también han llegado a representar mega-identidades. Es decir, si conocemos el origen de alguien, la religión, el nivel educativo, y donde vive, podremos decir si es demócrata o republicano. Esto lleva a que nuestro discurso político asuma una mentalidad de «nosotros contra ellos», una forma de conflicto más sectario.

En segundo lugar, Estados Unidos se está convirtiendo en un país cada vez más diverso desde el punto de vista racial y religioso. Esta creciente diversidad es una amenaza para muchos estadounidenses cristianos blancos, que creen que su estatus y poder en la sociedad estadounidense está en declive. Esto lleva a que muchos estadounidenses de la derecha sientan que esta es su última oportunidad de mantener los privilegios de su grupo.

En tercer lugar, el presidente Donal Trump ha ganado poder porque ha alimentado este conflicto basado en la identidad, ha conseguido el apoyo de la base cristiana evangélica blanca que lo ve como su última oportunidad para preservar su poder; ha legitimado sus quejas; y ha normalizado o minimizado la violencia como herramienta para lograr objetivos políticos.

¿Por qué está el país tan polarizado? ¿Teme que esta fractura se agrande tras la toma de posesión de Biden el próximo miércoles?

Aunque la polarización y los conflictos probablemente se reduzcan cuando el presidente Donald Trump abandone la Casa Blanca, sería ingenuo pensar que un nuevo líder por sí solo será la solución. Por el contrario, es posible que muchos de los que apoyan a Trump se sientan aún más afligidos cuando el presidente electo, Joe Biden, asuma el poder. Quizás lo más aterrador es que muchos de los que participaron o apoyaron el asalto al Capitolio puedan ver una democracia pluralista como lo opuesto al tipo de país que quieren. En consecuencia, la inclinación al extremismo político y violencia probablemente aumentará, incluso si el presidente Biden intenta empezar una nueva era de bipartidismo.