Vuelta al Acuerdo de París, mascarilla obligatoria y parar la construcción del muro

El nuevo presidente firma 17 órdenes ejecutivas con la pandemia y la inmigración como prioridades.

Todo presidente llega al poder con una agenda a mitad de camino de las promesas y los compromisos. En el caso de Joe R. Biden Jr., 78 años, el candidato más longevo en alcanzar la presidencia de los Estados Unidos, su agenda viene dictada tanto por la necesidad de enterrar el estrépito trumpista como por las urgencias de marcar los contornos de una nueva era.

Biden comienza su mandato con una declaración de intenciones en forma de una batería de medidas, que van desde reincorporar a Estados Unidos a los Acuerdos de París contra el cambio climático y a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a suspender la construcción del muro en la frontera con México. Deja clara así su voluntad de revertir el legado de su predecesor en la Casa Blanca, Donald Trump. Nada más llegar a la Casa Blanca ya firmó tres decretos.

Crisis del Coronavirus

Quizá nada resulte más imperioso para la nueva Casa Blanca que hacer frente a la epidemia causada por SARS-CoV-2. Con una media de más 200.000 contagios y 3.225 muertos por coronavirus durante los últimos siete días, 402.000 personas han fallecido desde que la pandemia llegó al país y al menos 24,3 millones se han contagiado. El anterior gobierno había prometido administrar 20 millones de dosis de las nuevas vacunas antes del 31 de diciembre. A 18 de enero EE UU había distribuido 31 millones de dosis y había inyectado el 50%.

Biden ha insistido siempre en que Donald Trump usó la epidemia como coartada populista y parapeto ideológico, y lo cierto es que si bien la operación para financiar la investigación en busca de las vacunas ha deparado un éxito descomunal, también lo es que la administración saliente mantuvo un comportamiento excesivamente errático, peleó con los gobernadores y alcaldes y transformó las principales medidas preventivas en un episodio más de las guerras culturales. Biden ha prometido que 100 millones de estadounidenses estarán vacunados antes de 100 días. También quiere que el uso de la mascarilla sea obligatorio en todas los lugares dependientes del gobierno federal.

Lucha contra la recesión

La hecatombe económica, íntimamente relacionada con la crisis sanitaria, viene arrastrándose desde finales de marzo y terminó por sepultar las aspiraciones de Trump a la reelección. Biden quiere multiplicar el paquete de ayudas recientemente aprobado por el Congreso, que considera insuficiente. Un objetivo que parecía compartir con el propio Trump, que amagó con no firmar el acuerdo bicameral si los congresistas no acordaban antes subir el volumen del plan y la cuantía de los cheques para los ciudadanos y empresas en apuros. No fue posible, principalmente, por la oposición de su propio partido.

Más allá de la pandemia la nueva Casa Blanca quiere relanzar la economía del país multiplicando el déficit y apostando a que los intereses seguirán bajos durante el tiempo suficiente como para enjuagar parte de la deuda. Todo esto después de que el déficit federal creciera con Donald Trump de los casi 20 billones que heredó a los 27,7 que deja, mientras la tasa de paro ha subido dos puntos, hasta el 6,7% actual, y hay seis millones de americanos menos viviendo bajo el umbral de la pobreza.

Al frente del Tesoro Biden ha situado a Janet Yellen, la primera mujer en dirigir el departamento, licenciada en Brown y Yale, emérita de la Universidad de Berkeley y la primera mujer en presidir la Reserva Federal, donde sucedió a Ben Bernanke. Figura de consenso, entre 1997 y 1999 Yellen ya dirigió el Consejo de Asesores Económicos del gobierno de Bill Clinton.

Política migratoria

Joe Biden siempre ha presumido de que una de sus grandes fortalezas tiene que ver con su habilidad para tender puentes con sus rivales políticos. Tendrá que usar todo su encanto, toda su experiencia, acumulada en décadas de trabajar en Washington y toda su capacidad negociadora para sacar adelante la ambiciosa apuesta por una nueva ley de inmigración.

Biden aspira, entre otros hitos, a conceder la nacionalidad estadounidense tanto a los «dreamers», hijos de ilegales, niños y jóvenes, que no han conocido otro país, como a buena parte de los 11 millones de personas sin papeles que viven ahora mismo en EE UU. De conseguir sus objetivos Biden emulará a uno de sus predecesores, Ronald Reagan, padre de la gran reforma de 1986. El equipo de Biden también ha prometido que el presidente revertirá la orden ejecutiva que prohíbe viajar a Estados Unidos a los ciudadanos de varios países de mayoría musulmana.

Renovar alianzas

La ola aislacionista del presidente Trump debería de acabar con medidas tan contundentes como la reincorporación de EE UU al acuerdo de París contra el Cambio Climático, la renegociación del acuerdo nuclear suscrito con Irán, la vuelta a la Organización Mundial de la Salud y la mejora de las relaciones con los socios atlantistas, bastante erosionadas en estos cuatro años. Biden también heredará la turbulenta relación con China, que fue a peor tras la eclosión de la pandemia. Washington acusa al gobierno de Pekín de cometer un genocidio y crímenes contra la humanidad por su brutal represión de los uigures y otras minorías.

La situación de los derechos humanos y la democracia en Hong Kong es otro de los contenciosos entre los dos países. Sin olvidar los caballos de batalla comerciales, desde la guerra de los aranceles a las disputas sobre la propiedad intelectual. Antony Blinken, veterano de las administraciones de Bill Clinton y Barack Obama, será el nuevo secretario de Estado. Entre los planes inmediatos destaca la voluntad de renegociar los tratados de reducción de armas nucleares con Rusia. Blinken, como el propio Biden, apoyó la invasión de Irak en 2003, ha saludado como éxitos los acuerdos suscritos por Israel y varias naciones árabes y ha sido uno de sus principales asesores del nuevo presidente.