China desafía a Biden con una lista negra de funcionarios sancionados

El ex secretario de Estado Mike Pompeo y otros 27 estadounidenses no podrán entrar en China, Hong Kong y Macao, y se restringirá que sus empresas e instituciones puedan hacer negocios en el país

El secretario de Estado, Mike Pompeo
El secretario de Estado, Mike PompeoJacquelyn MartinAP

Sobre la una de la mañana del jueves en China, cuando en el otro lado del globo Joe Biden asumía su presidencia, el gigante asiático lanzaba una velada advertencia a Estados Unidos en una acción programada con osadía. Tan solo unos minutos después de que el demócrata tomara posesión de su cargo, Pekín publicaba una lista con 28 nombres de funcionarios estadounidenses a los que les prohibía pisar suelo chino y hacer negocios con el gigante asiático. Un recordatorio para Washington de que el país comunista seguirá luchando por sus intereses independientemente de quien ocupe la Casa Blanca.

Entre las figuras castigadas, todas ellas de la administración saliente, resonaban varios nombres. El secretario de Estado Mike Pompeo; los asesores de la Casa Blanca, Peter Navarro, Robert O’Brien y Matthew Pottinger; los ex asesores de Donald Trump, John Bolton y Stephen Bannon; el secretario de estado adjunto de Asia Oriental, David Stilwell; el secretario de Salud, Alex Azar; o la representante de Estados Unidos ante la ONU, Kelly Craft. A todos ellos y a sus familiares se les ha prohibido entablar relación comercial alguna con China por violar la “soberanía” del país, un asunto vital para la nación asiática.

“En los últimos años, algunos políticos anti-China en EE UU, debido a sus intereses políticos egoístas, sus prejuicios y odio contra China y sin mostrar respeto por los intereses del pueblo chino y estadounidense, han planeado, promovido y ejecutado una serie de movimientos locos”, rezaba el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores. Esas acciones, “han interferido gravemente en los asuntos internos de China, han socavado nuestros intereses, han ofendido al pueblo chino y han interrumpido gravemente las relaciones entre China y EE UU”, añadían para explicar el por qué de las sanciones.

Reacciones desde Washington

Tras conocerse la noticia, las reacciones no tardaron en llegar. “Imponer estas sanciones en el día de la investidura parece un intento de jugar con las divisiones partidistas”, señaló Emily Horne, la portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, a través de un comunicado a Reuters. “Los estadounidenses de ambos partidos deben criticar esta medida contraproducente y cínica. El presidente Biden espera trabajar con los líderes de ambos partidos para poner a Estados Unidos en posición de superar a China”, agregó.

Para Lü Xiang, experto en estudios estadounidenses en la Academia China de Ciencias Sociales de Pekín, “esta poderosa sanción es también una advertencia para los funcionarios que quieren ser el próximo Pompeo”. Según declaró al diario estatal “Global Times”, en la política estadounidense los políticos que dejan el cargo son empleados en empresas del sector privado, institutos financieros y grupos de expertos que inevitablemente desarrollan vínculos con China.

Por ello, estas medidas llevan implícito un doble castigo, ya que interfieren en su carrera profesional y ya no pueden beneficiarse del desarrollo de la relación entre ambas naciones. De hecho, esta no es la primera vez que Pekín sanciona a figuras estadounidenses. El verano pasado hizo lo propio con los senadores republicanos Marco Rubio y Ted Cruz por sus supuestos intentos de injerencia en los asuntos internos de China.

Sin embargo, los hubo quienes se lo tomaron con ironía. Entre ellos, John Bolton, que tiró de sarcasmo en su cuenta de Twitter al escribir que el “Gobierno comunista chino” había elegido una “buena noticia” para un día tan señalado. “Acepto este prestigioso reconocimiento a mis incansables esfuerzos por defender la libertad estadounidense”, añadió.

Ahora queda por ver si la advertencia de Pekín hace mella en la nueva Administración que, según algunos expertos, se espera que apueste por el multilateralismo frente al proteccionismo de Trump, que no escatime esfuerzos para competir a nivel comercial con Pekín y trabaje con los aliados colaborando con las instituciones internacionales con el fin de mantener una posición fuerte y frenar el avance de un país decidido a defender su soberanía nacional, la seguridad y sus intereses para seguir desarrollándose. Por eso, aunque las relaciones con China estén quizás en su peor momento desde que se establecieran en 1979, los analistas afirman que los dos países tienen muchas razones para cambiar de rumbo y establecer una nueva dirección que les permita a ambos beneficiarse.